Una vez ratificado en mayo pasado Miguel Anxo Fernández Lores, por la asamblea local del BNG, como candidato a la alcaldía de Pontevedra para las elecciones municipales de 2027, según una encuesta de Sondaxe del 24 de mayo de 2026, se mantendría el mismo número de concejales: conservadores (11), nacionalistas (9) y socialistas (5). Por tanto, salvo sorpresas, otros cuatro años más de mandato del citado candidato, con una política continuista y de modelo de ciudad, referencia urbana y premiada internacionalmente. O mucho cambian las tornas, o seguiremos viendo en Pontevedra el plan marcado por los nacionalistas, vigente durante los siete mandatos que ha implantado Lores al frente de la alcaldía, un modelo preferido mayoritariamente por ciudadanos de distintas corrientes ideológicas, pero a la vez aburguesado. Pontevedra es una urbe de servicios y funcionariado, cuyo modelo de ciudad encaja a la perfección con sus habitantes, calidad de vida y cierta tranquilidad, con buenos servicios, infraestructuras y acierto en eventos deportivos y culturales de prestigio que se repiten año tras año y la hacen más atractiva.
Todo ello tiene ventajas para promocionar la ciudad, pero también es cierto que la modernidad no la da precisamente el funcionariado, sino eventos como la Bienal Internacional de Arte, el Festival Internacional de Jazz, los premios Feroz, competiciones deportivas internacionales, los emprendedores y la mezcla de culturas. Estos eventos, muchas veces injustamente criticados por algunos que cuestionan cualquier iniciativa del gobierno municipal del BNG, demuestran que Pontevedra será lo que sus ciudadanos quieran. Crece y se desarrolla en la buena dirección, a la espera de aprobar un nuevo Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM) que ya tiene 37 años.
Con lo dicho, todo es muy previsible de cara al próximo mandato de Lores, quien apostará por el modelo de ciudad que elige la mayoría en las elecciones municipales, donde las posiciones ideológicas pasan a un segundo plano. La oposición, socialistas y conservadores, no tiene un modelo alternativo de ciudad — sencillamente porque no lo hay — aunque sí aciertan en desgastar al candidato del BNG, que lleva 27 años al mando del ayuntamiento. La decisión de seguir es personal, aunque se argumente que responde al partido. No decirlo públicamente es legítimo, pero en política conviene cerrar filas en torno al candidato, lo que hacen en todas las formaciones.
Teniendo en cuenta los sondeos, salvo algún cambio menor en concejales entre los dos bloques ideológicos, la ciudad seguirá creciendo y desarrollándose en la misma dirección, que se considera la más acertada, conviviendo con Celulosas en el mismo emplazamiento e intentando armonizar el modelo de ciudad con la fábrica, entrando así en frentes laboral, ambiental, jurídico-legal, social y económico.
Con la ampliación de la concesión de ENCE hasta 2073, avalada por el Tribunal Supremo, todo se muestra muy previsible en el futuro de Pontevedra, que a pesar de todo tiene el mejor y más realista modelo de ciudad según el perfil de su ciudadano y su tejido socioeconómico: una ciudad que debería encarar el futuro hacia los 100.000 habitantes.
La próxima corporación, que se constituirá en 2027 (salvo alguna cara nueva), será continuista, y la oposición seguirá en la misma línea. En política es importante generar ilusión: el modelo gusta y los candidatos son los que hay en el banquillo. Quizá sería momento de una alcaldesa, sin vínculo con la administración pública, con un perfil liberal e independiente, una cara nueva y fresca que conecte con todas las generaciones, demostrando que no siempre es necesario tener experiencia en la vida pública; a veces, esa exposición genera rechazo en sectores sociales, ya que la ciudad nunca es monolítica, también están sus barrios y sus parroquias.
El político local no debe representar solo a una parte de la sociedad ni identificarse exclusivamente con la más tradicional, porque entonces no funcionará como candidato. El líder socialista es un político de transición, como muchos que le precedieron en el PSOE pontevedrés; y los conservadores, en Vigo, viven la misma situación a la inversa. Partido Popular — formación más votada — y socialistas buscan candidatos de carnet y no líderes realmente independientes, y este es uno de sus grandes obstáculos: perfiles partidistas y de aparato que no reflejan al votante potencial.
Llegará un momento en que la edad biológica retirará al actual alcalde, reconociendo que ha sido y es un buen regidor, aunque solo sea por cambiar la cara del eterno candidato.