La familia que soñaba con una casa de madera y acabó estafada

Pontevedra
10 de noviembre 2016

Una pareja de Tomeza relata su historia. Siempre habían soñado con vivir en una casa de madera y en 2013 firmaron un contrato que se llevaba los ahorros de toda su vida, pero les permitiría tener la vivienda. Pagaron 73.000 euros, pero insisten en que la otra parte, J.M.M.R., lo máximo que llegó a construir es la estructura de un bajo y una placa. El tema está pendiente de juicio

María de los Ángeles R.P. sobre la cementación de la que debería ser su casa en Tomeza Mónica Patxot

La de María de los Ángeles R.P. y su marido es la historia de una ilusión y de cómo se ha visto truncada. Desde siempre habían soñado con vivir en una casa de madera y en enero de 2013, cuando vivían de alquiler en una en Combarro (Poio), dieron un paso adelante y firmaron un contrato que se llevaba los ahorros de toda su vida, pero, a cambio, les permitiría hacer realidad sus deseos. Ellos aseguran que cumplieron su parte y pagaron 73.000 euros, pero insisten en que la otra parte, J.M.M.R., lo máximo que llegó a construir es la estructura de un bajo y una placa. 

El caso está en manos de la justicia y tiene pendiente un juicio en la Audiencia Provincial de Pontevedra en el que J.M.M.R., gerente de la mercantil de Viascón (Cotobade) RFO S.L., se enfrenta a una acusación de estafa continuada y a una pena de siete años de prisión y una multa de 372.240 euros.

El juicio ya se ha suspendido dos veces por la ausencia de los distintos abogados del acusado, la última este pasado martes 8 de noviembre. Finalmente, se celebrará el próximo 17 de enero de 2017 y ahí se dirimirá exactamente lo ocurrido con esta casa y la de otra pareja de Campo Lameiro, pero lo que es una evidencia es que en el terreno de Lusquiños, en la parroquia pontevedresa de Tomeza, en el que desde hace tres años y medio debía estar instalada una casa prefabricada de madera de 125 metros cuadrados no hay rastro de esa construcción.

El fiscal acusa a J.M.M.R. por estafar 73.000 a Ángeles y su marido y 20.000 a otra familia de Campo Lameiro que se dio cuenta de que la persona a la que habían contratado su casa les estaba defraudando antes de darle todo el dinero, pero esta vecina de Tomeza asegura que hay más casos de personas presuntamente perjudicadas por este "chourizo profesional" que no han llegado a denunciar y otras que son potenciales víctimas porque él sigue ofreciendo sus servicios. Por eso se ha decidido a contar su historia a PontevedraViva, para "que non siga facendo dano por aí, que non estafe a ninguén máis".

"Agora o que necesitamos é pasar páxina con este tema", reconoce, pero le resulta complicado obviar los últimos tres años y medio de su vida. Firmaron el contrato en enero de 2013 con el compromiso de que se la entregarían en tres meses excepto si no lo permitía las condiciones meteorológicas, pero los meses fueron pasando y todo seguían siendo promesas sin avances. Las obras sí empezaron, el ahora acusado les pidió un adelanto y ellos, al ver qué sí estaba trabajando, le hicieron un total de cinco pagos y les abonaron todo el dinero acordado, pero ahí se quedó la cosa. 

En todo este tiempo nunca llegó a decirles que no tendrían su casa, sino que él les aseguraba siempre que sí y, cuando le presionaban un poco, les decía que "nun mes e medio ou dous estaba". Incluso en marzo de ese año le plantearon que tenían que matricular a sus hijos en el colegio para el curso siguiente y necesitaban saber si para entonces podrían estar ya viviendo en Tomeza y él "asegurou que si, que por suposto, que a duda ofende". 

Llegó septiembre, el colegio empezó y no había casa. Pero Ángeles, su marido y sus hijos, que ahora tienen 6 y 8 años, sí se mudaron a Tomeza, pero porque tuvieron que volver a la casa de los padres de ella. Renunciar a su independencia y regresar a la casa materna fue duro, pero mucho más ir escuchando excusa tras tras excusa. Culpaba a los proveedores, llegó a hablar de un incendio en la fábrica y les habló de imprevistos administrativos, todo para evitar reconocer que su casa no sería una realidad. 

"É fatal que xoguen así contigo porque eses cartos son os aforros de toda unha vida", recuerda Ángeles, que ahora se pregunta "como puidemos confiar nunha persoa así" y pagar 73.000 euros al ahora acusado. Pero es que "en ningún momento desconfiamos desa persoa", les inspiraba confianza y lo más duro fue darse cuenta de que "desde o minuto cero non tiña pensado facernos a casa, póste a pensalo e doe un montón".

Ahora ya no confían en recuperar su dinero, pues el acusado se ha declarado insolvente, pero siguen manteniendo la ilusión de construir una casa de madera. Es un sueño que no sabe de dónde les viene, imagina que de cuando en la televisión se quedaban prendados de la casa de la serie de dibujos animados de Heidi, pero sí tiene claro que quiere que se haga realidad. Y, además, tienen la convicción de "levantar a cabeza e ir tirando para adiante".