Jóvenes – viejos (Totum revolutum)

11 de xuño 2025

No cabe duda de que, en el terreno de la sexualidad, la libertad es mucho mayor que hace medio siglo

En algo se adelantó Franco a los tiempos: no leía libros y jugaba al golf. Además, a pesar de su escasez de formación, era tan moderno que hacía guiones de películas:"Raza", se tituló. Trump acaso no sería capaz de aprobar el bachillerato en España, ni en tiempos de Franco, ni ahora. Qué curioso, se puede ser Presidente de E.E.U.U. sin servir para casi nada (hablo desde el aspecto de eso que denominamos cultura). Es preocupante que así son algunos elegidos democráticamente en el país más poderoso de la tierra. Hace algún tiempo, Manuel, un profesor universitario amigo, me contó qué en una fiesta de fin de curso, nadie hablaba nada del conflicto (genocidio en realidad) israelo-palestino. Quiero creer que ninguno estudiaría políticas, por ejemplo, ¿quién sabe? Franco podría ser el guionista de una película de éxito, actual, norteamericana. Estaría el cine lleno de los universitarios de Manuel, de nuestros jóvenes. Encuestas recientes indican que el porcentaje de votantes de Vox es muy elevado entre gente joven. Ellos también son muy numerosos en los incidentes, peleas, agresiones… de los campos de fútbol y en conciertos multitudinarios en los que interesa más el ruido que el texto de las canciones (cómo no echar de menos a Bob Dylan). Michel Haneke , el formidable director de "La pianista", opina que “la estética dominante es la estética de la publicidad y de las películas de acción, en realidad son la misma cosa". Y de la premio Nobel Elfriade Jelinek, autora del texto en que se basa la película de Haneke, puede decirse que “escribe a navajazos y que el nuevo fascismo se alimenta de la envidia, el odio y el miedo". Los héroes en el cine gustan hoy mucho a los jóvenes. No hay héroes en el cine de Haneke. Prefiere quizás los arquetipos. Acaso está más en la línea de Rilke cuando afirmaba que de lo terrible, lo bello es sólo el grado que aún soportamos. Yo, he tenido por otra parte, ocasión de conocer -estudiantes o no- a jóvenes que nos dan mil vueltas en aspectos culturales a los mayores: saben música, tocan instrumentos, hablan varios idiomas… Decía Vázquez Montalbán que el fútbol era el lugar adecuado para agotar lo irracional, que en el fútbol no hacía daño ser irracional y que era una religión en la que sólo contaba la fe. No sé que pensaría ahora cuando los incidentes alrededor de los partidos importantes son de violencia creciente. Incluso parece que la fiesta tiene que mezclarse con la violencia.

Quizás Marx limitaba el concepto de alienación a la sufrida por los trabajadores en su puesto de trabajo, dónde eran explotados económicamente. Pero desde Marcuse sabemos que el concepto de alienación es mucho más amplio. Hoy la “ comedura de coco" es tan brutal que los niños pequeños ya son víctimas de ella. Acaso de manera irremediable, ¡ay, la publicidad! La pérdida de la intimidad creciente en nuestra sociedad está asumida, gusta incluso. Las peluquerías tienen grandes escaparates a la calle, hay clínicas odontológicas que ocupan lugares de garajes (me refiero a la amplitud), los gimnasios, también: hay que lucir músculos y rulos. Diseñadores vanguardistas han conseguido colocar en nuestros domicilios, sin divisiones, el baño en el dormitorio. La moda se ha extendido a los hoteles: ducha, bidé, w.c. sin puerta. Hayan coincidido en la habitación parejas, padres e hijos… La escatología se ha puesto de moda. A los mayores nos remite a las letrinas de la antigua mili.

No cabe duda de que, en el terreno de la sexualidad, la libertad es mucho mayor que hace medio siglo. Y que, en un período no demasiado largo de tiempo se ha pasado a incorporar prácticas sexuales que hace medio siglo eran catalogadas de enfermizas (en el mejor de los casos) a la integración y respeto de derechos: homosexualidad, bisexualidad etc. Hasta tal punto que aquel psiquiatra referencial que fue para la juventud de los años sesenta Wilhem Reich, para el que la energía sexual reprimida era la causante de muchos de los males de nuestra sociedad, incluido el nazismo, hoy pienso que debe resultar para nuestros jóvenes contemporáneos prácticamente un desconocido. “La lucha sexual de los jóvenes", libro de Reich que fue casi nuestra biblia, es difícil de encontrar en librerías. Los jóvenes – hombres o mujeres – pasean en grupo con gente de su propio sexo, sin parecer enfrentar ideas con la gente del sexo opuesto con la que, después, es de suponer, se juntan por la noche en las discotecas. Entonces no hace falta confrontar ideas sino acercar cuerpos. La libertad sexual por la que se suspiraba y luchaba (obsérvese que el libro de Reich habla de “lucha") era difícil de conseguir antes del matrimonio y, desde luego, primero era el enamoramiento y luego el sexo. Hoy, no me refiero a ello como negativo, es en muchos casos secundaria la relación sexual más al deseo irrefrenable que a la sintonía personal ajena a la genitalidad o a la cercanía entre ideologías políticas. Y ni siquiera el feminismo reciente que nace en el “me too“ha tenido como consecuencia que Simone de Beauvoir sea un personaje femenino modélico. Su relación libre con Jean Paul Sartre – pareja a lo largo de muchos años – no necesitó de la convivencia para mantenerse hasta sus muertes. De Beauvoir, no obstante, convivió con Claude  Lanzmann, 17 años más joven, además. En “La ceremonia del adiós", Simone escribe un emocionante libro acerca de los cuidados que le prestó a Sartre cuando enfermó gravemente. Y hasta su muerte. Están enterrados juntos y su tumba  llena de pequeños homenajes de los visitantes que recibe cada día. El amor más allá del sexo, más allá de la muerte.

Yo, cuando visito París, me acerco al cementerio de Montmartre y pegado a la tumba de F. Truffaut hablo un rato con él. Monólogo sin respuesta o con respuestas inventadas por mí. Quizás lo haga también esperando encontrarme con Jean – Pierre Léaud, esa especie de doble, vivo aún, del gran director. Léaud que encarna como nadie al joven del cine de la “nouvelle vague", quizás no sólo al joven sino a todo el cine de Truffaut, debe ser – como en el caso de Simone- muy poco conocido entre gran parte de la juventud de ahora.Les distancian las historias lentas, el blanco y negro. Lo que se pierden.