El edificio de los juzgados de Vilagarcía de Arousa acogerá el próximo sábado 18 de abril, a las 12.00 horas, un acto público de homenaje al juez Luis Pando Rivero, con una ceremonia en la que se descubrirá una placa conmemorativa en su memoria.
Pando Rivero ejerció como titular de la administración de justicia en la localidad durante la Segunda República y fue ejecutado en diciembre de 1936 tras sufrir la represión franquista, debido a su fidelidad a la legalidad democrática vigente en aquel momento.
El evento contará con la presencia de representantes institucionales de diferentes ámbitos, además de miembros de la carrera judicial, familiares del homenajeado e integrantes de colectivos memorialistas.
La convocatoria pretende convertirse en un espacio de reconocimiento institucional y también en un momento de reflexión alrededor de la memoria democrática y del compromiso cívico.
La instalación de la placa fue autorizada por la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia en un acuerdo adoptado el pasado 12 de diciembre de 2025.
La iniciativa partió de las asociaciones Iniciativa Cidadá pola Memoria Histórica de Vilagarcía y O Faiado da Memoria, dos entidades con una amplia trayectoria en el trabajo de recuperación de la memoria histórica. Durante los últimos años, estas organizaciones han impulsado diversas acciones de investigación, divulgación y homenaje, contribuyendo a visibilizar episodios y protagonistas silenciados de la historia local.
Luis Pando Rivero ocupó el cargo de juez en Vilagarcía entre 1932 y 1936 y es recordado como un ejemplo de integridad y compromiso con la justicia.
Tras el golpe militar de julio de 1936, mantuvo su lealtad a la Constitución republicana, una decisión que derivó en su detención, destitución y posterior sometimiento a un consejo de guerra sin garantías. El proceso remató con su ejecución el 4 de diciembre de ese mismo año.
El homenaje del 18 de abril busca no sólo recuperar su figura, sino también reivindicar los valores que representó. La colocación de la placa en el propio edificio judicial donde hoy se ejerce la justicia tiene un fuerte valor simbólico, al ligar su memoria con el espacio institucional.
El acto se presenta así como una llamada a la defensa de los principios democráticos, de la legalidad constitucional y de los derechos humanos, recordando el coste personal que, en determinados momentos de la historia, supuso su defensa.