La mayoría de los padres afrontamos la educación de nuestros hijos, utilizando los ingredientes fundamentales para que crezcan felices y sean las mejores personas posibles, equivocándose, aprendiendo, sabiendo escuchar, poniendo límites, enseñando con el ejemplo, poniendo todo de su parte, protegiéndolos, ayudándolos en su camino. Nuestro papel es proteger, que no sobreproteger como podemos contrastar en estos dos casos reales.
Roberto: Aquí están sus padres, de pie ante su puerta, un segundo más tarde de que les enseñara el boletín de notas.
− ¿Qué te han hecho hijo mío, con el tiempo que tú dedicas al estudio?
−Cierto, muchas horas y encima la profe de mates pone que no me presenté al examen cuando la realidad es que fue uno de los mejores exámenes de mi vida.
− Y, sí mami me cayó aquel ejercicio de polinomios que hicimos juntos.
− No te preocupes iremos sí hace falta a la inspección a reclamar.
Acuden al instituto para hablar con la profesora que presumiblemente había cometido la irregularidad, planteando directamente la versión de su hijo sin admitir las explicaciones de ella que afirma que no asistió al examen y que no muestra una mínima atención en la clase. Dos días más tarde acude a la inspección a presentar una queja.
Noelia: Es una adolescente de sobresalientes buena estudiante, la niña de los ojos de su madre, pero cuando a un compañero le ponen un 10 y a ella un 9 llora. Cuando ante alguna pregunta del profesor otra alumna no sabe responder ella levanta la mano y después se ríe. En los recreos aprovecha para llamarles burros. Alguno de ellos se altera y le responde de malas maneras. Llega a su casa la “hija ejemplar” y, le comenta a su madre que en el instituto la acosan. Su madre clama al cielo, denuncia al colegio, utiliza las redes sociales para desprestigiar al instituto y al resto de clase. Incluso deja de hablar a los padres/amigos para más tarde cambiarla de instituto.
Es verdad que los padres somos de serie protectores y nos preocupamos por nuestros hijos, ser buenos padres no es un camino fácil, pero de ahí a sobrevolar continuamente sobre el niño, complacer sus caprichos, intervenir directamente sobre el día a día escolar, familiar o social va a condicionar de forma negativa la construcción de una identidad propia y su capacidad de tomar decisiones de manera independiente. Con actitudes similares a los que aquí señalo, estaremos creando niños y niñas que no van a ser capaces de enfrentarse a las diferentes realidades que se le presentarán durante la vida.