Ante todo, cabe destacar el valor de la participación de la Asociación Cristóvão Colon de Portugal en esto evento internacional. Este congreso nos permitió profundizar en algunas reflexiones que, en definitiva, dan continuidad a lo que ya veníamos pensando. Por lo tanto, agradezco el alcance de este congreso. Sin embargo, ante todo, debemos mantener la imparcialidad y la integridad de cualquier investigación. Más allá de las cuestiones históricas que rodean las diferentes teorías sobre el origen de Cristóbal Colón, en particular la gallega, es importante experimentar y comprender las externalidades motivacionales y psicológicas implicadas en la organización de eventos desto tipo y, sobre todo, los contornos de las afinidades y emociones individuales que guían el apoyo a las respectivas teorías.
Se observa que existen numerosas lagunas en el conocimiento mutuo de la obra de Colón y de los investigadores coloniales de Portugal, España e Italia. En ocasiones, se percibe que los autores de las respectivas teorías prefieren mantenerse al margen del conocimiento de dichas obras o documentos, manifestando un temor latente a enfrentarse a algo científicamente sólido que pudiera poner en entredicho sus propias teorías. Si así fuera, la comunidad científica de historiadores ya habría confirmado la tesis considerada verdadera. Pues hacer ciencia consiste en producir conocimiento validado por la comunidad científica. En realidad, a nivel de autoconciencia del investigador-historiador, nadie está completamente seguro de su verdad; sin embargo, siempre existe una externalización psicológica de argumentos que buscan imponerse en la supervivencia de cada tesis. La filosofía de la historia puede ayudar a explicar un diagnóstico tipificado como narcisismo por los autores de cada una de las tesis conocidas, destacando que la coexistencia de la verdad histórica de más de una tesis es imposible. La nueva psicología explica que incluso un historiador honorable y honesto puede desviarse por la construcción de ideas corrompidas por la presión de su subconsciente.
Por otro lado, no se puede aceptar el papel del avance de las ciencias auxiliares en favor de la historia, como es el caso más pragmático de la Genética, que permite complementar los desarrollos en Genealogía y Heráldica. Un tema de esta magnitud requiere la complementariedad de todas las ciencias auxiliares. No es científicamente aceptable que un investigador formalice nuevos argumentos para reafirmar su tesis cuando los resultados genéticos aportan hallazgos que la contradicen. Es necesario ser conscientes de estos mecanismos psicológicos, que vician el esfuerzo por la imparcialidad, causando tensiones inconscientes en los historiadores actuales, expuestos a los efectos contaminantes de las interpretaciones históricas.
El investigador histórico no debe dejarse seducir por el grandioso castillo que cree haber construido, rodeado de almenas de prejuicios y deducciones inconsistentes. Todo esto quedó patente en este muy interesante evento, lo cual fue una muestra de lo que sucede en el universo de todas las teorías sobre el origen del navegador. El investigador histórico debe adoptar una perspectiva ecléctica y aceptar las contribuciones y revelaciones de todas las ciencias auxiliares (Genética, Heráldica, Historia del Arte, Numismática, Sigilografía, etc.), y no permanecer ensordecido por sus convicciones cambiantes.
Vale la pena recordar y enfatizar la influencia generalmente negativa que ejercen sobre los investigadores que se ven comprometidos o se ven secuestrados por ideologías, dogmas religiosos, prejuicios raciales, tendencias políticas, la preponderancia de las clases sociales y las motivaciones afectivas de la genealogía. Estos investigadores quedan descalificados para seguir el camino de la verdad, incluso si tienen mil razones para hacerlo.
Este congreso permitió el contacto con otras realidades y sensibilidades dentro del panorama de las tesis actualmente conocidas. Las particularidades del Colón gallego presentan numerosos matices y variaciones que determinan sus propias representaciones. La cercanía presencial que propician estos eventos permite deconstruir algunos de los prejuicios mencionados, lo que favorece el diálogo y el debate entre las partes y, sobre todo, genera ventajas en el ámbito psicológico que contribuyen al avance de la investigación histórica.
En este sentido, destacamos la preocupación de la organización y sus responsables por abordar con rigor la cuestión de la autenticidad de los documentos estudiados y publicados por Celso de la Riega. Por ello, subrayamos la presentación de María Pilar Rodríguez y Mercedes Vázquez sobre todo el proceso de análisis de estos documentos, que, por su relevancia, merece ser ampliamente recogida.
Finalmente, cabe mencionar la atención, la hospitalidad y el apoyo que los responsables de este congreso demostraron hacia los participantes, especialmente hacia aquellos que venían de más lejos, como era el caso de los procedentes de Portugal e Italia.
Fue una lástima que algunos participantes inicialmente inscritos no pudieran asistir. El tema de Cristóbal Colón pone de manifiesto la necesidad de promover el contacto internacional cara a cara, como forma de enriquecer el debate histórico y facilitar la deconstrucción de muchos prejuicios.
Carlos Paiva Neves
Aún estando de acuerdo en líneas generales, la lectura puede puede generar una confusión importante en el lector o en el público del congreso.
Al meter toda «la Genética» en un mismo saco conceptual, el texto asume que cualquier resultado biológico tiene el mismo peso y la misma fiabilidad para resolver un enigma histórico, ignorando que la metodología y el alcance de cada análisis son completamente distintos:
Líneas uniliniales (Cromosoma Y y ADN mitocondrial): Son las herramientas clásicas y más robustas para la genealogía histórica a largo plazo. El cromosoma Y se transmite intacto de padre a hijo varón (siguiendo habitualmente el apellido), y el mitocondrial de madre a hijos. Permiten rastrear linajes directos de forma muy clara a través de los siglos. Está prueba ya dictaminó que varias teorías basadas en personajes nobles, que se transformaron en Cristóbal Colón, eran erróneas.
ADN autosómico: Es el que se hereda de todos los ancestros licuados y mezclados al 50% en cada generación. Aunque es excelente para encontrar parientes cercanos (padres, primos, abuelos) o estudiar composiciones étnicas globales, pierde precisión de forma dramática a medida que retrocedemos en el tiempo. Intentar reconstruir un linaje del siglo XV basándose en comparaciones autosómicas con poblaciones o restos mal conservados (como los de Gelves) introduce un nivel de ruido, degradación y margen de error que la comunidad científica mira con extrema cautela.
Al no hacer esta diferenciación. Exige a los historiadores una «sumisión» absoluta ante los fallos genéticos, pero olvida que la propia ciencia genética tiene limitaciones, metodologías diversas y debates internos muy intensos. Para el lector, esto puede crear la falsa ilusión de que la genética es una verdad monolítica e infalible, cuando en realidad un estudio autosómico deficiente o mal interpretado puede contaminar el debate histórico tanto o más que los sesgos psicológicos que el propio ponente critica.