Toda esa supuesta fórmula y bálsamo de Fierabrás que viene arrastrándose en las últimas décadas por Europa adelante parece que no es capaz de tener hospitales, universidades, empleos o jubilaciones para todos. Las luces de emergencia están encendidas desde hace mucho tiempo para la gran mayoría de los países occidentales, luces de emergencia que son la letanía de los malos gobernantes que no se han preocupado más que de llegar a las siguientes elecciones sin tener plena dedicación a la solución del empleo, de la competitividad, del gasto, del déficit o de la deuda: de esta forma no han dejado de socavar la estructura económica de las sociedades europeas. Llegamos a este punto en que el modelo que garantizó sanidad y educación universal, protección social o jubilaciones dignas, muestra las grietas por donde asoma la cabeza el círculo del bajo crecimiento, continúa por la cresta de la montaña con los altos costes e impuestos, se extiende por toda la administración pública mediante el inmenso gasto y en especial el inmenso gasto improductivo, y finaliza en unos presupuestos ampulosísimos pero con menguadísimas inversiones en cualquier aspecto, en especial en infraestructuras y educación. Añadamos el inmenso problema de la inmigración. Lo que un día en los años 60’ era un modelo de forma de vida de la que fueron ejemplo los países más fuertes de la UE como Alemania o Francia, en donde convivía la prosperidad económica y las distintas formas de justicia social, hoy son países que están metidos de hoz y coz en la ruta del bacalao, increíble bacalao griego.
Como consecuencia de esta deriva en el ímpetu económico de algunos países europeos, ha venido creciendo el malestar de la población en general y de la sufridora en particular por la situación en la que se vive y que ya no se considera ni mucho menos idílica. Y este punto hay que precisarlo: para tener una explicación de todo este proceso por lo común apelamos a la ideología, a las siglas partidistas o a persoeiros significados, pero nada de esto clarifica el asunto si no nos atenemos a los hechos. La situación actual de deterioro se produce con la Política, en mayúsculas, dedicada en cuerpo y alma a crear un Estado inmenso. No hay actividad económica alguna en la que el Estado no esté participando de una u otra manera ni tampoco hay situación social en la que el Estado no esté presente: funcionarios, partidas presupuestarias, leyes, decretos... etc, todas las sociedades europeas están repletas de Estado y mires a donde mires el Estado se ha extendido como una ameba. Esta es la única condición económica común que cumplen todas las sociedades europeas. Todas han avanzado en la creación del Estado grandioso que todo lo soluciona, el rey Sol. Así, el Estado francés es como Luis XIV. En Alemania como Bismarck. Los presupuestos nacionales a lo largo de las últimas décadas fueron creciendo una y otra vez hasta niveles duplantis mientras las dificultades aumentaban en proporción aún mayor, porque cuantas mayores intervenciones o subvenciones suministra la Política, que previamente ha tenido que arrancarlas de la economía productiva, para entregarlas a ciudadanos que su derecho y deber es estar trabajando, en su lugar van a seguir queriendo más subvenciones y durante más tiempo. Esto ha provocado que el deterioro haya ido avanzando cada vez más aprisa. Eso sí, teniendo en cuenta la desfachatez sectaria y delicuencial de los políticos que están gastando el dinero de las generaciones venideras al compás del déficit y de la Deuda. A estas alturas del partido tenemos, por tanto, dos extremos: por un lado, el nivel más alto que nunca ha alcanzado el Estado en sociedades libres, y por otro, la ciudadanía mayoritariamente subvencionada muestra su creciente malestar. El Estado no hace pié.
¿Francia? Está de Estado hasta arriba. ¿La Política? Mantenían en la cuna social a sus ciudadanos con la jubilación a los 60 años. Hace bien pocos años la pasó a 64 y hoy Gargantúa no soporta que le interrumpan la ingesta: los insumisos de la France -que no son insumisos de nada sino que son sumisos al dinero de los demás, dinero al que tanto aman-, están dispuestos a tirar abajo la jubilación actual y retornar a la cuna: quieren que el Estado los amamante. Los ciegos gargantúas de guardia en el socialismo e ideologías atrasadas parecidas que tanto gozan en la infinita glotonería con el dinero ajeno, están por la labor.
De inmediato, lo sucedido en Grecia será un chiste: el boomerang que lanza la izquierda chillona contra el capital y bobadas marxistas por el estilo se va a fundir en hierro y le va a caer en el occipucio al mismísimo atolondrado personal que sigue mirando para el dedo.