Leo "Morir en la arena" la última y magnífica novela de Leopoldo Padura y, casi al mismo tiempo, me encuentro, revolviendo en mis viejos libros, con "Los conceptos elementales del materialismo histórico" de Marta Harnecker que hace años reforzaron con sólidos argumentos mi débil formación de marxista que, como tantos, no había leído a Marx. Sí tengo tomados viejos apuntes de Louis Althusser: "la lucha de clases no es un efecto derivado de la existencia de las clases sociales, lucha de clases y existencia de las clases son una misma cosa. Y, continúa Althusser en otro párrafo "en realidad la lucha de clases propia de la sociedad capitalista, comenzó con ella". Pero ni yo tengo nivel ni se trata ahora de profundizar en tan interesantes teorías. En el libro de Padura queda muy bien reflejada la Cuba actual, con precariedad económica, escasez de recursos y también falta de libertad de expresión. Recuerdo haber escuchado, o leído, a Vázquez Montalbán decir que liquidar la disidencia es pan para hoy y hambre para mañana. En el sentido de que la disidencia es un espejo crítico. Montalbán que conocía bien Cuba - hasta estuvo allí hasta durante la visita del Papa Juan Pablo II - insistía en que Cuba debería aprender del mal uso que los países del socialismo hicieron de sus disidentes persiguiéndoles o congelándolos. Probablemente las emergencias a que se ven forzados los cubanos justifica – en parte- esa represión del sentido crítico. Vázquez Montalbán decía eso en la España de 1999.
Veinte años antes Felipe González dijo aquella célebre frase de "Hay que ser socialistas antes que marxistas". En la incipiente transición su abandono del Marxismo (de lo poco de marxismo que quedaba en el socialismo español) sirvió quizás para frenar el ascenso del P.C. que tuvo 20 diputados en 1977. La aceptación de la OTAN, después del "OTAN de entrada, no", certificó las intenciones, aunque Calvo Sotelo ya había iniciado los trámites.
La canción de Javier Krahe "Cuervo ingenuo" (1986) y su corte (amputación) en una retransmisión televisiva, figura como primera censura de la democracia. La circunstancia aumentó de forma notoria la fama y divulgación de aquellos cantantes de "La Mandrágora" en Madrid, Sabina, Krahe … Hoy ese lugar de la Cava Baja ha desaparecido, como está a punto de cambiar el Café Central y ¡hasta el Café Gijón! va a transformarse en otra cosa. Sabina está a punto de retirarse, Krahe y Aute han muerto y buena parte de la juventud de ahora aguanta colas de toda una noche para ver conciertos que no se parecen nada a aquellos: se han aprovechado de la libertad que se conquistó entonces y se conforman con chunda-chundas anodinos y ruidosos. Veo en televisión un mini- reportaje de entrevistas con hombres jóvenes que me corrobora esas estadísticas que ponen los pelos de punta: uno de cada cinco en la veintena alaba a Franco.
Y, claro, a mi edad ya he perdido la esperanza de vivir en una sociedad no capitalista. Durante años cuando mi generación vio como, por fin, llegaba la democracia y se acababa con el fascismo franquista, concibió que era posible superar ese sistema en contra de los valores humanos que es el capitalismo. Un sistema basado en la explotación de unos hombres (muchos) por otros (pocos), tendría un día que acabarse con la profundización de la democracia etc. Pensaba qué en las escuelas, universidades y hasta algunos círculos eclesiásticos, se explicaría ese concepto tan elemental de la plusvalía. Un trabajador produce 10, le pagan 3 y su patrón se queda con el resto. Es tan evidente el concepto como lo es la ley de la gravedad. Aunque la economía ultraliberal haya complicado mucho las cosas y hoy un patrón ya no está tan pendiente de si en el tercer mundo cosen botones para su ropa (qué también, claro) sino de complicados negocios y movimientos de capital que permiten a un señor que fabrica ( fabrican para él, que no aprieta tornillos) coches entre en el despacho del Presidente de EEUU con su hijo a hombros y haga el saludo fascista. ¿Cómo concebir que Trump o Milei sean elegidos democráticamente?
Y sí, ha habido revoluciones sin derramamiento de sangre pero las grandes revoluciones – incluso burguesas como la francesa _ fueron sangrientas. ¿Dónde estaríamos ahora sin la revolución francesa? ¿O la rusa? Che Guevara utilizó la violencia, sin ella no hubiera sido posible la revolución cubana. Sin los millones de muertos que puso Rusia para "hacernos ganar" la segunda guerra mundial, ¿qué hubiera pasado?
La estupenda novela de Padura me ha llevado a estas reflexiones. Voy a tomar un vino.