Feijóo miente, y Sánchez gobierna y también miente. Sin querer hacer una retahíla larga, todos los líderes políticos, desde distintas posiciones ideológicas, utilizan un discurso según sus intereses partidistas y las circunstancias sociales y económicas del momento.
Hace unos días, en Televisión Española, un profesor universitario, politólogo, tertuliano y no sé cuántas cosas más, mencionó la acusación por acoso sexual contra el exconselleiro de la Xunta, Alfonso Villares, pero, vaya por Dios, se le olvidó decir que el Juzgado de Instrucción número 2 de Ferrol, en ese momento, ya había archivado la causa.
Este es solo uno de tantos ejemplos de donde beben todos los líderes políticos y el aparato mediático correspondiente, sin que existan, en determinados casos, medios realmente independientes, en los que cada vez aparece menos la posición de la sociedad civil, ya que esta tampoco se involucra, debiendo comprometerse más en la vida política para salir fortalecida.
Los enfrentamientos entre los dos bloques ideológicos en España, y sus respectivas estrategias con mentiras, corrupción y medias verdades, fomentan la polarización y el ascenso de la ultraderecha como VOX, y en las democracias occidentales como Hungría, Italia, Polonia o Francia.
Todo lo dicho anteriormente perjudica de forma muy grave a la política internacional y, por lo tanto, a las sociedades en su conjunto.
El voto de la América profunda, con el populismo, los intereses económicos y las mentiras de Donald Trump, ha condicionado la política exterior de los Estados Unidos y, por ende, la de todo el mundo.
La autocensura no está en las posiciones radicales de ambos espectros ideológicos —ultraderecha/izquierda radical— ni en personajes como Vito Quiles, aunque sí la mentira, ya que este último personaje tampoco mide sus consecuencias.
Sin embargo, lo que son las mentiras de los ideológicamente moderados Feijóo y Mazón respecto a la Dana forman parte del "control por la comunicación" y de la ambición del primero por llegar a la Moncloa. Esa era la prioridad y no las víctimas, de la misma manera que el presidente Sánchez se hacía el loco respecto a sus tres acompañantes en el coche con el que recorrieron media España durante las primarias del PSOE, así como su ambigüedad ideológica y testimonial, y su discurso cambiante, condicionado este último por los sondeos.
La autocensura, curiosamente, afecta más a aquellas posiciones intelectuales y de pensamiento más elaborado, mejor construido y con argumento, así como, en otra medida, a la libertad de expresión en su conjunto. Mientras que las mentiras afectan a aquellas personas con poco soporte intelectual, y que además suponen un cierto esfuerzo mental que no están dispuestas a realizar a la hora de exponer propuestas, proyectos e ideas, como los ejemplos de los políticos anteriormente citados. Estos, lamentablemente, terminan teniendo responsabilidades de gobierno y la sociedad global termina siendo la víctima de los engaños e intereses de líderes internacionales que encabezan los dos nuevos bloques de poder que configuran el mundo actual.