El estreno de la película "Nouvelle vague" dirigida por Richard Linklater, me ha hecho recordar, ¡cómo no, es lo que pretende el director! la emblemática "Á bout de soufflé" de Godard. Con el movimiento cinematográfico de la nouvelle vague se produce una cambio - ¿una revolución? – en el mundo del cine, no sólo francés – en cuanto significó de rechazo de convenciones anteriores y el surgimiento de una experimentación y expresión muy diferente. Los críticos de la revista "Cahiers du cinema" impulsaron de manera decisiva el movimiento. Godard, como nadie, defiende al director y se coloca al margen de la industria. Reforzando un séptimo arte más personal y pleno de aparición de la vida cotidiana. Se suele considerar a Claude Chabrol con su "Le Beau Serge" como el iniciador pero Godard en 1960 da el aldabonazo de la verdadera señal de salida, aunque Truffaut en 1959 con "Los 400 golpes" y ese personaje iniciático de Antoine Doinel, había también imaginado la trama. Godard filmó esa trama con completa libertad, sin guión estricto y completa improvisación, con la, eso sí, colaboración fiel y tolerante del director de fotografía Raoul Coutard. Belmondo estaba recién iniciado en el mundo de la interpretación y la magnífica – y ya prestigiosa Jean Seberg cuya vida y muerte posterior dan para para una historia tan tremenda como real – acabó adaptándose a aquella anarquía godariana. Bendita anarquía.
Por otra parte la revolución en el cinematógrafo elude, de alguna forma, el éxodo de artistas extranjeros tras la segunda guerra mundial: Picasso, Kandiski, Vsarely…
El París empobrecido hasta la miseria, con la industria en ruina y la escasez de vivienda, aguanta en una determinada resistencia y efervescencia cultural en determinados cafés y revistas en dónde se reúnen destacadísimos intelectuales. La Rive Gauche renace entre 1940 y 50, teniendo que convivir incluso con los invasores. Simone de Beauvoir se mantiene escribiendo, enseñando, leyendo. Echando – cómo no – de menos a Sartre el tiempo que estuvo prisionero en Alemania.
Francia en la segunda mitad del siglo XX va dejando de convertirse en depositaria de encarnar la historia. Existe la aparición del intelectual profético que había vivido la tragedia de la guerra, y que acabará desapareciendo tiempo después, en 1989. Se habló de la tumba del intelectual. En los años 60 y 70 el estructuralismo privilegia el signo en detrimento del significado. Barthes dice "rechazo profundamente mi civilización, hasta la náusea". Algunos consideraron que una dimensión del estructuralismo es la toma de posesión por parte de la filosofía de 3 grandes ciencias humanas que creen que el inconsciente es el lugar de la verdad: la lingüística general (Barthes), la antropología (Lévi – Strauss) y el psicoanálisis (Lacan).
Está, en general, asumida por los estudiosos, la influencia del estructuralismo en el cine de la "Nouvelle Vague" sobre todo en Godard, indicando esencialmente que mientras que los directores experimentaban con la cámara en mano y la fragmentación del montaje, los teóricos del estructuralismo usaron esos mismos elementos para explorar como el cinema de la "nouvelle vague" utiliza sintagmas evitando seguir una narrativa linealmente.
Son innumerables las referencias en relación con el cine que se pueden hacer en la década de los 40 en Francia. El destacado escritor Robert Brasillard, autor de una de las primeras historias del cine, fue fusilado por su colaboracionismo con los nazis. Una larga lista de intelectuales pidieron públicamente por carta su no ejecución. Entre ellos Albert Camus que argumentaba que los pueblos civilizados no fusilan a sus poetas. A Camus, en aquel momento, su firma lo aleja de su familia política hasta entonces: los sartrianos. La misma Simone de Beauvoir explica su actitud de no pedir, en este caso, clemencia, recordando las denuncias de Brasillach y sus llamamientos al asesinato. Simone dice: yo era solidaria de esos amigos muertos o moribundos, si hubiera levantado un dedo en favor de Brasillach habría merecido que me escupieran a la cara. La conocidísima actriz, Arletty vivía con un destacado oficial nazi en el Hotel Ritz. Sufrirá cárcel después de la liberación.
Durante la ocupación Francia se había visto obligada a hacer un cine bajo el control alemán, utilizando el simbolismo o el cine negro como forma de evadir el severo control.
Todo este comentario, que ya empieza a ser largo, me ha surgido espontáneamente después de ver la reciente película de Richard Linklater. Todo el mundo cultural francés – riquísimo de esta época – ocuparía un espacio interminable si tenemos en cuenta que – sin ir más lejos – la Rive Gauche parisina se convirtió en un espacio muy amplio y lleno además de artistas y pensadores excelsos: Sartre, Beauvoir, Koestler, Norman Mailer, Camus, Picasso… habitantes parisinos diversos e imperfectos que al tiempo que se enfadaban entre ellos, configuraban un panorama político y cultural de gran riqueza.
He vuelto a ver recientemente "La confesión", la película de Costa Gavras ( 1970) que, en el orden del análisis político, daría para muchísimas reflexiones. Toca quizás esperar un poco.