Si hay una serie española que sigue presente en el imaginario colectivo, esa es Aquí no hay quien viva. Ese alocado retrato de una comunidad de vecinos marcó una época hace más de dos de décadas y aun ahí, por sus continuas reposiciones, sigue encontrando nuevos públicos.
Esta serie, que nos presentó a los hermanos Alberto y Laura Caballero como creadores, ahora ya 'magnates' de la industria, protagoniza el libro Aquí no hay quien viva: Detrás de las cámaras: la delirante historia de esta nuestra comunidad del periodista Javier P. Martín (Albacete, 1989).
Crítico de cine y televisión, Martín ha estado hace unos días en Pontevedra para acompañar a la actriz Malena Alterio, Belén en Aquí no hay quien viva, en una charla sobre la comedia que ha organizado los Premios Feroz en el Pazo da Cultura. Hablamos con él en PontevedraViva.
¿Por qué crees que, veinte años después, Aquí no hay quien viva sigue tan vigente?
Creo que es un retrato muy fiel y lleno de cariño de la España de la época. La visión que los hermanos Caballero dieron de la gente y de los españoles fue muy acertada y hasta clarividente. Nos muestran tal y como somos. Y, después, tenía muchísima calidad.
Fue un compendio de unas interpretaciones y de unos guiones increíbles. Se alimentaban entre ellos en medio de un rodaje completamente caótico. Los guionistas aprendían a escribir para los actores que tenían y los actores se hacían con los personajes a base de trabajar mucho.
¿Por qué crees que hay tantas diferencias con su 'continuación', con La que se avecina?
Hay muchas diferencias, pero sobre todo diría que Aquí no hay quien viva era un retrato social más amable. La que se avecina es más salvaje. Ya me lo decía Isabel Ordaz. España se ha ido volviendo más salvaje y más esperpéntica. No es la misma la España de ahora que la de 2003.
¿Ahora una serie como Aquí no hay quien viva sería más complicada de hacer?
Es que es una serie demasiado amable, incluso pensando en lo que se supone que te diría un productor. Pero las nuevas generaciones siguen conectado con ella, aunque no sean de esa época, porque es una demostración de que lo bueno perdura.
También ayudará a eso, me imagino, que la realidad social que reflejaba la serie, en la mayoría de los cosas, está vigente a día de hoy...
Se ha agravado, incluso. Belén (el personaje de Malena Alterio) no podría vivir en el piso de Desengaño 21, en pleno centro de Madrid. No podría pagarlo. Todos esos problemas que la serie retrataba en tono de comedia han ido a peor en muchos casos.

¿Fue difícil que la televisión de entonces apostara por una serie tan transgresora?
Era muy rupturista con todo lo que se hacía en ese momento. Y hay que ser justos. Solo existe gracias a José Luis Moreno. Era una persona con la que trabajar era muy difícil, pero era un guerrero. Luchaba por todos los productos que tenía. Creía en ellos.
Y, por supuesto, tenía el poder para que Antena 3 le dijera que sí. La cadena pensaba que serían solo los cinco episodios que habían firmado y que nadie los iba a ver. Y luego se encontraron con un fenómeno que crecía cada semana.
Y además, aunque Moreno fuera su tío, lo inusual que fue dejar las riendas de la serie de 'prime-time' a dos jóvenes, Alberto y Laura Caballero, que apenas tenían experiencia
Es una de las cosas que me enamoraron de la historia que cuento en el libro. Probablemente no fuera justo que ellos estuvieran al frente de la serie y mucha gente les odiaba por eso. Pero la serie salió así porque ellos tenían ese talento innato. Al final, la experiencia es un valor, pero la intuición y el talento también tienen mucho peso. Y ellos lo tenían.
Hablabas antes de ese ritmo frenético de rodaje. Fueron 91 episodios en apenas tres años
E imagínate todo lo que rodaban y no entraba. La maquinaria se volvió completamente loca. Llegaban páginas de guion nuevas a casa de los actores a las cuatro de la mañana. Fue muy duro. Es contradictorio porque gran parte de los mejores capítulos de la serie coinciden fueron cuando trabajaban a un ritmo delirante. Salieron auténticas joyas.
¿Ha mejorado mucho la forma de trabajar en televisión?
Mucho. De hecho en La que se avecina, con los Caballero ya en la producción, la forma de trabajar fue diferente. Ahora, la industria está completamente 'americanizada' por la llegada de las plataformas. Se trabaja de una forma mucho más respetable. En aquel momento era todo más familiar. En 2003, las televisiones privadas eran bebés. Tenían 14 años. Era todo muy precario.

¿Y hubo actores que se vieron sobrepasados por el éxito?
Sin duda. Hubo varios que lo dejaron durante la serie. Laura Pamplona (Alicia), por ejemplo. Y luego se han visto sobrepasados con el peso de la serie a lo largo de los años. A Malena Alterio no le gusta hablar de ella. No porque no le guste la serie, sino porque tras treinta años trabajando, para gran parte del país sigue siendo Belén López Vázquez.
En muchos casos, además, reconvertidos en memes...
Es muy fuerte como la serie ha encontrado nuevos lenguajes para sobrevivir, para que la gente se siga expresando a través de ella. Pero cuando vives un fenómeno así tienes mucho que agradecer. Les ha dado mucho dinero y oportunidades que, sin ella, no habrían tenido.
Eso sí, entiendo que a veces un éxito así te puede aplastar como actor. Mira, Fernando Tejero acaba de hacer la película de El cautivo y creo que cuando la gente le ve todavía ve a su Emilio en Aquí no hay quien viva. Y eso para un actor tiene que ser muy duro.
Aquí no hay quien viva fue pionera en presentar a una pareja homosexual, la de Fernando y Mauri, sin caricaturizarlos. ¿Rompieron moldes?
Yo tuve un profesor que decía que Fernando y Mauri habían hecho más por el colectivo LGTBI en España que todo activismo. Y en cierto sentido es verdad. La serie retrató a los homosexuales con mucho cariño y con mucho respeto. Y cuando había que reírse de ellos, lo hacían que igual que se reían de las viejas o de la 'maruja'. Eso es lo bonito. Estaban igualados a los demás.
Ahora hay una corriente de que tenemos que respetar mucho a las minorías y lo bonito, cuando vemos series o películas, son los personajes fallidos y complejos. Una mujer puede ser una mala persona. Esos relatos son interesantes y creo que son los que le llegan al público.

¿Y crees que, a estas alturas, sería posible un reencuentro? ¿O un 'spin-off' que retome la historia de alguno de sus personajes?
Hay gente que lo ha intentado muchísimo. Yo creo que sería un bombazo de público, igual que lo va a ser la película de Aída. Son fenómenos que a la gente les encanta ver. Y creo que los Caballero podrían hacer algo muy digno y muy bueno con ellos. Pero sí es cierto que hay cuestiones de derechos y de autorías que dificultan que eso pueda pasar.
Tras hacerlo con Aquí no hay quien viva, ¿te gustaría indagar en los entresijos de alguna otra serie tan emblemática como esta? No sé, se me ocurre Cuéntame por ejemplo...
Cuando saqué el libro y me lo preguntaban, Cuéntame era uno de los ejemplos que se me ocurrían. Para mí, tiene que haber tres elementos. Que la serie sea buena, que fuera un fenómeno de masas y que la historia de cómo se ha hecho sea realmente interesante.
Cuéntame sí tiene todos esos factores. Hubo mucho salseo, el rodaje fue por largo y por él ha pasado toda la industria. Creo que saldrían cosas muy guays. También con Física o química. Sé que pasaron cosas en el rodaje. Hay muchas series, pero no las tengo que hacer yo todas.

¿Por qué crees que la comedia funciona tan bien en nuestro país?
Hacer comedia es difícil. Es mucho más difícil hacer reír que llorar, pero a la gente le encanta, sí. Por eso comercialmente tiene más peso. Si tú tienes un trabajo de mierda o estás harto de tu familia, no te apetece ir a la sala de cine y ponerte a ver un dramón.
Yo eso lo entiendo perfectamente. A mí me gusta sufrir en una sala de cine, pero entiendo que la gente no quiera eso. La mayoría de la gente quiere escapar de sus vidas ¿y qué te ofrece eso?, pues la comedia. Y además tenemos mucha tradición de comedia. Somos españoles, no suecos.
Y a pesar de ese éxito, ¿no crees que a nivel de crítica o de premios aún se relega a la comedia a un segundo plano?
Esta dicotomía está, sí. Pero también los periodistas somos un poco ególatras. ¿Qué más da lo que digamos cuatro gatos? Al público le gusta la comedia. El prestigio es una cosa y los gustos de la gente, otra. Las películas de Santiago Segura no tienen prestigio ninguno y, ahora mismo, recaudan la mitad del dinero de toda la industria española.
Lo interesante es cuando convergen. Cuando consigues hacer algo que logra tener prestigio. Aquí no hay quien viva lo tuvo. Muchos críticos que la vieron en su momento dijeron que era algo horroroso porque era de José Luis Moreno. Y para mí, es una serie muy respetable. Es una cuestión siempre de perspectiva. Al final, todo tiene su valor. De una forma u otra.