27 Días: Deja de quejarte por todo

15 de febreiro 2026

Siento que este año es un año elegido para hablar de temas cotidianos, temas que nos permitan conectar. No importa si me lees como mujer o como hombre. Aunque es cierto que gran parte de mis ideas, mis escritos y mi arte suelen estar dirigidos a las mujeres, también hay muchos hombres que se interesan, leen y escuchan. Y por eso, gracias.

Hoy quiero hablarles de algo que nos toca a todos: la constante quejadera. Y sí, irónicamente, esto también es una queja. Pero es una queja pensada. Porque si algo he procurado en mi vida —especialmente en estos últimos años de madurez y aprendizaje— es no caer en ese error. Con el tiempo uno aprende a elegir sus batallas, a valorar tanto lo positivo como lo negativo, y a entender que no todo merece nuestra energía. Sin embargo, existe un tipo de persona para la cual nada es suficiente: siempre hay una queja, siempre hay un problema, siempre algo no funcionó, no funciona o no va a funcionar. Todo puede ser mejor, todo es mediocre, todo se quedó a mitad.

Y entonces me pregunto:¿Por qué es tan difícil para algunas personas enfocarse en lo positivo? 

Aunque sea pequeño, aunque sea casi invisible. 

Yo creo firmemente que cuando te enfocas en lo positivo, tal vez —solo tal vez— la vida empieza a irte un poco mejor. Pero muchas veces nos vemos rodeados de personas negativas, personas que viven de la queja. Y, con toda honestidad, no sé de dónde nace esa frustración ni esa necesidad de disfrutar tan poco las bendiciones diarias. Hay quienes se quejan del trabajo, no porque sea injusto o abusivo, sino simplemente porque es trabajo. Hay quienes se quejan de la pareja, aun estando dentro de la relación. Otros se quejan del carro que los lleva y los trae. Del vecino. De la familia. Del traje. De la persona que los atendió en un fast food.

Nos quejamos si es de noche, si es de día, si llueve, si hace sol. Nos quejamos del calor en la playa y del peligro del río. Es una vida entera de quejas. No tengo estudios ni métricas que respalden esto. Es solo mi opinión. Pero por eso te pregunto: ¿Qué tipo de persona eres tú? ¿Te has reconocido alguna vez en esa conducta? Porque a veces lo hacemos sin darnos cuenta. Tal vez  os hemos acostumbrado a quejarnos por todo.

Yo también soy humana. Yo también me quejo. Pero aprendí algo: cuando me quejo, me detengo y me escucho. Porque creo que es importante escucharnos a nosotros mismos. Entonces me pregunto:

¿Puedo cambiar esto? ¿Está en mis manos mejorarlo? ¿O es algo que no puedo controlar?

Y si puedo cambiarlo, ¿por qué no hacerlo? ¿Es más fácil y cómodo quejarme?  Y si no puedo cambiarlo, ¿no sería entonces mejor adaptarme?

Quiero aclarar algo importante: esto no tiene nada que ver con relaciones donde hay maltrato, humillación o falta de respeto. Eso es otro tema, mucho más delicado. Aquí hablo de otro tipo de quejas.

Yo hago un ejercicio mental constante: intento reconocer de dónde nace mi queja, sanarla, aceptarla, cambiarla o trabajar en ella. Cuando la queja involucra a otras personas, el proceso es más complejo, porque no podemos controlar a los demás, solo cómo respondemos a ellos. Mi recomendación es sencilla: deja de quejarte tanto. La vida es bonita.

Hay quejas válidas, claro que sí, y esas merecen atención. Pero si queremos cultivar pensamientos bonitos, emociones bonitas y abrir espacio para cosas bonitas, quizás sea momento de pausar la queja.

Estoy segura de algo: entre todas esas quejas que repites a diario, hay al menos veinte cosas maravillosas que estás pasando por alto.