27 días: Mientras la audiencia duerme

08 de xuño 2025

A veces, sentimos como si todo un público nos estuviera observando y evaluando, listo para criticar cada capítulo de nuestra vida. Ahí estamos, ofreciendo nuestra mejor cara y la más convincente actuación, intentando seguir un libreto escrito por otros. Un libreto con letras tan pequeñas que a veces resulta casi imposible de leer, descifrar o interpretar.

Este drama comienza desde la infancia. Seguimos instrucciones meticulosamente diseñadas para definir lo obedientes y "buenas niñas" que éramos, y, por ende, las "excelentes mujeres" que se esperaba que fuéramos al crecer.

"Cierra las piernas."

"No te rías así."

"Come con la boca cerrada."

"Peínate."

"Quédate quieta."

Un guion compartido que, sin cuestionar, transmitimos de generación en generación.

Pero quizás algunas de nosotras encontramos felicidad y libertad cuando la audiencia duerme. Es entonces cuando bajamos el telón, nos refugiamos tras bastidores y dejamos salir nuestra verdadera esencia. Reímos a carcajadas, despeinamos nuestro cabello, rompemos las reglas y, sí, abrimos las piernas. En esos momentos, lejos de las miradas críticas, no nos sentimos juzgadas. Somos libres de crear un mundo sin dramas ni expectativas.

Vivir.

Salirnos de la caja.

Equivocarnos.

Gritar, incluso cuando todos esperan silencio.

No finjas. No me digas que nunca te has sentido así. Ni santas ni diablas, todas hemos sentido esa presencia invisible que intenta controlarnos. Y ese momento en el que, por fin, sentimos libertad… oh, Dios, dime que no es absolutamente reconfortante.

Desde los detalles más pequeños y aparentemente insignificantes hasta las grandes decisiones que marcan nuestra vida, todo parece ser terreno de juicio. Tu familia, tus amistades, desconocidos entrometidos, e incluso una sociedad hipócrita que no quiere verte feliz. No, no se trata de felicidad; se trata de control.

Sé que todas somos diferentes, lo tengo claro. También sé que mis vivencias y opiniones no tienen por qué representarte. Pero estoy convencida de que esto de lo que hablamos es algo que muchas hemos sentido. Y, créeme, ese instante en el que la audiencia finalmente duerme, nos ignora o, mejor aún, decide enfocarse en sus propias vidas, es de lo más gratificante que he experimentado.

Siempre intento darte una recomendación, y esta vez no será la excepción. Cuando el telón suba y todas las miradas estén sobre ti, haz que el espectáculo sea tuyo. Tu libreto, tus personajes, tu vida. Si alguien quiere levantarse y marcharse antes de que termine la función, que lo haga. Si alguien quiere aplaudirte, acéptalo con gratitud.

Pero al final, cuando regreses a tu camerino, quítate el disfraz, el maquillaje y cualquier máscara. Sé tú misma, auténtica, sin adornos ni guiones. Ese es tu momento. Tu historia. Escrita y vivida por ti. Todo lo demás es, simplemente, un teatro.