Con el Día Internacional contra el acoso escolar a la vuelta de la esquina , es una buena fecha para detenerse un momento y observar lo que sucede en las aulas. Aunque nuestra comunidad cuenta con programas de prevención y protocolos de actuación en los colegios e institutos, muchos niños y niñas siguen sufriendo acoso escolar.
El bullying no siempre se percibe por parte de los docentes o la familia. A veces se origina con una palabra fuera de lugar, una mirada que humilla, o simplemente el vacío que siente quien es ignorado o aislado del resto. Algunas personas adultas no se dan cuenta, pero las heridas que deja en quienes lo sufren pueden durar toda la vida.
Por eso es muy importante actuar antes de que el alumnado pueda sufrir el daño. No basta con activar el protocolo en colegios e institutos, porque para entonces ya es tarde, pues el mal ya ha sido causado. Es necesario que nuestros hijos e hijas practiquen la empatía, para que perciban y entiendan todo lo que puede llegar a sufrir el niño o niña afectado. Debemos evitar que los compañeros y compañeras de la persona afectada, con su silencio, se conviertan en cómplices del acoso escolar o bullying. Absolutamente todos somos responsables si miramos hacia otro lado.
Nuestros hijos e hijas tienen derecho a: aprender, socializar y crecer en un entorno seguro, donde se sientan: valorados, protegidos, respetados y queridos, sea cual fuere su sexo, raza, orientación sexual o religión. Debemos tenerlo presente este día 2 de mayo, en el que se conmemora el acoso escolar o bullying, pero más importante aún es convertirlo en un compromiso real para todos los días del año. Tengamos en cuenta que, acoso escolar y suicidio, aún siendo un problema multicausal, mantienen una estrecha relación cuando se trata de menores de edad.
Víctor Manuel Serén Cañás, desde Carballo (A Coruña).