¿Con qué dinero se paga esta subida y las otras subidas? Con Deuda. Y lo mismo sucede con bonos de transporte, bonos joven, bonos viejos, bonos de aquí e de acolá. No hay riqueza nacional producida para repartir porque los Presupuestos de la Nación lo muestran una y otra vez: la riqueza que se produce en el PIB está íntegra y previamente liquidada habiendo gastado mucho más de lo que se ingresa. El servicio del funcionamiento del Estado, el despliegue de las Políticas Sociales, la miserable partida de Inversión que baila al compás del consiguiente deterioro de los Servicios e Infraestructuras Públicas, luego la financiación de las Administraciones Territoriales y, finalmente, aquella riqueza que acaba sus días hundiéndose en el proceloso mar de los sargazos, esa montaña de Gasto: no hay dinero en ninguna Caja del Estado para seguir amparando sectariamente el voto de los pensionistas y que lo hagan al partido del Gobierno ni hay criterio económico alguno. Esto y no otra cosa es el grado cero de gestión de la Economía Nacional que hace esta galaxia rosa-rosae así se vaya la economía y el nivel de los sueldos de los trabajadores por el barranco abajo atacados por la herrumbe fiscal para pagarlo:

Somos una sociedad que gasta y ha gastado mucho más de lo que ingresa durante años porque no hay ninguna demanda por parte de la ciudadanía en saber: nos basta que sean los nuestros los que gobiernen y sobre esa pereza y esa dejadez la Política ha construido un monstruo sin que se cite ni una sola vez en el discurso nacional. Como ejemplo, y siguiendo el BOE en que se publicó el decreto con el Presupuesto del 2023 -¡que es el que actualmente está en vigor!- vemos el enjuague a final de ejercicio: no se amortiza Deuda alguna sino que se modifican las fechas de vencimiento cancelando las que vencen a corto plazo para darles una patada y pasarlas a 10, 15 o 20 años hacia adelante aprovechándose de posibles bajadas del tipo de interés. Y luego, como no hay dinero ni para amortizar dicha Deuda ni para pagar la extraordinaria partida de Intereses, vuelven a constituirla para todo el nuevo ejercicio amparados por el BCE que se la va a comprar:

¡Ah! ¿Y qué se hace a final de año con el escandaloso Déficit que ya lo tienen presupuestado desde inicio de curso pero no lo citan ni una sola vez en el texto? ¿A dónde va a ir? A la Deuda.

Un circuito de decadencia que tiene la connivencia de todo el arco parlamentario, de todos los medios de comunicación y de los pensadores áulicos, por ignorancia, palabra, obra u omisión. De tal manera que a final de cada año y durante todos los años la Deuda realiza el siguiente e idéntico minué:

La ciudadanía ni cuestiona ni quiere información ni le interesa absolutamente nada sobre el tema, prefiere mil veces Trump y la extrema derecha, la derecha extrema y la ultraderecha, pero es dentro de casa donde tenemos el grandísimo problema. Tutti quanti esperan con gran ilusión que el futuro, este futuro acumulado en Deuda como torre de Babel, se parecerá al pasado, pero si sumamos todo lo que los gobiernos del psoe han gastado de más desde 2018 estamos metiendo casi 500.000 millones de € solamente por el asunto Déficit Presupuestario, ¿éste es un camino sensato con el que llegar al cielo de las sociedades libres, bien gestionadas y con un alto nivel económico? Porque cada año vuelan al cubo de la basura más de 30.000 millones de € en intereses de la Deuda, amén de las consecuencias para la economía y la financiación privada de detraer del PIB nacional 138.000 millones que salen del circuito de la producción de crecimiento, riqueza, empleo e inversiones para permanecer durante años y años parados en el palo del gallinero sin crear un solo gramo de riqueza.
Con toda esa montaña de obligaciones de pago que se han gastado desde hace décadas entiendo que la Nación tiene que estar niquelada, no debe faltar de nada, por eso es saludable repasar lo que tenemos: tenemos apagones en la red eléctrica de la cuarta economía europea, y hay voces importantes que avisan de que la situación está siendo muy preocupante, que no es desechable ni mucho menos que podamos encallar cualquier día por el atraso en la renovación de la red y en la implantación de nueva estructura, es decir, por la falta de inversión; tenemos accidentes e incidentes continuos en la Alta Velocidad porque no se gasta dinero en sus mantenimientos y se miente una y otra vez sobre el asunto intentando esconder la falta de previsión, gestión e inversión de las estructuras; tenemos danas que destrozan cientos de vidas porque no se han hecho las obras necesarias para impedir la violencia de los arrastres, no se ha invertido en las infraestructuras hídricas para resolverlo; no tenemos viviendas, ni una puñetera vivienda construida y lo que sí tenemos es una palabrería que retrata: abandonada la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos intentan montar una contrapartida fácil y barata, de todo a cien, sectaria, demagógica y lacrimógena para la que increíblemente siguen teniendo auditorio en un discurso patético: nosotros... ¡ah, nosotros, nosotros... por favor!... para de inmediato asomar el colmillo, la alerta permanente: ¡acaban con los derechos, cuidado!, las pensiones peligran si se os ocurre votar a otros... Este estado mental mediopensionista, de corva adolescencia y sin haber entrado aún en madurez democrática tiene que hacer frente a la dirección integral de una nación con los resultados que a la vista están.
Pero ¿qué más tenemos? En contrapartida tenemos más empleo público, más subsidios, más redes clientelares, más subvenciones, y tenemos también que a uña de caballo fiscal se presiona a la ciudadanía para que no disfrute de su esfuerzo y en su lugar el Estado recaude mayor proporción de su Renta, asunto que se demuestra observando el nivel de los salarios reales que clama a manifestación; tenemos por otra parte a la empresa con su libertad económica asaltada e intervenida por majaderías varias pero de gran peligro venezolano; y, como finalmente es imposible que la manta pueda tapar cabeza, pies y pecho petral recurrimos al Gran Salvavidas, ese antieconómico, despilfarrador y peligroso recurso que es el endeudamiento, la Deuda masiva, el Gran Sonajero. Tenemos así un Estado que viene aumentando su tamaño de forma considerable desde hace décadas y con todo lo que hemos gastado en todo ese tiempo podemos decir que estamos salvados: si el Estado ha aumentado de tamaño como un zampabollos no hay nada que temer. Más aún si al frente tenemos este gobierno que hemos comprado en los chinos y, como dice uno, tiene montado un taller literario en Moncloa y otro en la TVE que nos cuentan historias.