Qué miedo siento cuando se mencionan liderazgos de personas o países que deberán reconducir el futuro. El futuro, decía en una canción Leonard Cohen, es un crimen. Invita a la reflexión. Pensaría Cohen, sin duda, en cómo ha sido un crimen el pasado que nos ha llevado a esta situación. Reflexionando en estas cosas nos sentimos extrañados por la frecuente ausencia de mención que hacemos al aspecto fundamental de la cuestión: la existencia de la lucha de clases. No habrá solución económica, con sus aspectos demográficos incluidos, si se reincide en los errores que han llevado a las brutales crisis del sistema capitalista (la que eclosionó en 2008, por ejemplo). O conseguimos integrar a los inmigrantes que invaden la vieja Europa y limitamos las abismales diferencias entre nosotros y el tercer mundo o nuestros “civilizados líderes" de occidente tendrán que seguir matando de hambre, de ignorancia o directamente con armas, como se ha hecho toda la vida. Las diferencias sociales van en aumento entre países pobres (casi habría que abandonar lo de “en vías de desarrollo", ya no cuela) y ricos, entre explotados y explotadores también dentro de los propios países- en tiempos de dificultades la clase media a la que se había incorporado parte del tradicional proletariado adelgaza otra vez por abajo- sin atisbarse plazos cercanos de recuperación. Seguirán viniendo en pateras mientras no desarrollemos sus países que sólo nos hemos preocupado de explotar. Mientras, a los que llegan, démosle la condición de ciudadano que no se tiene habitando en pisos patera, ni negándoles educación o sanidad. No tratemos de transmitirles nuestro valores - ¿Qué pueden pensar ellos de nuestros tradicionales valores? - sino de armonizar los suyos y los nuestros. Ello sólo se consigue en situación de menos desigualdades. Pensemos que tercer y primer mundo es más una cuestión económica que geográfica. He leído que, “¡pobres, votan con los pies": nuestros acomodados lo hacen con la cartera que es, al fin y al cabo, algo menos humano, ni siquiera forma parte de nosotros. Antes de que los ancianos de este asilo de la vieja Europa no podamos escapar corriendo con esos mismos apéndices corporales, los pies.
El caso es que, yo no soy especialista – ni de lejos- en el marxismo, pero de lecturas ya lejanas se me quedó grabado el concepto de plusvalía de forma tan elemental que hay que disculparme la simpleza del ejemplo: tú produces 10, yo te pago 2, y me quedo la diferencia. Ese concepto fundamental, esa certeza, se me antoja igual de irrebatible que la ley de la gravedad. Nadie podría, ni debería, no entenderlo. De esa injusticia palmaria surge el capitalismo. Pero esa evidencia no ha calado, ni de lejos, en el pensar de la gente que prefiere distraerse a analizar. Decía Vázquez Montalbán: "lo peor no es que estemos solos, lo peor es que estamos rodeados" y su visión, en determinados momentos era la de quién creía que el mundo no tenía ni rescate ni posibilidad de esperanza a nivel global. A pesar de esa “ruina eterna" del comunismo, Montalbán manifestaba que si había que abandonar la casa (el Partido, el P.C.) quería ser el último, el que apaga la luz.
Para Saramago el capitalismo es incompatible con los derechos humanos y con la democracia. El origen del capitalismo – bien lo sabía Saramago – lo determina el aumento de la industria textil inglesa a partir del siglo XVII, gracias a la masificación del trabajo. Para qué se libran las guerras: para apropiarse de recursos, y destruir infraestructuras.
No se puede separar a Marx y a Engels. “El Origen de la familia, la propiedad privada y el estado" debería explicarse en las clases no más allá de la época de la adolescencia. El habitual desnorte actual de buena parte de la juventud se vería amortiguado. Y así, los explotados votan – con esta nuestra democracia- a sus explotadores. Se creen libres porque “beben cañitas" y dan saltos muchas veces (hay loables excepciones, claro que sí) en infumables conciertos con sonsonetes repetitivos. El lavado de cerebro realizado por el poder pule siempre en el inglés de las letras de las canciones y en todos los letreros y dibujos ornamentales de las camisetas o directamente en la piel a través de tatuajes. Los hombres lucen, cuando son jóvenes los músculos del gimnasio y las mujeres no tendrían éxito si no interpretasen casi en ropa interior. Puede que esté exagerando pero las encuestas entre porcentajes de juventud que votan partidos de extrema derecha es muy preocupante. Su rechazo de los inmigrantes, también.
El desconocimiento y la falta de interés por la historia refuerza el círculo.