Ventana indiscreta: Miradas

20 de novembro 2025
Actualizado: 17:09

Si voy a residir en una comunidad autónoma con un lenguaje y costumbres diferentes a la mía, debo tratar de absorber esa lengua e impregnarme con los usos del lugar que me acoge

Cuando vivimos en Canarias la gente de allí diferenciaba claramente entre godos y peninsulares.

Los godos eran los que se mantenían al margen de las costumbres de esa comunidad, criticaban la lentitud en hacer las cosas, en conducir, evitaban la inmersión cultural, enfocaban la estancia en la isla como momentánea hasta poder regresar a “la normalidad” de España.

Hablaban de continuo del aplatanamiento canario y eran incapaces de pronunciar las palabras: guagua (autobús) o cholas (chanclas). Eran refractarios al consumo de plátano canario y no digamos al gofio que para ellos era el sumun de la mala calidad de sus alimentos.

El godo sale de casa predispuesto a buscar un grupo de amigos a poder ser de su localidad o comunidad autónoma evitando mezclarse con los lugareños.  Y, por supuesto si hay que ir al médico, avión y a la península que allí la medicina es tercermundista.

Los peninsulares, aunque venían también con unas costumbres diferentes (comida, diversión, gustos musicales) eran muy flexibles y buscaban una inmersión profunda en la cultura local y visitaban todos los lugares buscando nuevas experiencias.

Acudían a los guachinches o bochinches dónde se disfruta de la comida casera tradicional. Esos platos deliciosos como son las papas arrugadas con mojo verde o rojo, las garbanzas, la costilla con papas, el escaldón, la ropa vieja, el queso asado o la carne fiesta, así como los pescados típicos de la zona: cherne, vieja…. 

Valorar la calma, el disfrute de la vida, la alegría y el colorido del carnaval, la música tradicional (las isas, las folías), el silbido gomero, el tono suave, el seseo al hablar. Sí has sabido valorar todo eso y mucho más, nunca olvidarás esa tierra, te enriquecerás y serás mejor persona.

No tiene nada que ver con el origen (a veces se cosifica a determinadas regiones, se crean demasiados estereotipos) sino con la forma de ser y adaptarse a un nuevo espacio. Y, pongo ejemplos aquellos que se niegan a llamar a las cosas por su nombre.

Si estoy en Cataluña y veo un rótulo que pone Carrer Nou no puedo preguntarle a alguien de la zona porque se llama así y no Calle Nueva. Aquí en Galicia lo vemos con demasiada gente que ejerce una castellanización patológica: Sangenjo, Piedrafita del Cebrero.

Si voy a residir en una comunidad autónoma con un lenguaje y costumbres diferentes a la mía, debo tratar de absorber esa lengua e impregnarme con los usos del lugar que me acoge. Es el superpoder de mirar a los demás como iguales.