La cultura sobrevive. Y nos cura

27 de outubro 2025

Hay psiquiatras que le otorgan más importancia a leer, o escribir, a la literatura por lo tanto, que a las medicaciones

Cultura, lo sabemos de sobra, es todo: conocimientos, costumbres, modo de vida… Pero, más comúnmente, solemos referirnos a ella al hablar de música, arte, literatura etc. Pensando en este aspecto tenemos que reconocer que la cultura sobrevive. Y lo que es mejor nos cura, nos sana o - por lo menos – nos mejora. Hay psiquiatras que le otorgan más importancia a leer, o escribir, a la literatura por lo tanto, que a las medicaciones. En cualquier caso es evidente que, en las sesiones terapéuticas o diagnósticas, en el clásico diván, la mejor comunicación entre paciente y médico o psicólogo se consigue con un buen conocimiento de la expresión oral u otras referencias. Aunque, en los tiempos que se avecinan, ya en los actuales en realidad, las traducciones simultáneas de los aparatos electrónicos van a tener como consecuencia que la atención a las pantallas nos impida la fijación a la mirada, a los gestos de cualquier tipo. No olvidemos que los acercamientos o los enamoramientos entre dos personas, no hacían indispensable la utilización de la misma lengua, del mismo idioma. De la misma forma que la contemplación de un cuadro de Van Gogh puede remitir a idénticas sensaciones a un belga o a un chino, demostrando que las épocas, las distancias, o los hábitos de un determinado pueblo no nos hacen tan distintos. Quizás porque en nuestras profundidades psicológicas nuestra especie no difiere tanto. Y que a John Lennon, Presley o Janis Joplin les ayudaba la traducción pero los entendíamos sin ella.

Pero la cultura no sólo nos une y civiliza, aún más:  mantiene vivas a personas muertas hace siglos - o sólo meses - desde las interpretaciones orquestales que se han ido sucediendo. Lo mismo ha ocurrido siempre con el teatro y, ahora todavía más desde los medios de reproducción cinematográficos, fotográficos o sonoros. Es evidente que Bach, Leonard Cohen, Shakespeare, etc. viven porque los vemos y los escuchamos. Con la lectura no vemos físicamente a los autores pero – ¡oh milagro! – los hay a quienes hemos entendido aún mejor porque han sabido comunicar con nosotros desde las entrañas – suyas y nuestras – y nos han revelado cómo son (o eran) ellos y también nosotros. 

El silencio disminuye el estrés, la ansiedad. Y también cura: ya Nietzsche hacía referencias de ese tipo. Aunque sea distinto no sólo en su duración, hay silencios largos en solitario contemplando un paisaje inmóvil o breves silencios que en la música de J. S. Bach – hay estudios sobre ello - no son simplemente pausas sino que pueden estar repletos de expresividad. 

El eminente psiquiatra (médico, intelectual y activo en política) que fue Castilla del Pino manifestaba que la cultura cura porque ayuda a interpretar el mundo. Y que la vejez empezaba cuando no existe un proyecto. 

Proyectos son los viajes que relajan y nos cultivan y enriquecen culturalmente desde muchos puntos de vista. La masificación turística y la competitividad en los mismos: hay gente que le gusta viajar más lejos y más rápido que los demás, empobrece los desplazamientos, dificulta la observación reposada imprescindible para conocer, para "cultivarse".  No me resisto por ello a relatar un viaje que hice recientemente (aunque hasta puede parecer que hago "publicidad" de determinado sitio) a París.

Hace muchos años, viví un corto período de tiempo en un Hotel ya desaparecido como tal, no el edificio, en la Rue de L´Huchette en pleno Barrio Latino. En un extremo de la calle se encuentra "Le Caveau de l´Huchette "Muy cerca del Teatro de L´Huchette muy famoso e interesante históricamente también. 

Le Caveau es desde hace muchas décadas (1948) un club de jazz por el que han pasado los más famosos músicos del género jazzístico. Ahora, es posible asistir a unos de esos conciertos agradabilísimos, cómodamente, con consumición, o no, de una copa. La traducción de "caveau" nos remite a una bóveda, una tumba, cripta, bodega … todo eso es el club hoy, al que los siglos han más enriquecido que deteriorado. Las salas se conservan en su estado original, quizás hasta un pozo insondable en donde aún puede haber restos de cadáveres puesto que allí durante la revolución francesa se procedió a juicios y ejecuciones inmediatas por medio de la guillotina o arrojando las víctimas al pozo. Arriba, en las tabernas dónde hoy asistimos al concierto se reunían en 1789, Robespierre, Marat, Danton, por citar sólo a los más conocidos.

En el Caveau de L´Huchette percibes – sientes – al mismo tiempo la arquitectura, la historia, la música, el diálogo. Un vivísimo compendio cultural.