La mezcla de culturas y su mano de obra

04 de xuño 2026

Gustavo Olmedo opina que la inmigración legal y regulada resulta indispensable para el crecimiento económico de España, aportando mano de obra esencial en sectores básicos y contrarresta el déficit demográfico

Tomemos como referencia de lo que es una sociedad plural la ciudad de Pontevedra, que, al igual que el resto de España, hoy en día es una mezcla de culturas gracias a la inmigración. Creemos que hay una sola Pontevedra, pero no es así: hay distintos barrios como La Seca, Valdecorvos, Salgueiriños, El Burgo o Monte Porreiro (8.000 habitantes), así como sus 15 parroquias y la zona centro.

Estos distintos ambientes socioeconómicos y culturales configuran un sistema social que aporta positivamente a las relaciones humanas, sobre todo cuando se produce una mezcla e interrelación entre ciudadanos de distintas nacionalidades, lo que conlleva un enriquecimiento personal por parte de aquellos habitantes que, de forma natural, espontánea e instintiva, contribuyen a ese maridaje del que todos, unos y otros, nos beneficiamos. Este fenómeno se da en todos los campos: la cultura, el deporte, la religión, la música, la política, etcétera.

En la ciudad del Lérez, y según el Instituto Nacional de Estadística (INE) con datos del año 2023, habría una población extranjera censada en torno a los 5.000 habitantes (equivalente a la población total de Ponte Caldelas), que contribuyen sin duda alguna al enriquecimiento cultural de la ciudad, porque una urbe se hace cosmopolita con la mezcla de culturas, mal que les pese a algunos. Venezuela, Portugal, Marruecos, Brasil y Colombia suponen casi el 5% de la población en una ciudad como la de Pontevedra, mientras que a nivel nacional estaríamos en los 7.240.000 extranjeros, lo que supone el 14,6% del total. Sin duda alguna, todos ellos contribuyen en el ámbito laboral en aquellos trabajos que muchos españoles rechazan, pero que, sin embargo, son básicos y necesarios en la logística y el funcionamiento de un país y de cualquier ciudad.

La inmigración legal y regulada es el camino a seguir en España, donde tenemos los índices más bajos de natalidad de la Unión Europea y del mundo, con un 1,1 hijos por mujer y 6,4 nacimientos por cada 1.000 habitantes.

Las políticas populistas y de ultraderecha no contribuyen para nada a la integración de aquellas poblaciones de otros países con los cuales, en muchos casos, compartimos cultura, tradiciones y lengua. La hostelería, la pesca o la construcción son algunos de los sectores laborales y claros ejemplos —con alta siniestralidad laboral en el último caso— donde la viabilidad de los mismos es posible gracias a la mano de obra extranjera.

Camareros, personal de limpieza o peones de hostelería cubrirán este verano en Sanxenxo aquellos sectores de los que los nacionales, merecidamente, disfrutamos en la época estival, y en donde la inspección de trabajo debe anticiparse para evitar la explotación laboral.

La deficiente atención de cara al público que de forma crónica viene produciéndose en sectores como la hostelería es, en muchos casos, debido al empresario contratante y no al inmigrante; este último viene, en su mayoría, con intención de integrarse en un país donde el empresario debe jugar también un papel decisivo y activo en dicha inclusión para que esa mezcla de culturas sea positiva, efectiva y real. De este modo se contribuirá al crecimiento económico de España y se evitará un rechazo a la larga de aquellas poblaciones foráneas de las cuales el país presenta un déficit importante de mano de obra.

Pontevedra debe servir como ejemplo, y creo que lo está consiguiendo a través de su modelo urbano de integración y crecimiento, donde la población hispana forma cada vez más parte del tejido social de la ciudad. Sin embargo, la calidad de vida de una urbe no es sinónimo de calidad en el empleo, que muchas veces se cronifica en una precariedad laboral que se convierte en un problema estructural, como ocurre en el sector servicios, y que se extiende al resto de España.

Si queremos una integración real de aquellas poblaciones que con su cultura y mano de obra enriquecen al país, habrá que diseñar ya unas políticas realistas de empleo y vivienda en las que participen todos los actores y sectores implicados.

España, en la actualidad, tiene una dependencia importante de la población foránea en el desarrollo y crecimiento de su economía, así como en otros sectores estratégicos, siendo el turismo un claro ejemplo de ello al suponer el 12,8% del Producto Interior Bruto (PIB).

Por lo tanto, démonos la mano y caminemos juntos por el bien de todos y de nuestro modelo de vida, donde no se mire al extranjero como a un extraño, sino como a aquella persona que aporta y que es necesaria para ese modelo social y económico del que tanto presumimos y defendemos los europeos, y que es el mejor.