Nosotros, así pienso en las personas que han estado presentes en mi vida pero ya no están, como sí conformaran alguna parte de mi cuerpo. Son aquellos por los que siempre permaneces en duelo y, aunque lo intentes nunca consigues superar la pérdida. A tú mente vienen los espacios comunes, los recuerdos, sufrimiento por no poder compartir el ahora, el futuro. Lamentas profundamente no haber sido más explícito en tú cariño; en lo importante que han sido para ti, los múltiples momentos de felicidad que te han proporcionado
Hay instantes en que crees estar con ellos, lo que me dirían, las miradas, los gestos cómplices. Incluso a veces al principio durante un tiempo reservas o preparas la mesa pensando que aún están contigo. Abres la puerta de la habitación y ves que ella ya no está. Vas a la casa familiar y notas que faltan los olores, que ya no hay su presencia.
Esta madrugada me he despertado con una imagen en mi cabeza, él sentado a la hora de comer en sus últimos días, pidiendo más pan, su mirada tierna pero perdida, su cuerpo agotado, mis manos frías que lo tocaban. Él ya no era él, , pero un soplo de aire fresco con sabor a mar, un comentario sarcástico, sus brazos abiertos corriendo a abrazarme consigue que nos riamos juntos, con esa risa que nace de la complicidad.
Todos hemos perdido a alguien, es algo inevitable y a medida que vas cumpliendo años pasas una y otra vez por ese camino. Un sendero con muchas huellas indelebles, sus palabras, su forma de actuar, sus pensamientos. Sin los que faltan no seríamos nosotros. Es, su manera de estar, permanecer.