Hace unos días oí, a través de un comentario radiofónico, a un excelente escritor español hacer referencia a una lectura que se había encontrado en la que se mencionaba la vida de los peces en el agua. Los peces no conocen el medio en que viven y no se plantean transformarlo. Lo aceptan inevitablemente. Y lo comparaba con la vida de las personas ahora. Seríamos como esos peces.
Me gustó mucho la comparación. El agua sería el sistema ultra- capitalista en el que estamos inmersos y, además, poco a poco nos planteamos menos la posibilidad de cambiarlo. Han conseguido anular nuestra capacidad de poner en cuestión – y luego transformar- el medio en que flotamos, buceamos, buscamos comida etc. Nuestro río, hace algún tiempo por lo menos, era mejor y nuestra capacidad intelectual superior a la de las truchas. Ha sido igual, tenemos muy difícil la posibilidad de cuestionar cosas esenciales: estilo de vida, publicidad, medios de comunicación, mundo de la imagen. Lo que llamamos cultura.
Hace ya más de quince años caí por casualidad en uno de los blogs que por entonces se ofrecían en el "El País", un día coloqué un comentario en el que difería acerca de la opinión del periodista y me fui haciendo dependiente de ese blog y de algunos más. La mayoría excelentes profesionales. Conocí, entre algunos de los que participábamos asiduamente, a gente de la que aprendí muchas cosas y se me pegó la capacidad de intervenir, de opinar. Hice una selección de mis comentarios y los publiqué. Ahora, si los repaso, veo que he cambiado algunas opiniones sobre aspectos importantes. Pero me sirven de referencia para comprobar – en poco tiempo- cuánto ha cambiado nuestra sociedad en actitudes, hábitos e incluso en utilización del lenguaje.
Esta mañana en la frutería una señora ha pedido unas peras que no estuvieran verdes pero tampoco "megamaduras" y me ha vuelto a saltar una especie de resorte interno que me lastima cuando oigo, o veo, algunas cosas. Por ejemplo: cómo determinadas palabras han asaltado y copado, en poco tiempo, múltiples acepciones. Sería el caso de "arrancar", ya casi nadie usa empezar, comenzar, iniciar… Y es curioso porque la RAE, antes de esa acepción utiliza: sacar de raíz, separar con violencia, poner en funcionamiento un vehículo, obtener con astucia, esfuerzo, etc. Pero también "genial" (antes sólo lo era gente tipo Einstein) ahora todo lo que está bien o nos gusta es genial. O "brutal", hay hasta "goles brutales".
Una pretendida originalidad (por eso me he acordado de "mis blogs", en uno de ellos lo comentaba) hace que con determinados "montajes" sea más difícil ver una exposición. Recuerdo una de arquitectura en la que ese montaje basado en un conjunto espectacular (este adjetivo, utilizadísimo también, sería cuestión de analizar, puede ser espectacular tanto una modelo como una paella) de cabinas telefónicas en las que se entraba con dificultad hacía casi imposible leer la información. O los carteles en una exposición sobre Tamara de Lempicka que, colocados tan bajos, obligaba a reiteradas flexiones de espalda. En otros casos he llegado a ver en un restaurante "fisno", como el aseo de caballeros tenía fuera un tornillo y el de las señoras una tuerca.
Naturalmente que las costumbres y la utilización de los lenguajes han variado a lo largo del tiempo. Pero no siempre para mejor y ahora la sociedad en que vivimos lo hace con mucha más rapidez. Ha desaparecido la muerte de las calles y no quiero reivindicar al "viático", ni siquiera la exposición abierta de los ataúdes para que el muerto fuera expuesto por último vez a familiares y amigos. Pero a mí me hicieron de niño darle un beso a mi abuelo muerto. Todavía lo recuerdo y me produce satisfacción y emoción. Sé de casos en que los niños besan emocionados al gatito muerto, a los abuelos no los ven.
Personalmente, muchos años más tarde, a través del cadáver de mi abuelo, y de un espejo que tenía enfrente, entendí a Borges.
Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso nos alarman.
Pero de los aspectos crecientes de preocupación por la estética, quizás sea mejor hacerse eco otro día, para no alargarse demasiado.
Cambios en hábitos y lenguajes
25
de junio
2025