La "ilusión" de la Deuda Pública
la definen los economistas como una anticipación incorrecta e imperfecta (en realidad, subestimación) por parte de individuos / contribuyentes de las cuotas tributarias a satisfacer por impuestos futuros que entraña una emisión de Deuda Pública. En nuestra sociedad estamos aún en el primer peldaño de conocimiento puesto que, en general, no parece existir conciencia de la Deuda ni de las estimaciones sobre el inapelable incremento impositivo, ni tampoco de los ingentes costes en forma de intereses anuales que han de satisfacerse desde el primer vencimiento.
La creación, mantenimiento, incremento, renovación y nunca cancelación de la Deuda es un proceso de los más opacos dentro de nuestra sociedad, opacidad en relación con los votantes -tratados como ganado intelectual- a los que se les birla una y otra vez el extraordinario problema de los costes de financiación del gasto y del déficit público aparejado que se trasladan a la nube del futuro, el lugar de Nunca Jamás, opacidad que se plasma en la vía impositiva anual en la que el ciudadano desconoce en cuánto se ha incrementado su pago fiscal por causa directa de los incrementos de Deuda. Además, se recoge muy escuetamente la variación anual de la Deuda y el pago de intereses: podemos imaginarnos en una situación de máximo respeto a la ciudadanía con el Gobierno presentando a los ciudadanos un mapa o escalado con el incremento de impuestos a lo largo de las décadas en que van a permanecer vivas y coleando las nuevas emisiones de Deuda. Como ya sabemos, en nuestra realidad gobernante ni se presenta ni se hace referencia alguna al futuro para no despertar a los durmientes. Por otra parte, no se le espera ni hay propuesta alguna pero sería una perfecta consideración de los contribuyentes como verdaderos protagonistas del Estado: votar en el Congreso la obligación de todos los presupuestos de cualquier administración pública de presentar el análisis del gasto por cobertura de ingresos, de tal manera que los ciudadanos tengamos a la vista a partir de qué partida la administración pública no tiene dinero para pagar e incurre en Déficit, el importe que a final de ejercicio vuelca de inmediato en la Deuda.
Todo lo concerniente al Déficit, a la Deuda Pública y a los intereses de la Deuda Pública goza de opacidad manifiesta y a lo único que podemos aspirar los ciudadanos es a la información residual y mínima de un montante anual y un porcentaje sobre el PIB, quedando en la más completa de las oscuridades todas las partidas presupuestarias y extrapresupuestarias que se financian con Déficit>Deuda. Además, la obtención de esta información residual, dispersa, no está absoluta y radicalmente precisa, ubicada, descrita y con los números con la continuidad necesaria año tras año. ¿Por qué no hay un instrumento legal que acerque a los contribuyentes toda la información relativa al déficit, la Deuda y los intereses de la Deuda que tanta importancia tienen en la estabilidad de la Nación? Porque el Gasto Público es opaco.
El voraz apetito de la Deuda se alimenta sobre todo del ineficaz gasto político y no de las inversiones públicas ni cosa por el estilo. El Presupuesto del Estado consolidado actual mantiene como todos estos años una reducida partida de Inversiones: 13.507 millones de euros. Con esto no se construye la morea de la Deuda. El ineficaz gasto no facilita la única solución posible: empleo, de una punta a otra de la nación, el empleo supone que el ciudadano que cobra su sueldo de una empresa no tiene relación directa con el poder político. Quien mantiene relación con la ideología del poder es el gasto político, que viene de meter sus manos hasta el corvejón en la actividad privada ralentizando la operativa económica, incrementando costes, dificultando el desarrollo cuando no impidiéndolo directamente, y así, el gasto político, en lugar de apartar su intervencionismo de la economía a la que inunda de costes, lo único que aporta son subvenciones, paguitas, sopas mínimas. Solución inoperativa, ineficaz, antieconómica y tercermundista, pero es la medida que le viene al pelo a un poder político que no sabe crear riqueza, pero sí sabe desplegar su control sobre la ciudadanía, volcado como está en conservar el poder. El que recibe la paga mantiene su mal vivir de forma agradecida y compra cualquier discurso ideológico. ¿El año que viene? Más subvenciones: dependencia del Estado, es decir, dependencia del Poder, es decir, dependencia de una opción política populista que necesita volver a extraer y malgastar rentas de quien las produce: trabajadores y empresas. Otra parte fundamental del gasto político es el riego a discreción a los afines, esas asociaciones, grupos, comités y demás lamelibranquios que viven del gobierno. Y el gobierno de ellos, naturalmente, porque le dotan de supuestos argumentos morales ante una ciudadanía desinformada, subvencionando la ideología progre en formatos como arte, cultura popular, sociedad, ideícas y mentalidades. Cien mil millones de euros en toda la nación los avalan.
Desde la crisis del 2008 el gasto público se ha estructurado o subdividido: una primera parte que hace frente a los gastos propios del Estado -pago a funcionarios, inversiones públicas y protección social- que se financia por doble vía, una, a través del total de los ingresos por tributación global; y el otro tipo de financiación es la apelación a la Deuda, digamos que cumpliendo el viejo porcentaje del criterio Maastricht del 65%. La segunda parte en la que se ha subdividido el gasto público es el gasto político: pura Deuda, no queda ya rastro alguno de ingreso público. Una vez que hemos agotado los ingresos totales de la administración pública y que hemos requerido de la Deuda para completar la gestión gubernamental, nuevas partidas de gasto elevan la situación: hacen saltar el déficit previsto a nuevas alturas de tal manera que donde dije digo, digo Diego y sobre el océano de la Deuda desembocan las cañerías del Déficit intentando que hagan el menor ruido posible: se tiende a no citar en demasía el billón setecientos mil millones de euros y en su lugar se hace referencia al porcentaje sobre PIB, presentación telediaria que esconde muchísimo más, no tiene efectos recordatorios y los votantes ni nos enteramos de lo que lleva dentro. De la Deuda, el contribuyente no tiene conciencia ni problema alguno de cuándo se pagará, qué cantidad final vamos a pagar, cómo la vamos a pagar y quiénes la van a pagar.
La "ilusión" del beneficio de la Deuda.
Gracias al gasto público (o sea, a la Deuda Pública) presentamos números de crecimiento sobre el PIB, cuestión aparte que habrá que comentar próximamente, ya que de la Oposición no sabemos nada. Pero el mero hecho de la existencia de una montaña inmensa de dinero que debemos y que serán las siguientes generaciones quienes la pagarán no denota otra cosa que puro exceso, despilfarro económico e involución moral. Dice un catedrático de Economía: la limitada capacidad de expresión oral y comprensión lectora de buena parte de la población, el comportamiento en lugares públicos, las formas en la mesa, llamar música a lo que no lo es, o conceder más derechos a los perros que a las personas. Si la involución social existe, también su manifestación económica. El altruismo cede paso al egoísmo y la solidaridad intergeneracional languidece ante el cortoplacismo. La deuda pública lo revela. Crece y crece, pero ya se apañarán los que vienen detrás.
Uno de los factores financieros negativos que cumple la Deuda es detraer cantidades muy importantes del mercado del dinero, cantidades detraídas que serían acceso a financiación por parte de la inversión empresarial, dándose un efecto expulsión de la inversión privada por parte del gasto público. Pese al incremento de un 50% en la imposición fiscal alcanzando el mayor volumen de recursos expropiados a la ciudadanía y a las empresas hasta hoy, desde que el presidente snchz accedió a la presidencia de la Nación en 2018 la Deuda Pública engordó en 472.372 millones de euros: la financiación empresarial compite con mayores costes en contra de esta enorme cantidad a la que hay que añadir los 30.000 millones de euros de intereses anuales de la Deuda: en 7 años son más de 200.000 millones de euros. Es la locura. Añadámosle los recursos de la UE con todos esos nombres rimbombantes que han hecho entrada en las arcas de la burocracia política: añadamos un mínimo de 150.000 millones de euros.
¿Qué hemos arreglado con esa inmensa montaña de gasto?
¿Tenemos una Atención Primaria llena de médicos, enfermeras y gestión, tenemos citas, accesos, seguimientos... podemos decir que se ha resuelto el grave problema de la atención médica en toda la Nación? ¿tenemos una Administración Pública modelo por su nivel de atención, agilidad y respuesta al ciudadano? ¿tenemos las carreteras nacionales con todo el firme repasado, pintadas, señalizadas, con buenos arcenes, toda la red viaria en perfecto estado de revista? ¿Tenemos obra pública por doquier, construyéndose hospitales, carreteras, escuelas? ¿estamos rehabilitando y reparando para dotar de instalaciones de forma suficiente ante el incremento de población y los años de uso? ¿Tenemos los colegios e institutos con las instalaciones en primer nivel, a los profesores bien pagados y con la más alta formación y exigencia? ¿Tenemos en construcción miles de viviendas públicas..., alguna? ¿Hemos acabado de una puñetera vez con el paro para convertirnos en lo que realmente es una sociedad avanzada de pleno empleo? ¿Hasta cuándo la economía española puede sostenerse por 18 millones de ciudadanos -la suma de autónomos y trabajadores- que sostienen a más de 25 millones restantes: los parados, empleados públicos, pensionistas y al resto de la ciudadanía dependiente? ¿Somos una sociedad que planifica la inmigración y la controla -primero, para que no se mueran en medio del mar-, para que se inserten en el mundo laboral o por el contrario entran como le salen de las narices y de forma considerable pasan a vivir a costa del dinero público, es decir, a costa de nuestro esfuerzo? ¿Hemos contemplado a 10/20 años vista cómo vamos a financiar el Estado una vez que el nivel de preparación y formación de la inmigración sin control no va a contribuir a la financiación, sino que en gran parte va a incrementar su coste? ¿Tenemos unos niveles de seguridad en todo el territorio nacional en la que no hay cabida o son excepcionalmente raros las roturas de cristales de coches y establecimientos, atracos al pequeño comercio, tirones, robos con violencia...? ¿La delincuencia reincidente de pequeños robos que martiriza a la población está detenida y cumple condena o bien nuestra sociedad los mantiene en la calle para que sigan delinquiendo? Las dotaciones de la Policía y la Guardia Civil: ¿están bien pagados, equipados y en las cantidades que exige nuestra sociedad que los quiere ver patrullando por la calle, por caminos rurales y por la noche? ¿Cómo es que no está resuelto el tema de la ocupación de la propiedad de los ciudadanos por parte de la delincuencia? ¿Disponemos de una Justicia que esté dotada de los recursos necesarios para responder en tiempo y forma a los requerimientos de una sociedad del siglo XXI, o bien se siguen repitiendo juicios resueltos al cabo de 8 ó 10 años? ¿Tenemos la preparación y equipamiento necesario en las Fuerzas Armadas para defender la sociedad democrática independientemente de los requerimientos adicionales UE?
¿No? Entonces... ¿dónde está el dinero?