La violencia sobre las mujeres adopta formas muy diferentes y no necesariamente exige que el que la ejerce y su víctima tengan o hayan tenido una relación sentimental. Así se desprende del escrito de acusación formulado por la Fiscalía de Pontevedra en relación con el feminicidio de la joven Jessica Méndez, presuntamente asesinada por José Eirín, un hombre que llevaba años acosándola y empotró su coche contra el de ella en Porráns, Barro.
El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Caldas de Reis ha cerrado la instrucción de la causa abierta en marzo de 2022 y el fiscal ha presentado un escrito de acusación en el que es contundente a la hora de afirmar que ella es víctima de violencia de género a pesar de que no había relación previa entre ambos.
La Fiscalía ya presentó hace meses, en la primavera, el escrito de acusación, en el que considera que el único acusado en esta causa, José Eirín, vecino de la vivienda familiar de la víctima, es autor de un delito de asesinato con alevosía en el que concurre, como circunstancia agravante, haberlo cometido "por motivos o razones de género".
La agravante de género era una de las cuestiones sobre las que clamaba el entorno de Jessica desde el principio, pues el acusado y la víctima nunca habían sido pareja, pero él llevaba años acosándola para que mantuviesen una relación sentimental.
El fiscal no le acusa por ningún delito de acoso, al no poderse aportar pruebas concluyentes de ese delito, pero sí tiene en cuenta esa situación de acoso previa. "La forma violenta de proceder del investigado se debió a la circunstancia de que durante varios años nunca obtuvo una respuesta de la fallecida a las pretensiones sentimentales o afectivas que albergaba", sostiene el escrito de acusación.
De esta forma, ella fue víctima de un delito en el ámbito de la violencia de género, pues "la postura de indiferencia o de invisibilidad del investigado para la fallecida no era una conducta esperable del género femenino para la mentalidad del investigado".
Según el fiscal, él actuó así sobre la fallecida "por la indignación o el odio que le generó su silencio o su desprecio durante un período de tiempo tan prolongado".
Las partes ya han formulado sus acusaciones y el caso llegará a juicio en la Audiencia Provincial de Pontevedra, pero todavía no hay fecha porque están pendientes de un último trámite judicial indispensable, la vista preliminar. Luego, se fijará el juicio, previsiblemente, antes de marzo de 2024, cuando se cumplirán los dos años de los hechos y del ingreso en prisión del acusado. En caso de celebrarse más tarde, deberá prorrogarse su situación de encarcelamiento.
Aunque ya llegó a fijarse dos veces, el 31 de julio y el 15 de septiembre, tuvo que suspenderse en ambas ocasiones por motivos de salud de un abogado y ha vuelto a fijarse para octubre.
El fiscal, Alejandro Pazos, pide para el acusado 24 años de prisión y que se le imponga la pena de alejamiento o de prohibición de aproximación a los familiares de la víctima -sus padres y hermanos- y al compañero sentimental de ella en el momento del asesinato. No podrá acercarse a su domicilio, a su lugar de trabajo o a cualquier lugar en el que se encuentren a una distancia inferior a 1.000 metros y tampoco comunicarse con ellos por cualquier medio, ya sea verbal, escrito, postal, telefónico, telegráfico, telemático o informático durante 10 años.
El escrito de la Fiscalía también incluye una petición de indemnización para los allegados de su víctima que ronda los 400.000 euros, 128.350,196 para su pareja, 99.827,76 para cada uno de sus padres y 28.522,28 euros para cada uno de sus dos hermanos.
El relato de hechos de la Fiscalía sostiene que el 17 de marzo de 2022, sobre las 9.25 horas, el acusado condujo su vehículo Seat Toledo por la carretera nacional N-550 y, en Porráns, observó que Jessica se hallaba esperando en un cruce para incorporarse a la vía principal.
En ese momento, "con el ánimo de acabar con la vida de la conductora" puso su coche a una velocidad aproximada de 80 y pocos kilómetros por hora e impactó con su vehículo con la parte central del lateral izquierdo del vehículo de ella, que estaba parado. Justo impactó con la zona en la que se hallaba ella y, según el fiscal, lo hizo "a sabiendas" de que este tipo de colisión "puede ocasionar la muerte del conductor-a".
El fiscal sostiene que "el investigado aseguró así la ejecución de su propósito de matar" a Jessica "sin darle ninguna posibilidad de reacción o de defensa". Como consecuencia del impacto, la mujer sufrió heridas mortales que la dejaron en coma durante unas horas hasta su fallecimiento a las 10:00 horas del día siguiente, 18 de marzo.