Literatura –  Medicina

12 de marzo 2026

El Dr. Pedro García Barreno, académico de la Real Academia de  Ciencias Exactas, Físicas y Naturales opina – lo ha dicho en alguna ocasión – que el curriculum universitario médico debería incluir la literatura

El escritor, profesor y ensayista Pierre Ryckmans que quizás fue más conocido por su pseudónimo de Simon Leys dijo un día "Entre dos cirujanos competentes procure que le opere el que haya leído a Chejov". Frase que resume muy bien que la medicina – que es una ciencia y un arte – ha de sumar el humanismo al rigor científico. La lectura ayuda a desarrollar la observación, el análisis y la reflexión. Hace ya años la revista JAMA creó una sección llamada "The arts and medicine" e invitaba a los lectores a enviar artículos sobre arte, humanidades y medicina.

El Dr. Pedro García Barreno, académico de la Real Academia de  Ciencias Exactas, Físicas y Naturales opina – lo ha dicho en alguna ocasión – que el curriculum universitario médico debería incluir la literatura.  El que fue, hace muchos años, considerado el mejor médico de España- y excelente escritor por otra parte – Dr. Gregorio Marañón insistía que el primero de los instrumentos de diagnóstico que debe emplear un médico es la silla. Colocarse enfrente, mirarse a la cara, hablar con el paciente. En suma, conocerse.

Hoy, el progreso tecnológico, la burocracia, la falta de tiempo, el aumento de las especialidades,hace que la conexión personal entre médico y enfermo sea más difícil. Es verdad que los antiguos modelos paternalistas, superados en buena medida, influían en que el médico controlase más la información que debía recibir el paciente influyendo en su proceso deliberativo personal. 

Reproduzco aquí unas palabras de un amigo médico gravemente enfermo: "En nuestra cultura, donde se ensalza la inmortalidad y el miedo a la muerte es frecuente, nos es fácil imaginar los últimos momentos de la vida como algo doloroso, injusto e indigno. Los finales inesperados dejan situaciones sin concluir. Por el contrario las muertes lentas brindan oportunidades únicas para solucionar cuestiones pendientes. Nadie debería morir con dolor y nadie debería morir solo." A mi amigo, creo que los dos sabíamos que la literatura es un consuelo, le remití una frase del poeta César Vallejo "me moriré en París con aguacero un día del que tengo ya el recuerdo". Imaginar la muerte próxima como recuerdo me parece una de las expresiones más bellas que se puedan expresar en un poema.

La cultura, la literatura, ayuda a los médicos en los diagnósticos y terapias y a los pacientes en la asunción de patologías e  incorporación de tratamientos. También, por supuesto, en los momentos finales de su vida.  El filósofo y ensayista Emil Cioran decía que el escritor que no está enfermo es casi un tipo de segundo orden y Antonin Artaud que "no hay nadie que haya jamás escrito, pintado o esculpido a no ser para salir del infierno".  Margarit insistía en que por más bello que sea un poema ha de ser siempre cruel.

Puede uno preguntarse si acaso las enfermedades mentales generan gran poesía y hay quien opina que debemos ser cautelosos ante los "poetas malditos", ante la propensión a romantizar o fetichizar a esos poetas y sus obras. El eminente Michel Foucault afirmaba que ante la enfermedad mental la mirada clínica patologiza la observación clínica de las instituciones sociales.

Pero la literatura no sólo ayuda a interpretar y tratar a las patologías mentales, la literatura como tratamiento en la vejez parece que ha disminuido la tasa de suicidios en la misma. El excelente psiquiatra que fue el Dr. Castilla del Pino dice que el leer explora también la psique a través de la ficción, igual que se analizan los sueños en la terapia. Y ayuda a superar el dolor y organizar lo memorístico. Es muy interesante leer su libro "La casa de la memoria". Incluso, asegura, una simple carta explora el yo interior, además de servir como tratamiento. 

Si extendemos la función de la literatura a lo cultural en general, al colocarnos y hacernos una fotografía ante "La Ronda nocturna" de Rembrandt al contemplarla podemos sentirnos dentro del cuadro y ante "Los fusilamientos del 3 de mayo" de Goya tendremos la oportunidad de colocarnos entre los ejecutores o  entre las víctimas.

Al leer un libro, en papel, al pasar las hojas y subrayar somos nosotros mismos los que nos administramos nuestras dosis. Las que necesitamos.