Cuando los focos se apagan

18 de xullo 2026

FEMUPO apuesta por profesionalizar los puntos violeta para ofrecer una red de acompañamiento continuo que garantice la seguridad y libertad de las mujeres más allá de los eventos festivos

Cada verano repetimos los mismos consejos. Vigila tu copa. No vuelvas sola. Ten el móvil cargado. Avisa cuando llegues. Cambia de acera si te sientes incómoda. No vayas por lugares oscuros... Nos hemos acostumbrado tanto a estas recomendaciones que casi han dejado de parecernos extraordinarias. Pero lo son. Porque detrás de cada una de ellas hay una realidad que no deberíamos normalizar: que demasiadas mujeres siguen adaptando su libertad para sentirse un poco más seguras.

El verano es sinónimo de descanso, de fiestas, de viajes, de terrazas y de encuentros. Debería ser un tiempo para disfrutar sin miedo. Sin embargo, también es una época en la que aumentan determinadas formas de violencia, desde el acoso hasta las agresiones sexuales, pasando por el control en las relaciones de pareja, la violencia digital o la violencia psicológica, que muchas veces se intensifica durante las vacaciones.

Pero la violencia contra las mujeres no entiende de estaciones. Lo que cambia en verano es que las rutinas desaparecen, los recursos parecen más lejanos y muchas mujeres sienten que están más solas.

En estas fechas proliferan los puntos violeta en fiestas y eventos. Y es una buena noticia que las administraciones quieran incorporar espacios de prevención y atención. Pero conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿estamos apostando por recursos eficaces o simplemente por cumplir con una foto?

Con demasiada frecuencia se pretende que estos espacios funcionen gracias al voluntariado o se considera que cualquier persona puede atender una situación de violencia machista sin la formación adecuada. La prevención no puede depender únicamente de la buena voluntad. Requiere profesionales formadas, protocolos claros, coordinación con los servicios de emergencia y un compromiso real por parte de las instituciones.

Como viene defendiendo FEMUPO desde hace años, la prevención de la violencia machista debe entenderse como un servicio integral. Un punto violeta no debería ser únicamente un lugar al que acudir cuando ya ha ocurrido una agresión. Debe formar parte del propio festival, integrarse en su planificación y convertirse en una herramienta activa de prevención.

Eso implica trabajar antes, durante y después del evento. Formar a la organización, al personal de seguridad, a quienes atienden las barras, a las personas colaboradoras y a todas aquellas que pueden convertirse en el primer apoyo de una víctima. Significa detectar situaciones de riesgo, sensibilizar, informar y generar espacios donde el respeto sea una responsabilidad compartida.

Pero también significa algo que a menudo se olvida: la atención no puede terminar cuando termina la fiesta. Las mujeres que se acercan a un punto violeta necesitan saber que, cuando se apagan los focos y se desmontan las carpas, el recurso sigue ahí. Que existe una entidad que continúa acompañándolas, orientándolas y sosteniéndolas en los días, semanas o meses posteriores, si lo necesitan.

Ahí es donde FEMUPO marca la diferencia. Porque entendemos que la prevención no dura unas horas ni cabe en un stand. Construimos redes que permanecen cuando acaba el evento, cuando termina el verano y cuando el ruido desaparece. Trabajamos para que ninguna mujer tenga que empezar de cero cuando decide pedir ayuda y para que cada intervención tenga continuidad, seguimiento y acompañamiento profesional.

Nuestro objetivo no es únicamente intervenir cuando algo sucede, sino evitar que llegue a suceder. Porque la verdadera eficacia de un punto violeta no se mide por el número de actuaciones que realiza, sino por su capacidad para prevenir, acompañar y crear entornos seguros.

La igualdad no puede quedarse en un gesto simbólico ni en una fotografía para las redes sociales. Necesita compromiso, inversión y profesionales que conviertan las buenas intenciones en una protección real para las mujeres.

Por eso es tan importante recordar que ninguna mujer tiene por qué enfrentarse sola a una situación de violencia, de miedo o de incertidumbre. A veces no hace falta una denuncia inmediata. A veces lo primero que hace falta es alguien que escuche, que crea, que informe y que acompañe.

Desde FEMUPO llevamos años construyendo precisamente eso: una red de mujeres para las mujeres. Un espacio donde encontrar orientación, apoyo, información y acompañamiento profesional. Un lugar al que acudir cuando aparecen las dudas, cuando una amiga necesita ayuda, cuando una madre no sabe cómo actuar, cuando una joven quiere preguntar sin sentirse juzgada o, simplemente, cuando alguien necesita saber que no está sola.

Porque prevenir también es crear comunidad. Es hablar de estos temas antes de que ocurran. Es educar a nuestros hijos e hijas en el respeto. Es intervenir cuando presenciamos una situación de acoso. Es dejar de mirar hacia otro lado.

Este verano, ojalá todas podamos disfrutar con libertad. Pero si esa libertad se ve amenazada, que ninguna mujer olvide que existen personas y entidades dispuestas a tenderle la mano.

Porque ninguna mujer debería sentirse sola cuando tiene miedo.

Y porque pedir ayuda nunca es un signo de debilidad, sino el primer paso para recuperar la libertad.

Desde FEMUPO seguiremos trabajando para que cada mujer de nuestra provincia sepa que existe una red que la escucha, la acompaña y camina a su lado. Una red que no aparece únicamente durante una fiesta ni desaparece cuando termina un evento.

Porque cuando los focos se apagan, FEMUPO sigue iluminando el camino.

Ese es nuestro compromiso este verano. Y el resto del año.

 

Raquel Touriño
Presidenta de FEMUPO
Federación pola Igualdade das Mulleres da Provincia de Pontevedra

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