Mil vidas de novela en el Lago de Maracaibo

22 de febrero 2026

José Ma. Cumbraos analiza esta semana el libro "El sueño del jaguar" (Miguel Bonnefoy, Libros del Asteroide, 2025)

El sueño del jaguar (Miguel Bonnefoy, 2025, Libros del Asteroide)

Hace pocas semanas hablamos aquí –tiene el autor la tentación de decir “en esta columna” o incluso “en estas mismas páginas” pero prefiere dejarlo así, en ese frío e ilocalizable aquí– de Revolución, novela de Hugo Gonçalves. En ella, muy bien recibida en Portugal y también por estos lares, su autor nos demostraba como algunas vidas que pueden parecer insignificantes son las que de verdad hilvanan la trayectoria y los momentos decisivos de una sociedad y que los cambios los encabezan, por obligación, los grandes nombres de la Historia aunque sean muchos los peones responsables de edificarlos.

En El sueño del jaguar Miguel Bonnefoy teje una madeja similar. Narra también la forja de un país desde las personas y aunque para ello escoja a unos protagonistas reales, cercanos a él (el libro tiene un componente autobiográfico obvio. licencias literarias al margen) y unos caminos formales diferentes, sobresalen en sus páginas cientos de pequeñas historias pegadas al territorio.

Antonio Borjas Romero, abandonado al nacer, hecho a sí mismo hasta acabar siendo reconocido finalmente como hombre ejemplar en el estado de Zulia, doctor, docente y rector de su Universidad y su esposa, Ana Maria Rodríguez, primera mujer médico de Venezuela, progresista y avanzada a su tiempo, son esos personajes históricos, nada insignificantes. Ellos son la opción que escoge Bonnefoy para conducir al lector por la Venezuela que deviene de país agrícola a potencia petrolífera a partir de la explotación, siempre en manos ajenas, del oro negro descubierto en el lago de Maracaibo a finales del XIX y durante todo el siglo XX.

A ambos dedica dos de las cuatro partes en las que se divide la obra, brillantes ambas, necesarias y exigidas por la idiosincrasia del territorio y unos tiempos en transformación. Las dos restantes partes se consagran a Venezuela y Cristóbal, hija y nieto de Antonio y Ana María respectivamente, vidas con menos epopeya, con desafíos diferentes.

Las buenas maneras del autor nos sitúan ante los territorios físicos de la región de Zulia y el lago de Maracaibo, vastos, agrestes e inhóspitos. Y su prosa merodea lo justo por lo lírico, usada para referir olores, impresiones y efectos, para explicarlos y para explicar los otros territorios, los personales, los de los lugareños y los foráneos que llegan, todo un campo abierto siempre a la experimentación científica pero también para lo mágico, el pingüino que aparece en las costas del Lago por ejemplo, lo incomprensible.

Pozos de petróleo en el Lago de Maracaibo
Pozos de petróleo en el Lago de MaracaiboDominio público

Por ello es que este es un libro matriz, un árbol de la genealogía maracaibera, un campo sembrado de vidas e historias que darían para novelas alternativas donde el territorio y la inestabilidad política –la narración de Bonnefoy abarca hasta la llegada del chavismo, sus éxitos y sus incongruencias–condicionan las existencias como en pocos lugares.

En los 1000 relatos de amor que Antonio, anclado al suelo, trata de conseguir para brindarle el mejor de ellos a Ana María, tenemos ya historias completas, maravillosas, que Bonnefoy solo se limita a perfilar, quien sabe si para desarrollar en otra ocasión, quien sabe si para ofrecer a otros narradores. Y solo con trazos mínimos nos deja absortos, por la dulzura con que anticipa esas vidas y por ellas mismas.

Construcción del puente del lago Maracaibo
Construcción del puente del lago MaracaiboDominio público

Pedro Clavel, Eva Fuego, apellidos sonoros y de por sí prometedores, Chinco Rodríguez, el padre de Ana María y su paso a la clandestinidad, las chicas del Majestic, lupanar donde Antonio pasa su adolescencia, Elías y Víctor Emiro, hermanos aventureros pero tan diferentes, la centenaria siria Zina, empeñada en descubrir una nueva Lollobrigida que triunfe en el París donde ella no llegó, engañada por un falso productor…decenas y decenas de personajes atraviesan esta historia engrandeciéndola y a la vez reclamando una novela propia que sea narrada con la misma solvencia con la que Bonnefoy salva esta.