Demasiado tarde

31 de mayo 2025
Actualizada: 9:29

Lograr respirar en un lugar del mundo como Gaza, hoy en día, es casi un milagro tras el infame belicismo que practica un Estado como Israel, incisivo a la hora de convertir todas sus acciones en una cruzada marcada por un oscuro e inexplicable odio

Una cometa sobrevuela un cielo dominado por el intenso azul. En ese preciso momento no solo está limpio de nubes sino también de bombas y balas. Es algo momentáneo, una percepción engañosa. Todos son conscientes de que la situación puede cambiar en cualquier instante, en un simple chasquido de dedos. Pero, mientras llega una nueva lluvia de misiles, un grupo de niños aprovecha para juguetear sobre los escombros de unas casas donde tratan de abstraerse del abismo en el que se han visto atrapados, despojados de cualquier mínima esperanza. Logran divertirse un rato en la cima de las ruinas de lo que en su día fueron hogares, espacios habitados por familias que ahora solo forman parte de una abrupta montaña de cascotes ubicada las inmediaciones del campo de refugiados de Jabalia, en el norte de la Franja de Gaza. Los cuatro observan tal acontecimiento como algo extraordinario; cuando en realidad lo verdaderamente excepcional es la situación que padece y soporta la infancia en Gaza.

En pleno vuelo, al flamear, la cometa presenta algunos desperfectos; no está entera. Sin embargo, pese a que algunas partes están rotas todavía demuestra tener capacidad para volar. Se resiste a no hacerlo, a permanecer inmóvil en tierra. Una auténtica metáfora de la resiliencia del pueblo palestino.

Gracias a una imagen del fotógrafo Mahmoud Issa para la agencia Reuters, que logra burlar los bloqueos militares y librar miles de kilómetros de distancia, podemos certificar que los niños, pese al contexto hostil en el que se encuentran, solo desean ser niños. Un derecho difícil de cumplir cuando su inocencia también se ha convertido en uno de los objetivos militares: hospitales, escuelas y sus propias casas han dejado de ser sitios seguros, de protección, de garantía para la infancia y para la propia población civil.

Lograr respirar en un lugar del mundo como Gaza, hoy en día, es casi un milagro tras el infame belicismo que practica un Estado como Israel, incisivo a la hora de convertir todas sus acciones en una cruzada marcada por un oscuro e inexplicable odio, y pasar a la historia como el máximo responsable de uno de los principales genocidios del siglo XXI.

Ya nada, ni nadie puede justificar lo injustificable. Matar o arrebatar vidas de forma consciente, demostrando una voluntad expresa, responde a un verbo muy específico: asesinar. Y no solo duele mucho por lo inhumano del hecho, sino que también desgarra los sentimientos más profundos para quienes estamos obligados presenciar, en primer plano y con extrema impotencia, como a diario la infancia recibe un castigo inaceptable. Según Unicef, 50.000 niños y niñas ya han perdido la vida por los efectos de las bombas, las balas o una desnutrición acelerada ante la imposibilidad de que accedan los convoyes de ayuda humanitaria a las zonas afectadas. Un bloqueo intencionado, indecente, homicida. ¿Responsable o responsables? No es necesario, o sí, recordar el nombre del Estado agresor y sus cómplices agarrados a una inacción que ya ha logrado arrastrar a una buena parte de la comunidad internacional que rehúsa ser parte de la solución, ignorando el verdadero alcance de esta barbarie que solo contribuye a agrandar una herida de proporciones inasumibles. Perversa. Imposible de curar.

La Unión Europea ha esperado que el calendario sume más de 500 días para dar los primeros signos de desacuerdo y estudiar posibles medidas para obligar a detener una auténtica barbarie, la máxima expresión de la destrucción que asola Gaza. Una reacción que ya llega demasiado tarde, como casi todas, porque cada segundo resulta vital, fundamental para tratar de evitar un exterminio en riguroso directo. Y ante una espera que se hace eterna, transitando por el camino del paso del tiempo, se va desdibujando la existencia de generaciones de seres humanos que solo aspiraban a vivir sobre unas raíces hoy sepultadas bajo el horror y la devastación.

¿Cómo explicaremos todo esto? Una atrocidad a la que no resultará sencillo responder cuando nos miraremos en el espejo de la historia.