Intelectualidad - Democracia

19 de febrero 2026

En estos tiempos en que se tiende a votar a aquellos que perjudican a la mayoría de la población, resultaría muy interesante y útil una labor de concienciación y análisis intelectual de la situación

Quería escribir algo sobre la definición (cómo si ello fuera posible) del intelectual. Y sobre el papel o la función del mismo, esto sí parece abarcable. Lo que sucede es que ahora, con la inteligencia artificial - aunque también habría que determinar si esa inteligencia se corresponde con nuestros clásicos criterios - no tenemos que pasar horas buscando en nuestras bibliotecas antiguos diccionarios o referencias de autores famosos.

He seleccionados estos textos:

Noam Chomsky: el papel del intelectual es desafiar a la autoridad, no servirla.

Bertrand Russel: la función de la filosofía no es enseñar qué pensar sino cómo pensar.

Demócrito: el hombre valiente es el que no sólo supera a sus enemigos sino también a sus placeres.

Francis Bacon: la mejor parte de la belleza es aquella que ninguna imagen puede expresar.

Kafka: cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza jamás envejece.

 

La cantidad de frases excelentes de este tipo haría interminable las referencias y contenidos. Pero hoy quisiera (sé que es inabarcable) orientar las citas o las alusiones que se puedan acotar fundamentalmente a los conceptos de democracia y dictadura ciñéndose, en la medida de lo posible, a nuestros tiempos, a nuestros dos últimos siglos. Marx y Engels son los intelectuales que con más claridad han opinado – y demostrado – que el capitalismo es incompatible con los derechos humanos, porque fomenta las desigualdades y hacen de la existencia un mercado. Saramago opina lo mismo, a través de otra óptica.

En estos tiempos en que se tiende a votar – en cantidades importantes y en muchos lugares del mundo – a aquellos que perjudican a la mayoría de la población, resultaría muy interesante y útil una labor de concienciación y análisis intelectual de la situación y en diferentes lugares. Una tarea que neutralice el “lavado de cerebro” que el poder económico ejerce a través de los medios de comunicación, por medio de todo tipo de publicidad. Este análisis lo tendrían que hacer los intelectuales que- en buena parte – parecen conformes con poder difundir sus artículos y conferencias sin molestar a esos poderes. Cómo si no se explicaría que Netanyahu, considerado por muchos un criminal de guerra, se mueva por el mundo con libertad y aceptación por las democracias más consolidadas, y por muchos medios informativos. De los cuatro pilares de la democracia: poder legislativo, ejecutivo, judicial y medios de comunicación, quizás el intelectual que no es parte del poder judicial ni miembro de órganos de gobierno tendría la tarea de reconquistar la subjetividad individual ante la sociedad de consumo y resistir a las ideologías que nos imponen. Esta tarea la mencionaba Vázquez Montalbán al mismo tiempo que insistía en que creía en la revolución con una condición: la libertad de expresión. Montalbán llegó a manifestar que concebía la literatura como un instrumento de combate. Daniel Bensaid, filósofo docente en la Universidad de París VIII ( y figura señera en mayo del 68) insistía en su libro “Marx ha vuelto” que en una de sus tesis Marx decía que los filósofos se habían contentado con interpretar el mundo y que lo que habría que hacer es cambiarlo. Lenin opinaba que decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplazar al pueblo en el Parlamento, ésa sería la verdadera esencia del parlamentarismo burgués. Para el marxismo el estado es siempre una dictadura de una clase sobre otra. Y la dictadura del proletariado sería una transición entre capitalismo y comunismo. Por eso el eurocomunismo abandonó la dictadura del proletariado. Su número de militantes y su influencia decayó en poco tiempo. Gramsci analiza muy bien cómo la burguesía mantiene su hegemonía a través de esa democracia.

Y, recientemente, aparece la noticia de la relación de uno de los últimos viejos intelectuales que nos queda como referencia, Noam Chomsky, con su mujer pidiendo perdón por el acercamiento que su marido – se entiende bien qué por razones de tipo económico, y en ningún caso de acoso sexual – hizo a Epstein para permitirse su encomiable e impagable labor analítica y crítica. El contacto de Chomsky con Bannon (ex asesor de Trump) para un lavado de cara de éste. Nadie más a la izquierda que Noam, nadie más a la derecha que Bannon o Trump. Alguien comentó que era – se iba a hacer un documental - como juntar a Hitler y a Gandhi.

Empezábamos con Chomsky, acabamos con él también. Una especie de círculo vicioso en que el intelectual puede estar atrapado.