Todos somos actrices y actores

04 de febreiro 2026

No tiene nada de malo actuar puesto que el mundo es un enorme escenario y la actuación, si no es exagerada y nos aproxima a la esquizofrenia, servirá para hacer la vida de todos más agradable

Nos pasamos la vida actuando, nos demos cuenta o no. No es algo demasiado preocupante: somos seres sociales y la convivencia implica situaciones en las que no queda más remedio que representar un papel. Y es que una cosa es ser asertivo y otra ser un marciano. Por no hablar de que tenemos la manía de procurar que nos quieran, lo que lleva inmediatamente a poner los todos los medios a nuestro alcance para que no nos rechazen, ya que solemos confundir estos términos.

La inmensa cantidad de interacciones protocalarias e insustanciales que desarrollamos en la vida diaria, desde saludos, conversaciones de ascensor de temática meterorológica, frases sin chicha para mantener engrasado el canal comunicativo, etc, etc, hacen de nosotros unos expertos en la representación de un papel que coincida con las expectativas de amabilidad que compartimos con todos. De vez en cuando algún elemento disruptor (alguien que ha pasado una mala noche o discutido con su pareja o recibido una multa onerosa, por ejemplo) se cuela en el sistema y este acusa esa discontinuidad con una especie de chirrido que enseguida compartimos con quien tenemos al lado que indefectiblemente no dará la razón asegurando que sí, que a él o ella también se lo ha parecido.

Después están las circunstancias que le llevan a uno a abandonar la actuación y que lo empujan directamente a la sobreactuación. Te presentan a tus futuros suegros, te llaman para una inspección de Hacienda, te encargan una charla o un discurso ante un auditorio nutrido por desconocidos, te hacen una entrevista para un medio. En general se trata de momentos en los que no solamente has de causar buena impresión sino que más te vales que causes muy buena impresión.

El ser humano es un fingidor, no sé si por naturaleza o por supervivencia o por una combinación de ambos factores. Pessoa lo redujo a los poetas, pero es que el portugués era varias personas en una y fingía con todos sus heterónimos. Y cuando no fingía tanto, le salían cosas como el Livro do desassossego, que era una larga invitación a arrojarte por la ventana.

No tiene nada de malo actuar puesto que el mundo es un enorme escenario y la actuación, si no es exagerada y nos aproxima a la esquizofrenia, servirá para hacer la vida de todos más agradable. Y, a fin de cuentas, es de esto de lo que se trata, que duela todo lo menos posible y nos encontremos con los demás en condiciones lo más amistosas que podamos, presentando nuestro lado más positivo aunque sepamos que todos somos capaces de las más evidentes ruindades.