27 días: Esa imagen frente al espejo

14 de decembro 2025

¿Quién eres? ¿Dónde has estado? No reconozco esas canas ni las líneas de expresión del rostro, aunque la mirada sigue siendo la misma. Cuánto has vivido… ¿cómo llegaste a esta edad?

Busco en cada rincón de la casa alguna razón para sentirme nueva, resplandeciente, completa. Veo el sillón más cómodo y me dejo caer en él, pensando que solo necesito descansar un momento para luego continuar. Me quedo dormida, mientras las horas pasan en un lugar que solo Dios conoce.

Despierto con hambre y voy a la cocina a prepararme algún antojo que, en mi mente, parece ser una buena opción para la dieta. No escucho ruidos externos; solo el jazz suave que puse al llegar y que aún sigue sonando. Abro una botella de vino, me sirvo una copa y dejo la comida intacta.

Camino hacia el dormitorio, me quito la ropa, me pongo una pijama, medias calientes, y me detengo frente al espejo.

¿Quién eres? ¿Dónde has estado? No reconozco esas canas ni las líneas de expresión del rostro, aunque la mirada sigue siendo la misma. Cuánto has vivido… ¿cómo llegaste a esta edad?

Ahí dentro estoy yo. Toda mi vida contenida en ese cuerpo. En mi espíritu no ha pasado el tiempo: sigo siendo aquella mujer joven, llena de vida y de sueños. Coqueta, impulsiva. Pero por fuera, algunas cosas han cambiado, y esa imagen frente a mí no siempre es fácil de asimilar.

He visto mi propio proceso. He estado conmigo misma, siempre. He sido testigo de cada lágrima, cada sonrisa, cada caída, ilusión y amor. De todo. Y aun así, hay momentos en los que no termino de reconocer esa imagen que me mira de vuelta.

Estoy agradecida, no me malinterpretes. Me siento realizada. Cada día es una bendición. Y dejando eso claro, también quiero aprender a aceptar el rostro que veo frente a mí. Mirarme de frente me obliga a verme tal cual soy, y eso requiere valentía.

El tiempo pasa para todas; es inevitable. Vamos a vernos envejecer, cambiar y transformarnos. Nadie dijo que sería sencillo. Pero el recuerdo de la mujer que fui me ayuda a entender a esta nueva versión de mí. He trabajado con fuerza y constancia para llegar a esta etapa, para convertirme en esta mujer madura que hoy me habita.

No voy a decepcionarme. Cada espacio de mí me pertenece y tiene valor. Por eso necesito abrazar cada etapa de mi vida, reconocer que sigo siendo tan maravillosa como alguna vez fui. Y aprender a ver mi belleza exterior sabiendo que es mi ser interior lo que me hizo brillar antes y lo que me hará brillar hasta el final.

Amigas mías, cuánta historia guarda ese reflejo que vemos hoy. Cuántas vivencias siguen ahí presentes. ¿Por qué querríamos borrar lo que los años nos han regalado? No es fácil, porque somos coquetas, porque somos mujeres. Pero también podemos crear una versión divina de nosotras mismas, porque ahora tenemos la madurez para hacerlo.

Estoy rodeada de mujeres maravillosas y hermosas. Maduras, increíbles, con rasgos que me recuerdan que la belleza tiene muchos rostros y los cuerpos, muchas formas. No es momento de cuestionarme nada, sino de aplaudirme y de darme siempre amor. No hay nada más gratificante que conversar entre mujeres y sentirnos completas, vistas y apoyadas.

Sonreí frente al espejo porque me reconocí ahí: llena de mi esencia. Ese reflejo habla tanto de mí… Le guiñé un ojo a mi propia imagen, di un sorbo de mi copa de vino, di media vuelta y dejé que mi cuerpo se moviera al ritmo del jazz que aún está sonando.

Ahora entiendo que no tengo que buscar en cada rincón de la casa alguna razón para sentirme nueva, resplandeciente y completa. No está afuera, sino adentro, donde realmente se encuentra todo.

No recuerdo lo que iba a hacer, y ya no importa. Este es un buen momento para estar conmigo…

 

Nota: Betty Bornfeld…gracias por inspirarme cuando conversamos, amiga. Este escrito es para ti, es para nosotras.