Los tiempos están cambiando

01 de outubro 2025

Recuerdo programas de televisión excelentes: La  Clave y A fondo, por poner dos ejemplos famosos en los que las interrupciones eran mínimas, cuando no inexistentes

Desde hace algún tiempo el incremento de la publicidad es una tendencia que tiende a desbordarnos. Publicidad sobre cualquier cosa y de cualquier tipo. Y, por supuesto, en cualquier medio. Recuerdo programas de televisión excelentes: La  Clave y A fondo, por poner dos ejemplos famosos en los que las interrupciones eran mínimas, cuando no inexistentes. Sin límite ni tan siquiera de horario para finalizar. En la radio se interrumpían los programas mucho menos y otro tanto sucedía en la prensa. La Codorniz, vieja y excelente revista de humor tituló una vez "Dónde no hay publicidad resplandece la verdad", una especie de subtítulo antológico que encierra toda una gran verdad. Pero eran otros tiempos.  Hoy en día recibimos diariamente miles de consejos publicitarios que me cuesta trabajo denominar informaciones. Miremos hacía donde miremos, recibimos un "consejo" publicitario. Un anuncio, disimulado, o no.  Ya no somos nosotros los que consultamos los escaparates si nos dirigimos a comprar algo, son los escaparates los que nos invaden, los anuncios visuales o sonoros los que nos atrapan. Así adquirimos lo que no necesitamos. Casi nos vemos forzados a hacerlo para no resultar raros, extraños, o lo que es peor: demodés.  

El anuncio, todo lo interrumpe: una película, un telediario, y recientemente, hasta un partido de fútbol. No sólo eso, las cámaras ya se cuelan en los vestuarios y los micrófonos en lo que eran secretos consejos del entrenador. Las inmaculadas camisetas de nuestro clubs favoritos que sólo admitían el sacrosanto escudo ahora están repletas de frases en cualquier idioma o de anuncios de países emergentes económicamente que quieren adquirir a nuestras figuras.

Y, de un tiempo a esta parte, aquella placa pequeña que informaba que allí estaba la consulta del médico que buscábamos ahora hasta puede ser prácticamente un escaparate luminoso que llama la atención sobre los medios técnicos y humanos que nos atenderán allí dentro: la odontología, la otorrinolaringología, la dermatología, la oftalmología…  insisten tanto en las bondades del tratamiento que nos va a curar como en la mejoría estética que va a acompañar la terapia. Ojo, nos van a curar como siempre, pero además saldremos más guapos. Y el incremento que han tenido en clientes, sean médicos o no, los cuidados relacionados con la estética es sideral. Las cremas persisten pero el bisturí gana terreno.

En este mismo sentido, lógicamente, las especialidades médicas ahora más demandadas por los candidatos a médicos internos y residentes son la Dermatología, Cirugía plástica y estética, Oftalmologia, Cirugía maxilofacial etc. estas especialidades, como todas, son importantísimas como las demás y su estudio igual de difícil que cualquier especialidad médica.  Pero el aspirante a médico con una vocación orientada a aquello que se consideraba más difícil o de mayor riesgo (Cirugías, Cuidados Críticos, Anestesia etc.) empieza a ser superado por aquel que busca las especialidades que resultan menos estresantes en urgencias y horarios derivados. No hace falta decir que una urgencia dermatológica no tiene nada que ver con una urgencia indemorable en quirófano en la que está en juego la vida.

Actualmente, cuando muchas mujeres intérpretes cantan prácticamente semidesnudas  o enseñan más generosamente su cuerpo por la calle – son muy libres y hacen muy bien-, se produce el hecho de que partidarios de eso que se llama "Violencia Obstétrica" cuestionan hasta la necesaria postura en las exploraciones ginecológicas.

Los gimnasios y las peluquerías, antes tan discretos y semiocultos, hoy dejan abiertos sus cristales para que la gente vea cómo se consigue lo bello.

Pero no era mi intención centrarme en aspectos médicos. Carrera, la medicina, que siempre ha necesitado de una dedicación y estudio extraordinario.  Leía hace poco que uno de cada tres jóvenes de entre 15 y 24 años, ya no estudia, y de que, a partir de los 20 años, el índice de personas que continúa formándose cae a la mitad. El sociólogo José Durán (Universidad de Vigo) destaca la pérdida de relevancia social de los estudios porque, según muchos jóvenes los estudios no conducen a una mayor movilidad social. Se prioriza trabajar frente a la formación académica. Y prefieren participar del ocio y del consumo. Hay una especie de nuevo género urbano que se parece poco, en la forma de consumir al de finales del siglo pasado. Se tiende a la uniformidad, aunque luego es importante competir, llamar la atención con el tipo y dimensión del tatuaje o del color del pelo.

Las conferencias son mayormente frecuentadas por gente madura, las películas antiguas (hay jóvenes que no ha visto jamás una en blanco y negro) se consideran aburridas: se prefiere, con mucho, lo rápido, violento, inverosímil…

Hasta en las mejores librerías los libros que figuran destacados en montones son más los promocionados, y distribuidos en secciones: infanto-juvenil, ciencia-ficción, novela negra, romántica, autoayuda etc. Parece difícil que algún autor mezcle géneros.

Los conciertos están igual de protagonizados por los cantantes que por los que antes cambiaban los discos. Recientemente un ensayo del experto musical Oriol Rossel se refería  al estilo de Bad Bunny como resultado de la precariedad y el individualismo.