Del Futuro para ti

27 de agosto 2025

Cuando un venezolano llega a España todo lo que ve en un primer momento le deslumbra: la seguridad y la limpieza en las calles, la salud y el transporte público, la belleza indiscutible de la arquitectura y del ornato, la simpatía y calidez de la abrumadora mayoría de los españoles. Todo especialmente potenciado por venir de un país demolido por el socialismo, donde siendo la nación con las primeras reservas de petróleo del mundo padece períodos de escasez de gasolina, donde para operarte en un hospital público debes llevar desde las gasas hasta el desinfectante del quirófano, donde los policías y militares te extorsionan en cada esquina a plena luz del día y si protestas te reprimen salvajemente. Donde el dinero se diluye en tus manos por recurrentes periodos de hiperinflación y caos monetario. En fin, donde una oligarquía revolucionaria que llegó al poder odiando la riqueza y sublimando la pobreza viven en una burbuja de excesos propia de un marahajá. O de un narco, para ser más rigurosos, mientras la gente común malvive pegando carreras para sobrellevar esa miseria. Es en ese momento cuando te enteras que los que mandan aquí son aliados y cómplices de los que mandan allá. Que el presidente del gobierno aquí comparte ideología con tus represores, entonces explota la cabeza y te asaltan las preguntas: ¿por qué coño estos tipos apoyan a los que me sacaron de mi país y no hacen lo mismo en el suyo? ¿Será que el socialismo en España sí funciona?

Con el tiempo y la observación atenta de la realidad esas preguntas comienzan a responderse solas. Cuando compruebas que los sueldos en España son bajos, que encontrar trabajo es difícil, que si lo encuentras debes de aferrarte a él aunque no te guste, que existen largas listas de espera en la sanidad pública para ver a un especialista u operarte. Que los impuestos se llevan una parte significativa de tu esfuerzo siendo autónomo o empleado. Que, además, hay otros inmigrantes que abusan del sistema y alteran la convivencia civilizada afectando de esta forma a tu imagen como extranjero, aunque seas una persona respetuosa y correcta. En fin, es el momento cuando asumes plenamente los reclamos de los españoles que al principio te parecían un poco exagerados. Es allí que entiendes que el socialismo "funciona"... hasta que destruye la fuente de riqueza que lo paga. Que las sociedades europeas simplemente van a un ritmo mucho más lento, por la riqueza acumulada previamente, en dirección a donde Venezuela ya llegó. Que el socialismo siempre es pan para hoy y hambre para mañana, y que afortunadamente los socialistas de aquí no controlan las fuerzas armadas ni los tribunales ni todos los medios de comunicación. Es decir, que no sometieron con arbitrariedad, sangre y fuego a sus adversarios. Por ahora.

Al final agradeces vivir en una democracia imperfecta en la que no todo está escrito, y cuando ves a Pedro Sánchez aferrado al poder como un gato en una moto, aliado a los que quieren desintegrar España, intentando controlar la justicia, los medios de comunicación y los periodistas independientes, dices... pana, otra vez no. Al menos, no con mi silencio.