La propuesta de Rufián no interesa ni al BNG ni a Galicia

21 de febreiro 2026

Rufián sabe que está en su mejor momento político y mediático, aunque es consciente de que sus ambiciones personales chocan con su independentismo. También declaró en su día que dejaría el escaño en el Congreso. La izquierda estatal debe ser una y hablar con una sola voz. Podemos, Bildu, BNG y Compromís se desmarcan en principio de su proyecto, no porque no crean en el mismo, sino posiblemente, y entre otras cosas, porque perjudicará a las citadas formaciones en sus respectivos territorios y por la persona que hace la propuesta, pensando estos que a la larga los egos terminarán lastrando la nueva formación política de las izquierdas, si en realidad lo que hay detrás es una propuesta personalista.

Mientras Sumar pone la condición de que esté a la cabeza de la nueva formación la Vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, Ana Pontón ha sabido responder a la invitación de Rufián, que para nada refleja la realidad y los intereses de la sociedad gallega, repartida fundamentalmente en un PPdeG sólido y un BNG estable, que debe ser el referente del nacionalismo gallego de izquierdas a falta de una formación galleguista y moderada.

Basta como ejemplo que el sentidiño de los gallegos se refleja en que ni VOX, ni Sumar, ni Podemos tienen representación en el parlamento autonómico. El proyecto de Rufián es necesario para aglutinar a la izquierda real, sobre todo con la ley D'Hondt, que penaliza en determinadas circunscripciones a una izquierda tan dividida. Pero no debería ser el proyecto del BNG, con unos sondeos que le son favorables y la posibilidad de tener un diputado más en el Congreso.

El modelo aglutinador de la izquierda real que Rufián defiende sirve para España, pero no para Galicia. A raíz de la desaparición del mapa gallego de las fuerzas progresistas estatales, emergió un BNG fuerte, con 25 diputados autonómicos, su mejor resultado histórico, y un PSdeG/PSOE en caída libre y candidatos muy débiles como cabezas de cartel, como ya es tradicional en los socialistas gallegos.

El modelo estatal progresista debe ser Izquierda Unida y Antonio Maíllo; sirva este de ejemplo: ese es el referente y el perfil de candidato que cree en un proyecto político de futuro, estatal y progresista. Es curioso que en las comunidades de Aragón, Galicia, Islas Baleares, Cataluña, País Vasco y Navarra, Podemos apenas tenga representación, con una presencia importante en las mismas de las fuerzas nacionalistas de izquierdas.

Rufián está proponiendo inteligentemente un buen proyecto de futuro para las fuerzas progresistas, pero a la vez oportunista, en torno a su persona, y algo cuestionado en las filas de ERC, ya que su propuesta de un frente de izquierdas no la consultó con la dirección del partido republicano, pudiendo lastrar su trayectoria.

Si al final solo tenemos unos perfiles mediáticos, estos terminarán siendo fenómenos coyunturales del momento, que podrán funcionar bien durante una etapa, pero serán difíciles de mantenerse en el tiempo si solo hay retórica y no efectos reales en políticas sociales que los ciudadanos potenciales de estas formaciones perciban de forma directa en el corto plazo; errores que en su día cometieron UPyD de Rosa Díez o Ciudadanos de Albert Rivera. En el otro espectro ideológico, ellos mismos se comieron su propio proyecto político porque no creían en él. Todo suena muy bien, pero sin personalismos, Neptuno devorando a su propio hijo.