27 días: Al ritmo de un amor lento

11 de xaneiro 2026

"Hablamos de esos amores que no nos sacan suspiros ni nos revuelven el estómago de nervios. De los que no liberan mariposas para hacernos emocionar. Y es que, en realidad, no todos los amores son iguales. De hecho, dicen que solo se ama una vez de forma intensamente pasional; todo lo demás se vive con menor intensidad."

No es que algunas mujeres se conformen con esa pobreza emocional; es que establecen prioridades que, sin duda, sacrifican ese amor. Comenzamos a buscar otras cosas: cualidades que nos hagan sentir más seguras. Parejas menos exigentes, menos demandantes, menos comprometidas con vínculos que requieran demasiado tiempo y esfuerzo. Porque a veces el amor drena. Y entonces llegamos a cierta edad en la que no queremos ahogarnos en la profundidad, sino aprender a quedarnos en la orilla.

No creo que esto te lleve a la plenitud femenina ni al éxtasis emocional. Simplemente estarás acompañada, tendrás a alguien con quien compartir. Te acostumbrarás a esa presencia y la vida transcurrirá como un día tras otro, sin grandes emociones ni montañas rusas.

¿Cuánto puede durar este tipo de relación? Tal vez toda la vida, tal vez solo un rato. Depende de cada mujer, del momento en el que se encuentre su vida y de sus prioridades… o de sus necesidades. Puede que llegues a extrañar la intensidad de un amor torbellino que te saque de tu zona de confort, o tal vez la costumbre se vuelva tu mejor amiga y elijas permanecer en este tipo de relación.

Cualquiera que sea el caso, creo que lo más importante es no dejarnos vencer como mujeres. Es válido atender las necesidades, pero sin apagar la chispa que nos hace vibrar. Sentirnos cómodas no siempre es lo mismo que sentirnos felices. Por eso, busca —dentro de esa relación— aquello que eleve tus sentidos y te erice la piel de vez en cuando. Ser mujeres comprometidas con la pareja no debe significar aislarnos de nuestras propias necesidades. No se trata de colgar los guantes, sino de encontrar transformación dentro de la relación.

Es importante sentirnos amadas, deseadas, vivas, íntimas y, sobre todo, valoradas. Dentro de esos sentimientos debe existir espacio para la sorpresa, los nervios, la dulce ansiedad del gusto, lo carnal, todo. Que no sea una forma de conformarte, sino una manera de amarte… y de ser amada. 

No soy psicóloga, pero he amado y me he sentido amada. Y me atrevería a decir que, mientras más maduras somos, mejor sabemos entregar lo bueno y acomodar lo malo en un lugar que no estorbe. A veces lo hacemos para ser felices; otras, para hacer feliz a otro. Busca el balance, no lo conveniente. Busca lo real, no lo cómodo. Busca la paz, no el aburrimiento. Y, sobre todo, haz espacio para amarte a ti misma antes que a los demás.

Que ese ritmo al que llaman amor no se convierta en una forma lenta de vivir. Que esa melodía aún te invite a bailar. Que los suspiros no se olviden de ti. Que haya movimiento y pausa. Que existan ganas y deseos de sostener el compás. La música que el amor trae a tu vida no tiene por qué ser siempre la misma. Que tu vida amorosa sea todo… menos un ritmo demasiado lento.