Los desplantes permanentes de Ayuso solo buscan provocar y situarse en el foco mediático, con el fin, entre otras muchas cosas, de presionar a Feijóo para, llegado el momento, postularse ella como candidata del Partido Popular a la presidencia del Gobierno, situación que la hace afianzarse en Madrid pero no en el resto de España, muy a su pesar.
Ella tiene una visión de país que niega la pluralidad del mismo, así como su historia, que no deja de ser la unión de reinos. Sin embargo, a Ayuso le gustaría que la realidad de la nación fuera otra muy distinta, y más a su medida y a la de los madrileños que la votaron.
España es Madrid, pero también es la unión de un conjunto de territorios que la hacen desde sus orígenes como tal, un estado plurinacional, como así es en otros países de la compleja Europa.
El desplante en una reunión de presidentes de las CCAA, en relación con el uso de las lenguas cooficiales, no deja de ser la rabieta de una niña tonta que quiere todo el protagonismo para ella, dejando en evidencia al resto de su partido, que como Alfonso Rueda Crespo, presidente de Galicia, habla a la perfección el gallego.
Los porcentajes del uso de las lenguas cooficiales hablan por sí solos.
En Cataluña utilizan el catalán el 32%, en Galicia habla el gallego el 43% y gallego/castellano el 23%, mientras que en el País Vasco, el euskera lo utilizan el 13% de los vascos y lo hablan el 43%. Con estos porcentajes, muy mejorables, Ayuso lo único que consigue, negando una plurinacionalidad y con sus desplantes, es ponerse en el foco mediático, que con las lenguas cooficiales como excusa, o con cualquier situación política que se dé en el futuro, para de esta manera presionar a Feijóo y sacarlo de la centralidad, si es que esta no lo consiguió ya, con el lema de la manifestación de Madrid del pasado domingo.
¿Tiene España un problema con los territorios históricos, o tenemos un problema con Madrid? La galleguidad es el modelo que se debe de tener como ejemplo y referencia en un estado casi federal, y que siempre definió en su labor política a un presidente como Xerardo Fernández Albor. Es cierto que el uso de pinganillos en determinadas reuniones institucionales, raya a veces el ridículo, pero la solución no es adoptar posiciones como la de la presidenta madrileña, que sólo contribuyen a dividir y polarizar más el país. ¿Es eso lo que quiere esta señora tan patriótica? Igual sí.