La vocación verde que no se apaga

11 de septiembre 2025

José Manuel Corral escribe "lo verdaderamente revelador es que, después de no pocos años de servicio, muchos seguimos emocionándonos con la misma ilusión que sentíamos en nuestra infancia al ver a la Guardia Civil"

"Mi padre es Guardia Civil". Con esa frase sencilla y cargada de emoción me escribía mi hermano al enviarme un video del paso de la Vuelta Ciclista a España por Pontevedra. En las imágenes, el pelotón avanzaba protegido por la Unidad Móvil de Seguridad Vial, con los compañeros de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y de la Agrupación Rural de Seguridad abriendo camino.

Más allá de la espectacularidad de las motos y de la impecable coordinación del dispositivo, lo que impacta en esas imágenes no es solo la puesta en escena, sino la sensación de seguridad, de entrega y de compromiso que transmiten. Mi hermano, al ver a aquellos guardias cumplir su misión, revivió las emociones de la infancia: las de un niño que miraba con admiración a quienes velaban por el orden y la seguridad, con el mismo orgullo con el que hoy escribe esas cuatro palabras.

Ese sentimiento no es casual. Forma parte de lo que los guardias civiles llamamos "ADN verde": una mezcla de deber, responsabilidad y entrega al servicio de la sociedad. No se trata únicamente de llevar un uniforme, sino de representar unos valores y de estar dispuesto a servir en circunstancias diversas, a veces complejas y exigentes, siempre con la certeza de que el bien común está por encima del interés propio.

Lo verdaderamente revelador es que, después de no pocos años de servicio, muchos seguimos emocionándonos con la misma ilusión que sentíamos en nuestra infancia al ver a la Guardia Civil. Y lo hacemos a pesar de los avatares de nuestra vida profesional, llena de momentos difíciles, de sacrificios silenciosos y, en ocasiones, de incomprensión. Esa emoción intacta, que sobrevive a la dureza del día a día, es la mejor definición de lo que significa la vocación.

Porque la Guardia Civil no es una profesión cualquiera. Es cierto que exige preparación técnica, disciplina y profesionalidad. Pero lo que marca la diferencia es la vocación: esa llamada interior que mueve a elegir un camino de servicio, a dedicar la vida a proteger a los demás y a hacerlo con orgullo, con el convencimiento de que cada gesto importa.

La vocación es lo que hace que un hijo, al ver pasar a los guardias, sienta el mismo respeto y emoción que un día sintió al mirar a su padre. Es lo que sostiene la entrega diaria de miles de hombres y mujeres que, en la carretera, en los pueblos, en los montes o en cualquier rincón del país, cumplen con su deber sin buscar protagonismos, con la satisfacción silenciosa de quien sabe que está donde debe estar.

Por todo ello, la Guardia Civil debe seguir siendo, ante todo, una profesión vocacional. Porque solo desde esa vocación se explica el compromiso permanente, la capacidad de sacrificio y la lealtad al servicio de España y de sus ciudadanos. Y porque, en definitiva, es esa vocación la que garantiza que, generación tras generación, podamos seguir diciendo con orgullo: "Mi padre es Guardia Civil".