La Semana Santa en Pontevedra sigue siendo sinónimo de azúcar, tradición y escaparates llenos de color, pero detrás de cada rosca y cada huevo de chocolate hay un largo proceso de trabajo y originalidad. Las confiterías y panaderías más emblemáticas de la ciudad ya comenzaron a recibir grandes colas este Lunes Santo, en las que conviven recetas de hace décadas.
Tras visitar los establecimientos Capri, Solla y Acuña, todos coinciden en que la tradición sigue viva, pero se está perdiendo a medida que pasan los años.
En Capri, Menchu Collado, la encargada del local, lo resume con naturalidad: "en esta fecha, sobre todo los huevos, los bizcochos y las roscas". Son los clásicos que nunca fallan, los que siguen decorando los locales cada Semana Santa.
Sin embargo, "antes se vendía más rosca y de tamaños mayores. Ahora la gente cada vez tiende a tamaños más pequeños y a acompañarlo con chocolate", explica. Además, comenta que debido al cambio en el estilo de vida, actualmente "los niños tienen de todo todos los días".

En la Confitería Solla también han notado esta reducción de la demanda, aunque todavía se encuentra en altos niveles.
Mayka Solla, la propietaria del comercio, señala que la rosca sigue siendo el producto más característico, pero ya no se compra sola: "los huevos a veces los llevan acompañando una rosca".

No obstante, si hay algo que ha cambiado con respecto al pasado es quién toma las decisiones de compra. "Hay niños que son los que dictan lo que se compra", aclara Mayka Solla, pues cada vez se piden formas más concretas y personalizadas: "ayer vendí un mando de la Play y hoy me vinieron preguntando por un Pokémon".
Las figuras de chocolate han pasado de ser conejos y otros animales a reflejar personajes animados de la actualidad, adaptándose a las demandas de los más jóvenes.

Mientras tanto, en Acuña, Andrés Acuña afirma que su forma de trabajo apenas ha cambiado, "las recetas son las tradicionales de toda la vida: harina, huevo, manteca, azucar, limón y naranja". De esta forma, recalca que el aspecto diferenciador de su producto es que "por cada kilo de harina le ponemos doce huevos, y no lleva nada de agua".
Por otro lado, el proceso de elaboración es largo y complejo: "empezamos a las doce de la noche con la masa, después tenemos que continuar a las dos o tres de la mañana… y cuando sale una rosca son las seis o siete", describe. En total, "cinco o seis horas" de trabajo continuado para cada hornada. Una rutina que se repite día tras día durante las fiestas.

Los números de roscas cocinadas durante toda la semana son muy elevados. En Solla y Capri cuentan con unos 500 y 600 kilos, respectivamente. En cambio, debido a la gran cantidad de Acuñas en la ciudad, han llegado a vender 5.000 roscas en años anteriores, estimando las mismas ventas para 2026.
Estas cantidades confirman la importancia de estas fechas para los comercios locales. En la Confitería Capri reconocen que es una de las épocas más intensas del año: "Mucha venta, mucho trabajo y mucha satisfacción".
A pesar de todo, detrás de esta actividad, todos comparten una preocupación: el aumento de los costes de ingredientes básicos, especialmente el chocolate y los huevos.

Ante esta situación, las panaderías y confiterías deben decidir entre mantener la clientela y no tener muchas pérdidas. Sin embargo, la mayoría coinciden en estrategia, sin incrementar los precios.
"Este año no los he subido… la gente no acepta que la rosca pueda costar tanto", afirma Mayka Solla que mantiene el kilo a 24 euros, mientras que en Acuña continúa en 23 euros y en Capri aumenta a 26 euros.
Todas sostienen que lo más importante es la planificación, por eso prefieren que los clientes encarguen las roscas, con el fin de no desperdiciar producto y calcular las unidades necesarias: "solemos pecar de quedarnos sin mercancía, pero lo preferimos", anota Menchu Collado.

En Solla buscan ajustar la producción para conseguir el resultado más fresco posible, "si no encargas, te arriesgas a que no haya".
Con respecto a la pérdida de tradición, Andrés, desde Acuña explica que los huevos son "un dulce típico de los padrinos, de toda la vida", pero ahora, además de haber cada vez menos padrinos, estos optan por otros regalos más aceptados como ropa o dinero.
Aun así, la Semana Santa sigue teniendo algo especial. Mayka Solla aprovecha la gran afluencia de clientes para poner a prueba nuevos productos, que después eliminará para ver si la gente los pide. Además, "la tienda está súper bonita y está llena, vienen niños, gente de fuera…", comenta con cariño.

Por otro lado, el buen tiempo podría ayudar a alcanzar un mayor rendimiento, gracias al turismo y el ambiente.
En definitiva, si hay algo que queda claro tras escuchar a Capri, Solla y Acuña es que la tradición no desaparece, sino que cambia y se adapta, mientras que los clientes continúan llenando los locales.

Roscas en el escaparate de la confitería Capri

20260330 Quinteiro capri 02

Confitería Capri

Confitería Capri

Clientes esperando en la confitería Solla

Cesta de huevos en el escaparate de la confitería Solla

Confitería Solla

Confitería Solla

Panadería Acuña

Roscas en el escaparate de la confitería Capri

20260330 Quinteiro capri 02

Confitería Capri

Confitería Capri

Clientes esperando en la confitería Solla

Cesta de huevos en el escaparate de la confitería Solla

Confitería Solla

Confitería Solla

Panadería Acuña