El acto de petición de la Confer a las víctimas del Patronato de protección de Mujeres

01 de novembro 2025
Actualizado: 10:03

Todo discurría bien, hasta que la última monja explicó lo que hacían actualmente, lo que algunas víctimas entendieron como una exculpación o excusa, y se levantaron exhibiendo carteles con un ‘NO’, diciendo que no perdonaban

      El 9 de junio de 2025 se celebró en el auditorio de la Fundación Pablo VI en Madrid, el acto público de reconocimiento y petición de perdón de la Confer a las supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer, celebrado a petición de las víctimas. Tuve el honor de asistir como mera acompañante y apoyo a las víctimas, que eran las verdaderas protagonistas.

Como dijo el presentador del acto, se celebró en "un espacio de neutralidad convertido en lugar de encuentro, reflexión y de memoria en el que la Conferencia Española de Religiosos va a llevar a cabo un acto de petición pública de perdón que conlleva una profunda reflexión y compromiso; su asistencia refleja el deseo colectivo de reconocer el pasado, honrar la verdad, y construir un futuro de justicia".

Después tomó la palabra el presidente de Confer, Jesús Díaz Sariego, provincial de los Dominicos en España, cuyo discurso recojo íntegramente:

"Desde hace mas de un año la Conferencia Española de Religiosos  (Confer) viene trabajando con la Asociación ‘Desterradas hijas de Eva’ sobre las experiencias muy duras y dolorosas que muchas mujeres vivieron durante la época franquista y hasta bien entrada la democracia, bajo el Patronato de Protección a la Mujer, una institución civil que viene de lejos, pero que fue modificada sustancialmente en 1941 de la mano del régimen franquista. Dependía del Estado a través del Ministerio de Justicia. El propósito oficial del Patronato era la protección y reeducación de mujeres consideradas en riesgo moral, y funcionó como un mecanismo  de control social y de represión; bajo su tutela, muchas mujeres fueron privadas de su libertad y sometidas a un estricto código de conducta basado en los principios sociales y morales del momento. El contexto histórico de la dictadura en el que se reorientaron los objetivos del Patronato estaba marcado por un modelo de sociedad donde la mujer estaba infravalorada, relegada  socialmente a un segundo plano, y  aquellas mujeres que no encajaban en este modelo eran vistas como una amenaza al orden establecido y en consecuencia juzgadas en su comportamiento como inmorales y sometidas a medidas disciplinarias que vulneraban sus derechos más elementales. El Patronato disponía de centros de internamiento de carácter cerrado regentados generalmente por algunas Instituciones religiosas con las que el Estado establecía convenios de colaboración. Los centros de internamiento, "internados", eran diversos atendiendo al ideario y carisma propio de cada congregación. En muchos casos las mujeres enviadas por el Patronato convivían con otras jóvenes internas no vinculadas al mismo.

Las congregaciones vienen realizando un trabajo conjunto de escucha, reflexión y diálogo con algunas de las mujeres supervivientes, que vivieron en los centros bajo la tutela del mencionado Patronato. Mujeres supervivientes    a las que agradecemos no solo su presencia sino también el camino que juntos y juntas hemos recorrido y que nos ha llevado hoy a poder realizar este acto público de petición de perdón. Nos encontramos por tanto aquí   para hacer lo que consideramos necesario y justo, pedir perdón, algo que algunas representantes de las congregaciones harán posteriormente de forma explícita después de haber escuchado el testimonio de algunas supervivientes, porque  este acto no es solo una formalidad, sino que es un acto necesario de justicia, es un ejercicio de oportunidad histórica y moral, una oportunidad para reconocer aquello que en el pasado no hicimos bien, y para expresar nuestra empatía y profundo dolor a todas aquellas mujeres   que en un tiempo de políticas represivas morales, sociales y religiosas fueron sometidas a unas condiciones de vida injustas y dolorosas bajo el Patronato de Protección a la Mujer. Somos conscientes, muchas situaciones que en estos centros se vivieron han sido silenciadas por décadas que hoy,  conocedores de lo acontecido y tras haber escuchado el testimonio de las supervivientes, sus heridas y su dolor, con humildad y sinceridad queremos romper este silencio. Nos dirigimos a todas aquellas mujeres que pasaron por estos centros y que sufrieron las consecuencias de un sistema injusto, reconocemos nuestra participación en lo que han vivido, y queremos decirles que las escuchamos, que creemos en su testimonio y que nos duele  profundamente el sufrimiento que padecieron. Reconocemos esta página de nuestra historia. Para estas mujeres su paso por los centros patrocinados por el patronato fue más una cárcel que un medio de promoción humana, como sí lo fue en cambio para otras mujeres en su paso por los centros. Este acto solo es un paso hacia un proceso más amplio de conocimiento. Como instituciones religiosas que durante un tiempo mantuvimos un vínculo con el Patronato, asumimos hoy la responsabilidad de colaborar en la búsqueda de la verdad y de contribuir a que este capítulo oscuro de nuestra historia no caiga en el olvido. Al interior de las congregaciones se nos descubre la oportunidad de comprometernos aún mas con el cuidado, la divinidad y respeto de todas las personas conforme a los principios evangélicos que profesamos. Un camino, como bien decía una religiosa estos días, de justicia y responsabilidad, mirando al pasado con sinceridad para aprender de él y para seguir caminando hacia una Iglesia más humana, más compasiva y coherente con el mensaje de Jesús. Y para romper este silencio, queremos que lo primero sea escuchar las voces de algunas mujeres supervivientes, por esos vamos ahora a escuchar atentamente sus testimonios".

Los testimonios de las víctimas supervivientes y en nombre de las que ya no están, fueron tremendos, desgarradores, incluso una de ellas había ingresado en el Patronato por los abusos de su padre, del que quedó embarazada, y en época de vacaciones la devolvían a casa con su padre abusador. Así era aquel régomen franquista en el que las víctimas eran castigadas, no protegidas. Cerró los testimonios Consuelo García de Cid Guerra, exponiendo el horror vivido en dichos centros y la vulneración de todos sus derechos, manifestando que "necesitamos justicia, no condescendencia".

Acto seguido  tomaron la palabra tres monjas pertenecientes a las órdenes religiosas que tutelaban dichos centros: Adoratrices, Oblatas y Terciarias Capuchinas se repartieron el discurso de petición de perdón. Todo discurría bien, hasta que la última explicó lo que hacían actualmente, lo que algunas víctimas entendieron como una exculpación o excusa, y se levantaron exhibiendo carteles con un ‘NO’, diciendo que no perdonaban. Las víctimas que se levantaron merecen todo mi respeto, ellas eran las verdaderamente legitimadas. El mismo respeto merecen las demás víctimas, que interpretaron el acto como de autentico perdón, lo aceptaban y querían que el mismo finalizara.  A partir de ahí las víctimas se dividieron.

Mariaje López, víctima del Patronato y un referente, autora de ‘Por Caridad’, escribió en redes "Mi declaración sobre el acto de perdón de la Confer a las supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer", en el que manifiesta "que no comparte, ni se identifica con las manifestaciones y cánticos que abruptamente pusieron final al acto de forma prematura. No solamente no comparto ni me identifico, sino que me siento profundamente defraudada y herida, y creo que Irene Montero se presentó allí para robarnos y reventar el acto, cosa que logró, pienso que aprovechando el clímax de emoción y tensión de tanto dolor acumulado en nosotras. Yo no me levanté ni grité. Y si de algo puedo sentirme orgullosa es de haber intentado pararlo en algún momento. Le pedimos a la Confer un acto de perdón público, y con sus negociaciones y tiranteces, pero lo hizo. Pidieron perdón. Reconocieron el daño y horror que vivimos injustamente. Delante de todos. Todos sabemos lo que cuesta pasar por eso. ¿Y no lo aceptamos después de habérselo pedido? Pues bien: yo no participo de eso. Se rompieron muchas cosas dentro de mí aquella tarde que había empezado con alegría. Lo que para algunas fue una victoria para mí fue una derrota, un retroceso, una oportunidad perdida, y lo sé, el descrédito ante muchas personas que comenzaban a simpatizar con la causa. A esas personas les diría, pese a todo, que nuestra historia sigue siendo verdad, independientemente de cómo la gestionemos.

Me di cuenta aquella tarde de que el activismo tiene un margen de ceguera, de que fuera de su círculo de influencia no calcula mas allá. Creen que sí, pero no. Así que me echo a un lado y no formo parte ya de la asociación. 

Que nadie se equivoque, ha sido un honor y privilegio conferenciar al lado de Consuelo García de Cid y descubrir de su mano. Gracias a ella llegamos hasta el gran día, y también sé muy bien a quién debemos que no solo no haya servido para lo que esperábamos (yo al menos, que seré una ilusa), sino más bien para lo contrario. Es mi análisis, y ahora sé que no soy la única que lo cree así. Puedo estar equivocada, pero en cualquier caso, es mi percepción y así lo he vivido, con inmenso dolor, decepción y tristeza… Así que a partir de ahora, cuando hable de mi experiencia en el orfanato lo haré de forma estrictamente personal. La mayor fidelidad se le debe una a una misma; mi decisión está en consonancia con este pensar. Y réquiem por un sueño". 

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