El invitado tigre

22 de abril 2026

Hoy China es emporio de producción gracias al Occidente iluso: sin derechos laborales, sin seguridad social, sin horas, sin jubilación, sin sanidad, sin cobertura para los que no pueden trabajar...

¿Qué sabemos de China, qué saben de China las nuevas generaciones? En el sistema educativo de control del conocimiento que tenemos (de la lengua, de la Nación...), ¿se les ha aportado información sobre este milenario país y las circunstancias por las que ha atravesado a lo largo del siglo XX? El hecho más resaltado es aquel en que el mainstream histórico habla repetidamente de hambruna y gran hambruna con el fin de referirse a los resultados del comunismo del Gran Salto Adelante como millones de muertos. Los millones y millones de muertos dizque fueron consecuencia accidental del experimento aplicado por el comunismo a través de programas económicos mal concebidos y mal ejecutados. Un cuento de Caperucita. Entre los últimos años de los 50’ y los primeros del 60’ el pueblo chino descendió al Infierno: mientras en Europa había finalizado el extermino del pueblo judío por parte de los nazis, con ramificaciones del comunismo soviético ahondando en el mismo menester, el partido comunista chino iniciaba un pogrom absoluto, fanático y universal contra su propio pueblo: antes y después nada en el mundo superó sus consecuencias. La imposición feudal comunista abarcaba todos los rincones, todas las aldeas, todas las gentes, todo absolutamente a la medida de esa necia ideología totalitaria que en los libros habla de una nueva sociedad y un hombre nuevo y que la realidad devuelve en el mismo instante al más absoluto terror.

Vistas las condiciones de vida de absoluta miseria que había en China, después de la guerra civil que ganó el comunismo, decidieron que en quince años tenían que disponer de cifras similares a las de Gran Bretaña. No querían parecerse al comunismo soviético que dominaba Rusia a través de la industria pesada: utilizaba con la misma intensidad recursos naturales y explotación de su propio pueblo. Los comunistas chinos consideraron que el principal recurso natural tenía dos patas: arrampló con la vida de millones de campesinos y gentes de ciudad, los movilizó bajo la amenaza de los fusiles, las cárceles y la tortura para transformar la agricultura y convertir una economía subdesarrollada en una sociedad comunista en la que todo el mundo tendría sus necesidades básicas cubiertas. Ya se sabe que nada como el comunismo, esas decenas de individuos sentados bajo un mar de banderas rojas y más abajo un mar de fusiles apuntando al pueblo, para saber el tamaño de la cárcel global a construir y para saber con exactitud las necesidades de todo tipo de los individuos, así como la determinación de cuánto y qué ha de producir un país, el destino impuesto a todos sus habitantes y así alcanzar la soñada igualdad de la más absoluta miseria.

Todo se colectivizó, las familias fueron desgajadas, separadas y enviadas a comunas gigantescas. Los campesinos que tenían su parcela de tierra, sus animales, sus aperos de labranza, su familia, fueron arrasados sacándolos de sus casas, abandonaron hogar, tierra, pertenencias. El alimento pasó a distribuirse en cantinas colectivas a cucharones, y como auténticos hijos de la gran chingada los comunistas aplicaron sobre la mismísima comida un instrumento de terror: el cucharón vertía menos cantidad de aquella bazofia a los que no seguían con exactitud y entusiasmo las consignas y dictados del partido, mientras las cárceles les esperaban en cuevas bajo tierra. Se llevaron a cabo gigantescos programas de irrigación en los que los aldeanos trabajaban toda la semana sin descanso, lejos de su hogar, sin comida ni reposo adecuado. Se asesinaba a los ricos, a los que se quejaban, a los que simplemente parecían bien educados... incontables seres humanos fueron asesinados. Asesinatos en masa que habían comenzado de inmediato. El proceso duró unos 5/6 años: asesinados los viejos, los enfermos, los impedidos, los que no aguantaron más... pero no unos cientos de miles. Con la apertura de los archivos del partido que hasta hace muy pocos años era secreto militar, se precisa por la propia Seguridad Pública china que estamos ante el asesinato masivo del comunismo más criminal, un increíble nivel de violencia contra sus ciudadanos que provocó el asesinato de unos 45 millones de personas. El mayor desastre provocado por el hombre, crimen que debe ser estudiado en los institutos de forma limpia y del que tenemos la obligación de conocer aquellas ideologías que han construido semejante arquitectura de la Barbarie. En el mismo instante -y mucho más a partir de mayo del 68- florecían en todas las universidades europeas cientos de organizaciones que se declaraban prochinas y maoístas a la vez que intelectuales de postín -Jean Paul Sartre...- se adscribían a la santa compaña en uno de los mayores y terribles ejemplos de la estupidez humana. En España había partidos, grupúsculos, organizaciones, personas y personajes comunistas en la misma época, y había también organizaciones prochinas como Movimiento Comunista, Partido del Trabajo y algunas más, vivas y coleando en los años 70 del siglo: Simon Leys ya había escrito desde allí lo que estaba sucediendo realmente, asunto parecido al de Solzhenitsyn, atacados por toda la Imbelicidad europea y española con el ingeniero Juan Benet al frente.

Al cabo de años de comunismo China seguía en la más absoluta de las miserias. Un ciudadano chino había estado trabajando en Europa en su juventud, viviendo en los suburbios de París. Luego volvió a su país y a su dictadura comunista: fue víctima de las periódicas purgas, superviviente de la Larga Marcha -otra guerra a muerte emprendida por el partido comunista chino contra sus habitantes-, participa en 1979 de la derrota china ante Vietnam y, por un azar maravilloso, visita Singapur ese mismo año: sabía que solo unos años atrás era una mísera aldea al borde del mar, pero ahora mostraba lo que ya era, un rico enclave, una riqueza inalcanzable para la sociedad china. Den Xiaoping la compara con los desastrosos, repetidos e infames efectos del comunismo y ante el abismo de alimentar a más de mil millones de personas se lanza a las reformas económicas, liberaliza radicalmente el entramado comunista sin dejar un ápice el control policial de la población... se puede decir que el proceso de modernización chino adoptando el capitalismo en el modo de producción ha hecho que se haya reducido la pobreza de millones y millones de personas en una sola generación, quedando inaugurado el Capitalismo de Estado Policial, entidad nueva en la Teoría Política.

Hoy China es emporio de producción gracias al Occidente iluso: sin derechos laborales, sin seguridad social, sin horas, sin jubilación, sin sanidad, sin cobertura para los que no pueden trabajar... el partido comunista sigue decidiendo quien vive y quien no, quien puede abrir tal empresa, quien puede desplazarse. Una voluntad política que emana de un politburó que no encuentra resistencia alguna, que no necesita negociar nada ni someterse a contrapoderes, que desconoce la existencia de salvaguardas constitucionales. Hasta ahí llega nuestro presidente, presidente de una nación democrática europea basada en las libertades individuales y en la separación de poderes pero que lleva años degradando la democracia de la sociedad española, distanciándose cada vez más de una sociedad libre, de una democracia plena: en su lugar ha ido incorporando un autoritarismo explícito en formas y fondo. Nuestro presidente va a China a aprender.