La memoria como resistencia frente al blanqueo del terrorismo

05 de setembro 2025

José Manuel Corral afirma que "la iniciativa de la UNED en Pontevedra adquiere un valor incalculable. Su exposición no es únicamente un ejercicio de recuerdo, sino también un compromiso con la verdad y con la dignidad de las víctimas"

Han pasado ya cincuenta años desde aquel 13 de septiembre de 1974, cuando una bomba colocada por ETA en la cafetería Rolando de Madrid segó la vida de trece personas e hirió a más de setenta. Fue el primer atentado indiscriminado y masivo de la organización terrorista, y supuso un salto cualitativo en su estrategia de terror. Apenas diez días antes, yo había ingresado en la Guardia Civil, de manera que aquel suceso quedó marcado a fuego en mi cerebro, como lo estuvo en la historia reciente de nuestro país.

Al recibir la noticia de que la UNED en Pontevedra inauguraba el curso académico con una exposición sobre aquel atentado, me faltó tiempo para remover mi "cartera de camino", ese baúl simbólico en el que conservo recuerdos y vivencias profesionales. Y allí, entre tantos episodios ligados al dolor y la resistencia, volvió a aparecer con nitidez aquel septiembre de 1974 en el que la barbarie terrorista golpeó de forma indiscriminada.

Uno de los paneles de la exposición, titulado significativamente "(Des)memoria", me impactó de manera especial. Recuerda cómo durante años hubo quienes intentaron desviar la autoría del atentado, negar la implicación de ETA o incluso blanquear a los responsables, mientras que el reconocimiento del crimen por parte de la banda no llegaría hasta 2018. Ese panel pone en evidencia lo que muchos venimos denunciando: el relato de las víctimas ha sido silenciado demasiadas veces frente a discursos de justificación o indiferencia.

Hoy, medio siglo después, preocupa ver cómo persisten los intentos de blanqueo. Solo este verano se documentaron 135 actos de apoyo a ETA en localidades del País Vasco y Navarra, algunos incluso con respaldo institucional. Y mientras tanto, los supervivientes y familiares de las víctimas continúan sintiéndose olvidados, convertidos en los grandes ausentes de la historia oficial.

Por eso la iniciativa de la UNED en Pontevedra adquiere un valor incalculable. Su exposición no es únicamente un ejercicio de recuerdo, sino también un compromiso con la verdad y con la dignidad de las víctimas. Como recoge una de las citas que cierran el panel 21, extraída de Patria de Fernando Aramburu:

«Pedir perdón exige más valentía que disparar un arma, que accionar una bomba».

Esa frase resume de manera certera la esencia del problema: quienes eligieron el camino del terror jamás mostraron la verdadera valentía de asumir sus crímenes ni de reconocer a sus víctimas. Y es precisamente ahí donde la memoria cobra todo su sentido: recordar a los que sufrieron, reivindicar su dignidad y rechazar cualquier intento de justificar o maquillar la violencia.

Ojalá esta exposición sea solo el inicio de una cadena de iniciativas que multipliquen espacios de memoria, porque frente al olvido y la indiferencia, la verdad y la justicia siguen siendo nuestro mejor recurso contra el fanatismo y la violencia.