Fotos, flash y falsedad: la rutina de nuestros políticos

17 de novembro 2025

En Galicia llevamos semanas discutiendo sobre fotos, poses y encuentros internacionales como si de eso dependiera el precio del combustible o la lista de espera de un hospital. Los partidos del Parlamento gallego lanzan acusaciones cruzadas con tanto entusiasmo que uno pensaría que están en plena campaña electoral… cuando, en realidad, están simplemente haciendo lo de siempre: practicar su hipocresía con profesionalidad. Porque lo curioso no es que una líder política aparezca en una foto controvertida.

Lo realmente interesante es ver cómo, al instante, todos los partidos con representación en la Cámara se lanzan como si fueran jueces morales, cuando ellos mismos tienen álbumes enteros que preferirían quemar.

La derecha recuerda con precisión quirúrgica las malas compañías de los demás, pero pide olvido inmediato cuando aparece aquella famosa foto en el barco que lleva décadas persiguiendo al partido como un fantasma marítimo. La izquierda se burla de esta imagen cada vez que puede, pero cuando toca explicar sus propias contradicciones internacionales, entonces todo se convierte en "visita institucional", "contexto diplomático" o "interpreta usted mal".

Los nacionalistas, por su parte, se presentan como los únicos libres de pecado… mientras arden de indignación cuando alguien les recuerda que también tienen algún que otro posado que les gustaría borrar del mapa. Todos indignados, todos ofendidos, todos muy dignos. Y todos, absolutamente todos, exhibiendo una memoria selectiva más precisa que un reloj suizo.

Así funciona el Parlamento gallego: un teatro donde se critican las fotos ajenas mientras se maquillan las propias; donde la condena es inmediata cuando el error es del rival, pero la explicación es eterna cuando el error es propio; donde la palabra "coherencia" aparece mucho en los discursos, pero muy poco en los hechos.

Mientras tanto, el ciudadano medio observa esta danza de reproches y piensa con razón: "Si esto es lo mejor que pueden hacer, no es extraño que Galicia avance más despacio de lo que debería". Porque un Parlamento debería ser un lugar de responsabilidad, no una pasarela de indignación selectiva.

Esa es la realidad incómoda: la hipocresía política no entiende de colores ni de ideologías. Está tan repartida como los escaños. Y por eso cada nueva polémica no revela quién tiene razón, sino quién tiene mejor memoria para olvidarse de sus propias contradicciones.

En Galicia podemos discutir muchas cosas, pero hay una verdad que nadie puede negar: los partidos que nos representan hablan mucho de transparencia, pero cuando se trata de fotos, malas compañías o incoherencias… todos prefieren apagar el flash.