El calendario festivo volvió a desplegar este Lunes de Pascua dos de sus citas más singulares, donde tradición, devoción y ambiente popular se entrelazan con naturalidad: la romería de San Cibrán, en la parroquia pontevedresa de Tomeza, y la multitudinaria Romería das Cabezas, en la parroquia meisina de Armenteira.
San Cibrán o San Cipriano es un santo gallego con gran tradición mística, conocido como el abogado contra el reuma, el mal de ojo y los hechizos o 'meigallos'.
El buen tiempo y la ausencia de actividad escolar favoreció la afluencia de gente y desde primeras horas, el entorno de la capilla fue cobrando vida, con visitantes que llegaron tanto en coche como a pie, muchos de ellos siguiendo la tradición de ascender caminando por el monte.
Según la tradición cristiana, San Cibrán fue algo más que un religioso. Se le atribuyen conocimientos vinculados a la hechicería "benigna", lo que le valió la fama de protector frente a males invisibles. Su leyenda quedó ligada al llamado ciprianillo, un libro mítico de conjuros que alimentó durante generaciones su imagen de sanador capaz de combatir el "meigallo". No es extraño, por tanto, que aún hoy muchos acudan a él en busca de alivio espiritual.
En Tomeza, el ritual más emblemático se desarrolla alrededor de la ermita. Allí los asistentes la rodean en nueve ocasiones mientras lanzan pequeñas piedras por encima del tejado. El gesto, cargado de simbolismo, forma parte de una petición de protección o de un deseo personal. A ello se suma otra práctica habitual, pasar en tres ocasiones por debajo de la imagen del santo cuando está subido al anda, así como la bendición de ramos que después se emplean en rituales domésticos de "limpieza".
Entre los romeros que este lunes acudieron hasta Tomeza estaba buena parte de la corporación municipal, incluído el alcalde. Aunque la romería conserva su esencia, muchos recuerdan tiempos de mayor afluencia, cuando incluso era festivo local en Pontevedra y las caminatas hacia la capilla formaban largas filas de peregrinos. Hoy, algunas voces reclaman recuperar ese impulso para devolverle el esplendor de antaño.

Muy distinta en escala, pero igualmente cargada de simbolismo, es la Romería da Virxe das Cabezas, que volvió a confirmar su enorme tirón popular en la comarca de O Salnés.
Desde primera hora, un flujo constante de personas se acercó hasta las inmediaciones del monasterio de Armenteira, muchas de ellas tras completar el recorrido a pie desde localidades cercanas, una costumbre especialmente seguida entre los más jóvenes.
El momento central llegó al mediodía, con la misa solemne y la posterior procesión. Sin embargo, si hay una imagen que define esta romería es la de los exvotos en forma de cabezas de cera, ofrecidos a la Virgen como muestra de fe o agradecimiento. A esta advocación se le atribuyen propiedades curativas relacionadas con dolencias de cabeza, lo que explica la singularidad de estas ofrendas.
Como en toda romería gallega, la celebración combina lo espiritual con lo festivo. En los alrededores del monasterio no faltaron las comidas campestres, los puestos de productos tradicionales, ni la música que animó la jornada. Incluso hubo quienes optaron por prolongar la experiencia acampando en la zona durante el fin de semana.
Ambas romerías, cada una con su identidad propia, evidencian la vigencia de unas tradiciones que siguen reuniendo a vecinos y visitantes en torno a la fe, la cultura popular y el placer de compartir al aire libre.