Seguro que es un temor compartido. No puede ser que sea solamente cosa mía. Tiendo a pensar que soy como todo el mundo. También tiendo la ropa, pero eso es otro tema. Lo que digo es que me dan miedo las secreciones. No miedo como las películas de terror o las atracciones de PortAventura o el crecimiento de la ultraderecha; más bien, un espanto con sordina. Una especie de respeto mezclado con repulsión.
Por ejemplo, el sudor. Es cierto que es algo natural y sano; creo recordar que sudar es necesario porque cumple una función reguladora de la temperatura, pero igual nos han estado engañando con eso todo este tiempo. Tan sano no puede ser si huele tan mal y luego tienes que ducharte y, además, te salen esos manchurrones en las camisetas y camisas a la altura del sobaco, sobre todo cuando te están haciendo una foto o grabándote (parece que brotase la mancha donde hace unos segundos no tenías nada).
La gente que dice que correr no puede ser saludable porque terminas sudando... se dirá lo que sea (porque para decir sobra discurso), pero algo de lógica está aplicando. Claro que los terraplanistas también exhiben argumentos disparatados que sostienen con una lógica de palitroques... Dejemos lo del sudor en puntos suspensivos, que deberían llamarse, por cierto, puntos suspendidos, porque dejas de ponerlos en cuanto juntas tres.
¿Y qué vamos a decir de las secreciones respiratorias? Sí, esas que procuramos mantener a raya con pañuelos de papel, porque hacerlo con pañuelos de tela te convierte en un marciano del siglo pasado, pero muy de mediados del siglo pasado. Parece ser que estas secreciones tienen como fin atrapar partículas y bacterias, y que, si la secreción es de color amarillento o verdoso, puede existir un problema de infección. Ya temía yo que este artículo tomase tintes repulsivos, pero ¿qué esperar del asunto de las secreciones? Se empieza con la repulsión y se acaba con la fobia. De las secreciones genitales no pienso hablar porque no me da la gana. Y de las digestivas, lo justo, por ahorrarme saliva. Pues eso.
Las secreciones son algo que a uno se le escapa de las manos, que no puede controlar, vaya. Andan por ahí, a su bola, y se manifiestan para decir: «¡Ojo!, que aquí estamos nosotras», las secreciones de tu propio cuerpo, por muy joven y apolíneo que sea. Hasta los cuerpos jóvenes y apolíneos secretan sustancias líquidas que dan asco y yuyu, y resultan en cierto modo humillantes, como la expulsión de aire por vía oral o anal, que ya es la versión premium de lo repugnante.
Sería maravilloso que las secreciones fuesen secretas, o invisibles, o algo que evitase su manifestación ante los seres humanos, incluyendo a aquellos que las generan. A ver si un día la IA se encarga de eso, que tiene pinta de que no va a haber delirio que le tosa.