Entre la espada y la pared. La espada que amenaza con una estocada de muerte si mantienen sus puertas cerradas y la pared contra la que los acorralan un buen número de clientes irresponsables e insolidarios, así como la Administración con una férrea vigilancia normativa y policial.
"Es un caos y un despropósito. Sentimos una presión, acoso y exposición inmerecidos por parte de la Policía Local, Nacional, Autonómica, de Sanidad y de Trabajo. No vienen a ayudarnos, vienen a controlarnos. Y nosotros somos una víctima más de la pandemia". Es el sentir general de los hosteleros pontevedreses resumido en una frase por la directiva de Hoempo
Nueve días han transcurrido desde que el Gobierno autorizó, de forma limitada, la apertura de terrazas de la hostelería. Desde entonces en Pontevedra se acumulan las multas, los avisos, los cierres prematuros, las montoneras de clientes sedientos, el estrés y más de una crisis de ansiedad. "La administración nos pide que seamos también policías", critican desde la patronal de hosteleros de la capital.
"Estamos pscológicamente agotados de discutir con la gente para que cumplan las normas. Cierro a las 21 horas porque no quiero que la gente se tome una cerveza de más porque no hay quien los domine. El desorden me puede costar mucho dinero y mantener el orden no es cosa de los camareros", se queja la dueña de una taberna del entorno de la plaza de toros.
La primera sanción de la desescalada en la hostelería se impuso en una tapería de la calle Virgen del Camino por exceder el aforo permitido. "Se me fue de las manos", admite el empresario, que justifica su actuación en la necesidad de recuperar la actividad después de dos meses cerrado y en dar servicio a una clientela fiel. La policía llegó y, sin darle tiempo a corregir la situación y "de muy malas maneras", le comunicaron que iba a ser sancionado, denuncia el hostelero, que después de este episodio permaneció cuatro días cerrado.
Al volver a abrir volvió a recibir la visita de las autoridades que le exigían la presentación de un justificante del año anterior del que carecía al tratarse de una calle recién reformada y habilitada hace pocos meses para la colocación de veladores, que le obligó a perder otra jornada de actividad para conseguir el perceptivo informe municipal.
No es el único encontronazo con la política urbanística. En el local cercano a la plaza de toros tuvo que acudir un técnico municipal, a petición de la dueña, a certificar que sus barriles, sin sillas, son legales para evitar recibir una multa por servir a sus clientes en ellas. "Tuve que cerrar y echar a la gente por estar de pie. Es tal el caos que es insufrible", protesta angustiada.
El comportamiento de algunos clientes tampoco contribuye a crear un clima agradable. "Hay una parte de la clientela que no comprende que la responsabilidad recae en los hosteleros. Tener a más de cuatro personas en una mesa es motivo de sanción", remarcan con indignación en Hoempo.
El poco cuidado y solidaridad mostrado por algunos clientes llevaron a algunos hosteleros a establecer medidas tan extraordinarias como originales. Es el caso del local sancionado en la calle Virgen del Camino que, para conseguir que toda su clientela pueda tomarse una bebida en alguna de sus cuatro mesas, estableció un sistema voluntario de rotación de clientes.
Para un café proponen un plazo de 30 minutos, para refrescos, 45 minutos; y para comer, 60. "Algunos clientes se pasan toda la tarde con dos coca-colas y yo tengo tres empleados a los que pagar", declara el propietario sobre una medida que por ahora ha sido bien acogida por su clientela.
Aunque el comportamiento de la mayoría de los consumidores es ejemplar, no siempre ocurre así. En la medianoche del primer sábado de desescalada se produjo una pelea multitudinaria entre clientes en la terraza de la parte posterior de la Peregrina que obligó a los hosteleros a recoger sus mesas de forma prematura para evitar problemas.
No apareció ningún agente de policía para controlar la situación, sí que lo habían hecho el día anterior para recordar que la hora de cierre se acercaba. "Nos han dicho que podemos estar abiertos en el mismo horario de siempre, hasta la 1.30 que es cuando tenemos que recoger las terrazas", explica la dueña de un local de la zona vieja, aunque muchos deciden cerrar antes "para evitar problemas", dicen.
También acudieron durante la primera semana de la desescalada a la Praza da Verdura antes de la medianoche para hacer callar a dos grupos de jóvenes amigas que disfrutaban del reencuentro después de dos meses de confinamiento entre copas, risas y música. Aunque divertirse no está prohibido. Ni tampoco ir al aseo y eso que se lo negaron a una clienta que necesitaba ir al baño en un momento en el que los agentes de la Policía Local visitaban un bar. "Yo no puedo decidir lo que es una urgencia y lo que no, así que los dejo pasar. Tengo desinfectante", explica otro hostalero del casco viejo.
"De la hostelería en Pontevedra dependen 15.000 puestos de trabajo indirectos y 1.300 directos, pero tenemos al Concello menos respetuoso de toda España, que ni siquiera nos ha respondido a nuestras demandas", denuncian desde Hoempo, que ven como las empresas si dirigen irremediablemente hacia la quiebra. "El sector primaria está sufriendo, buena parte de su negocio dependía de las ventas a la hostelería", añaden.
No se olvidan tampoco desde la asociación de un subsector muy afectado por esta crisis. "El ocio nocturno es el más golpeado, para ellos no hay legislación, no saben cuando van a abrir y siguen pagando el alquiler porque muchos caseros ni siquiera lo perdonan", denuncian directivos de esta asociación.
Por fortuna, no todo es oscuridad. Empresarios, Universidad y el departamento de Promoción Económica que dirige la socialista Yoya Blanco ultiman el lanzamiento de una herramienta en la que el sector tiene depositadas muchas esperanzas. Se trata de una aplicación que creará un marketplace en el que el comercio y la hostelería local ofrecerá sus productos a los pontevedreses.
"Existe un clima de necesidad para las pymes de estar en el mundo virtual y también por parte de la ciudadanía de apoyar a sus vecinos. Ahora existe ese caldo de cultivo", sostienen en búsqueda de una vital bocanada de oxígeno y optimismo los hosteleros.