Anécdotas de aula

30 de junio 2025

Pepy G. Clavijo narra algunas de las anécdotas que vivió con su alumnado durante los más de cuarenta años que ejerció de profesora

Hoy no vamos a pasear por la ciudad, pero si lo haremos a través de algunas anécdotas que me ocurrieron a lo largo de más de 40 años y que son un resumen de las muchas horas disfrutando de mis alumnos (desde los 6 hasta 2º de ESO en diferentes colegios).

Los que nos hemos dedicado durante muchos años a la enseñanza y somos un poco curiosos recopilamos anécdotas que nos han ocurrido con los alumnos, he aquí una de ellas: Fue en Villalonga, hace ya muchos años, en una clase de 1º (hoy sería 1º de infantil). En aquel tiempo no había clase de párvulos, era su primer año escolar. En una ficha (entonces no había copiadoras ni ordenadores) estaban las 5 vocales que Jacinto tenía que repetir, con la "o” no tuvo problemas pero la "a” le resultaba más difícil y Jacinto luchaba con ella a "brazo partido”. De pronto se levanta y se acerca a mí y me dice: "Mestra esta non xa fajo” (así como suena) ¿Por qué? le pregunto, su respuesta fue tajante: "Non che me justa nada este rabiño” señalando al "rabito” de la a.

En otra ocasión estamos en clase de inglés y explico la diferencia entre el masculino y el femenino, pregunto: "¿Cuál es el femenino de boy y una mano levantada dice: VACA y se quedó tan contento.

En clase de Religión (en aquellos tiempos no había profesores para ella y la dábamos los mismos maestros) se están preparando para la 1ª Comunión y mi pregunta fue "¿Cómo hay que ir a comulgar?" La respuesta no se hizo esperar EN FILA.

Los indios que quedan en América están en conserva (en reservas), otra respuesta en un examen escrito.

Y aquí va la última no quiero cansaros, otra de religión: ¿Cómo va vestido el sacerdote para administrar la unción de enfermos? Respuesta: Con una pelliza y una pistola (sobrepelliz y una estola).

Todo esto me hace recordar con mucho cariño aquellos años felices, hoy cuando en mis paseos matinales me encuentro con alguno de ellos (aquí incluyo a niños y niñas, porque en castellano el masculino incluye a los dos, aunque los políticos digan lo contrario) me alegra mucho que se paren conmigo y tengan un buen recuerdo, algunos sólo saludan, otros se paran y charlamos recordando.

No quiero terminar sin recordar a Manoliño, el pequeño de 6 años que al llegar al "cole”, y sentarse en su silla, se hacía sus necesidades (todos los días había que salir con él para lavarlo y cambiarle de ropa) y los compañeros gritaban: ¡Manoliño cajouse! Hoy lo veo y siento pena por la vida que le ha tocado llevar.

Todo esto y mucho más lo he vivido y hoy puedo recordarlo feliz.