Princesitas

26 de xullo 2015

En 'Pequeña Miss Sunshine', la niña Olive realiza un tortuoso viaje con su familia para participar en un concurso de belleza. Aunque no es el único tema de la película, sí es un retrato de la cruda realidad de los certámenes infantiles en Estados Unidos. Una de las escenas más bonitas es la que muestra a la pequeña manteniendo una conversación con su abuelo sobre las cualidades que hacen atractiva a una mujer, entre ellas su inteligencia. 

Casi diez años después del estreno de esta cinta, valorada en su momento por su carácter educativo, no podemos decir que las cosas hayan mejorado mucho al respecto; todo lo contrario, desde ese estancamiento eterno del mundo de la moda, y en un arrebato de provocación e hipocresía, los grandes diseñadores están apostando por niñas de 13 y 14 años para lucir sus creaciones. Entre otras aberraciones, el sector se vuelve loco con la que ya es conocida como "la niña más guapa del mundo", la rusa Kristina Pimenova, de 9 años, que cuenta con más de tres millones de seguidores en Facebook y que es promocionada con cinismo con el lema 'Recuerda, la belleza está en el interior'.

Entre esa avalancha de superficialidad, pocos son los intentos de algunas firmas por acercarse a la mujer real, esa que cuando se encuentra en una tienda no es capaz de imaginar las medidas del maniquí que se pudo haber utilizado para fabricar ese vestido que no le baja de la cintura. Hasta los diseñadores españoles parecen haber olvidado que en general lo que le sobra a la mujer latina es cadera y siguen inspirándose en prototipos nórdicos, de verticalidad, alejados de la consumidora.

La moda, así como la publicidad y la industria musical y cinematográfica, no han dejado de potenciar en toda su historia un perfil femenino frívolo: el de la bella princesita convertida ahora en modelo sexy y perfecta recién destetada. La única diferencia entre hace cuarenta años y la actualidad es que el ama de casa entregada y sumisa se ha convertido en una mujer independiente y formada. Eso sí, el daño a efectos de utilización de la imagen de todo un sexo sigue siendo el mismo. Y estas niñas son la carnaza perfecta.