Profundidad y erudición no suelen darse juntas, es verdad, pero a veces me acuerdo del conocido poema del pastor luterano Martín Niemöller: "primero vinieron por los socialistas… luego vinieron por los sindicalistas…". Etc. Aunque la frase se atribuye a Bertold Brecht. Que también dijo que el buen arte es siempre entretenimiento, olvidándose por un momento sin duda del" Lamento sobre el Cristo muerto de Mantegna".
Reaccionemos, pues, ya no antes de que vengan a por nosotros – que aún puede faltar un tiempo - sino por solidaridad elemental.
Los inmigrantes son en importante número, los esclavos de ahora. Cosificados como mercancía, porque eso son los trabajadores para el sistema: cosas, fuerza bruta, objetos de explotación. Las leyes del deificado mercado no distinguen cualidades ni dignidades humanas. Los excedentes se tiran, se devuelven, se les almacena temporalmente. Algunos capataces de ahora tienen corbatas en lugar de látigos, aunque, quizás, siempre estarán prestos a retomar el látigo.
Pero ahora lo triste es que nuestra falta de sensibilidad social legitima a estos "capataces" con nuestro voto. Es el antiguo problema de la alienación. Los poderosos, los "amos" no son excesivamente numerosos, la clase media es más permeable y muchos de nosotros pasamos de estratos superiores a inferiores, y viceversa, fácilmente. Soportamos la situación y, además, consumimos fielmente. Para eso nos han educado. El poder inmenso y creciente de la publicidad tiene en ello un papel decisivo. Y a muchas victimas les resulta hasta agradable. El consumo es nuestro ocio y han conseguido que nos dé placer. A nosotros nos hace adictos, a ellos – al poder económico – les da dinero. Lo que nos apoltrona, les hace ricos. A algunos cada vez se nos hace más difícil entender porque los explotados votan – a través de partidos políticos – a sus explotadores. La democracia burguesa circunscrita a la emisión de un voto cada cuatro años, se siente segura. Los poderes que la sustentan lavan el cerebro de millones de ciudadanos que, en el colmo de la alienación colectiva, votan en contra de sus intereses. Muchos jóvenes – sobre todo – viven la libertad como el consumo, están contentos con que el ciudadano quede reducido a ser consumidor. Creen incluso que la libertad sexual es la que reconduce el comercio y que al éxtasis intelectual se llega a través de la bebida, de los regates de una figura del fútbol o de los acelerones de un motorista campeón mundial. El grito orgásmico, desprovisto de privacidad, de intimidad queda reducido al grito selvático de Tarzán. Las compañías audiovisuales no sólo se asemejan sino que un día se devoran unas a otras por cuestiones de dinero más que para variar la oferta. Las series (algunas excelentes, cómo no) acabarán con el cine tradicional. En países de solera democrática, al jefe del estado los designan los genes. Las religiones adelgazan, los practicantes no asisten a las misas salvo para las ceremonias festivas en que se han convertido los enlaces matrimoniales…
Las fiestas navideñas son muestra excelente de la desconexión entre el origen de un niño pobre que nace en un pesebre y que una treintena de años más tarde, convertido en un joven rebelde es condenado a muerte y ajusticiado por el poder (el poder es siempre semejante, en cualquier época, en cualquier circunstancia). La conmemoración hoy es ya más que la reproducción de un inocente nacimiento ante el que se ponen velas, una fiesta callejera de luces y sonidos, loterías y casetas comerciales. Luz, sonido… que nunca existían en los pesebres. Al mismo tiempo, la Virgen Macarena se trae de nuevo a la devoción, cuando se le hace una cirugía estética en la expresión ocular. Los devotos lloran cuando ven a su Virgen guapa y arreglada. Allí, cerca de su efigie, menesterosos piden limosna con menos éxito que elogios el artista que mejoró a su imagen mítica. Puede que llegue el día que a algún confrade se le ocurra retocar, en Semana Santa, al Cristo de Mantegna al que nos referíamos antes.
Bien está que una vez al año familiares y amigos se reúnan para expresarse su afecto, para seguir comprobando que siguen vivos y que son los mismos (en un año cambiamos poco físicamente) a los que quisimos y seguimos queriendo, aunque unos se acerquen más a la derecha y otros a la izquierda y eso lo evitemos en un par de horas. Puede haber afectos en el recuerdo que superen las ideologías. Ser rojo es ser de izquierdas aun sin afiliarse a ningún partido político, es estar en contra del capitalismo, sistema que -recuerdo- la vieja encíclica "Rerum Novarum", en 1891 , denominó "nefasto sistema" por la condiciones laborales inhumanas y los escasos salarios. Eso sí, la propiedad privada era un "derecho natural".
Así, con naturalidad, deben percibir los millonarios y multimillonarios, cuyo dinero legado a sus herederos, va a durar hasta varios siglos después, cuando sus "tataratararanietos" no recuerden a sus ancestros. Mientras, a lo largo de esos siglos, las víctimas, que han sido a su vez los creadores de esa riqueza, habrán seguido muriéndose de hambre, de falta de salud, etc. quizás dudando de si ese derecho natural que tienen sus explotadores es compatible con su situación. ¿cuál será su derecho natural?
Lo lógico hubiera sido que León XIII y sus fieles hubiesen salido a trasformar el nefasto sistema.
Reflexiones navideñas
10
de xaneiro
2026