27 Días: ...y luego está el Jazz

21 de xuño 2026

Para Jeannette Ramos Vega la música es una presencia fundamental en lavida, acompañando y definiendo emociones, recuerdos y experiencias en cada etapa, desde la alegría hasta la tristeza

¿Cuántos de ustedes, al igual que yo, utilizan la música como parte esencial de su día a día?

Para mí, la música es mucho más que un simple acompañamiento; es un elemento fundamental de mi vida. Suelo asociar mis días, mis momentos y mis experiencias con distintas canciones, como si cada etapa tuviera su propia banda sonora. No soy músico ni toco ningún instrumento. Sin embargo, la música tiene la capacidad de elevarme, sostenerme y acompañarme de una manera única. A veces siento que es como un ser vivo y consciente, que sabe exactamente qué decir y cuándo hacerlo. Es refugio, inspiración y compañía en los momentos en que más la necesito.

Más allá de los momentos felices y llenos de regocijo, disfruto profundamente de la música cuando me siento desanimada. De hecho, en los períodos más difíciles de mi vida, suele convertirse en una de mis mejores aliadas. Hay algo casi mágico en ciertas piezas musicales: una capacidad extraordinaria para acompañar, comprender y abrazar emociones que a veces ni siquiera sabemos expresar con palabras.

También reconozco que no toda la música produce ese efecto en mí. Soy muy selectiva con los géneros y las canciones que elijo escuchar. Cada una conecta con una parte distinta de quien soy, de mi historia y de mi manera de sentir el mundo. En cierto modo, la música que escucho me define tanto como los libros que leo, los lugares que visito o las personas que elijo tener cerca.

La música instrumental alimenta mi alma. Me ayuda a escribir, a encontrar mi centro y a abrazar a mi musa de una manera que, incluso hoy, sigue sorprendiéndome. Es un lenguaje sin palabras que, aun así, logra decirlo todo. El romance siempre me ha inspirado, por eso las melodías románticas ocupan un lugar especial en mi vida. A través de ellas conecto con la inmensa variedad de sentimientos que nos hacen capaces de amar: la ilusión, la nostalgia, el deseo, la ternura y hasta la melancolía. Cada nota parece recordarme que sentir profundamente es uno de los privilegios más grandes de estar vivos.

Y luego está el jazz...

El jazz es otra historia. Es como entrar en una dimensión distinta, suspendida en el tiempo. Una atmósfera envuelta en humo que no sabes de dónde proviene, pero que lentamente te rodea y te atrapa. Tiene algo de misterio, de elegancia y de libertad. Una copa de vino, la soledad bien acompañada o la presencia de alguien especial se convierten en los protagonistas perfectos para disfrutar de su peculiar sonido. El jazz no se escucha solamente; se habita. Se siente en los silencios, en las pausas inesperadas y en cada improvisación que parece desafiar todas las reglas mientras crea su propia armonía.

Sin duda, pienso que sin música no existe el paraíso. No hay estaciones del año, no hay besos completos ni historias que realmente valga la pena contar. La música le da color al tiempo, profundidad a los recuerdos y significado a las emociones. Para mí, es la conexión indispensable entre los sentimientos y las necesidades del espíritu. Una forma de traducir aquello que las palabras no siempre alcanzan a expresar. Es refugio, compañía, inspiración y memoria. La música no es sólo arte; es alimento. Nutre el alma, sostiene el corazón y nos recuerda, una y otra vez, que estamos vivos. Quizás por eso la buscamos en las celebraciones y también en las despedidas, en los comienzos y en los finales. Porque hay emociones que necesitan ser escuchadas antes de poder ser comprendidas.

Y tal vez sea cierto que la vida tiene una melodía especial para cada uno de nosotros. La mía, sin duda, ha estado presente en cada etapa de mi vida, convirtiendo simples momentos en recuerdos imborrables.