El accidente de Adamuz y la sociedad civil

21 de enero 2026

La sociedad española es la que se volcó con el volcán de La Palma, el accidente de Angrois, la DANA de Valencia, los incendios forestales del pasado año y ahora con el accidente de tren de Adamuz. Esa es la sociedad real

Son 41 víctimas las del accidente de tren de alta velocidad Iryo que se produjo en la localidad andaluza de Adamuz. Dando por sentada la gran profesionalidad de los cuerpos de seguridad del Estado, emergencias y UME, es conveniente destacar la solidaridad de la sociedad civil, que por encima de todo tipo de diferencias, está siempre ahí; la misma sociedad que iba en el fatídico tren y que los políticos intentan dividir.

Podría entrar en las frías cifras del siniestro, pero serán, entre otros, los técnicos, Adif, Renfe, ingenieros y la comisión de investigación que se cree a tal efecto, quienes tendrán que llegar a una conclusión final que, con el debido tiempo, se hará pública.

Dos historias ilustran, entre otras muchas, lo que somos como seres humanos y como país: por un lado, el joven maquinista fallecido y su pasión por la fotografía; por otro, la niña que sobrevivió, de 6 años, que perdió a sus padres, a su hermano y a su primo.

Podría entrar en otro tipo de cuestiones en relación con las causas del accidente, pero enfocar el mismo desde la vertiente humana es lo que hace que España sea un gran país, con sus peculiaridades y diferencias culturales e históricas entre territorios. Pero lo más importante es la unión y solidaridad que, como pueblo, tenemos entre todos los españoles, que, por motivos de sangre y también porque compartimos lazos culturales, hace que salga lo mejor de nosotros mismos como sociedad, y que para nada se refleja en el Congreso de los Diputados.

La sociedad española es la que se volcó con el volcán de La Palma, el accidente de Angrois, la DANA de Valencia, los incendios forestales del pasado año y ahora con el accidente de tren de Adamuz. Esa es la sociedad real, la España real, a la que los políticos le dan la espalda y quieren polarizar y dividir por interés partidista.

No es el momento ni de datos, ni de estadísticas, ni de inversiones, ni de estudios, ni de informes, aunque alguno de estos últimos, por cierto, esté en el Senado.

La primera presencia en el lugar del accidente, de jóvenes adolescentes que se prestaron a dar su primera ayuda a los accidentados, es un vivo ejemplo de lo que como sociedad y como país debemos sentirnos orgullosos. Los máximos responsables públicos deberían estar en la obligación ética y moral de transmitirnos a todos ese ejemplo.

Las dos farmacias de Adamuz (Córdoba) se volcaron prestando su ayuda a los accidentados, y así podríamos seguir dando ejemplos de ciudadanos del citado pueblo, que posiblemente, y a causa del tren siniestrado, sería un núcleo más de población de esa España vaciada y desconocida, pero a la vez tan solidaria, que de forma instintiva y natural deja aflorar lo mejor del ser humano.

Hay que rechazar la miserable politización de algunos ante esta tragedia, que no vale ni la pena mencionar, así como el abuso en la subida de los billetes de aquellos transportes que sustituirán temporalmente al tren Iryo que cubría el trayecto Málaga-Madrid durante estos días.

Termino con un recuerdo muy especial y cariñoso para todas y cada una de las víctimas, familiares y amigos, para Pablo, el joven maquinista, y para la pequeña Cristina, de 6 años, que perdió a toda su familia, pero que tendrán todo el cariño del pueblo español.