Ventana indiscreta: El tesoro

29 de xaneiro 2026
Actualizado: 14:45

El narrador regresa a la casa abandonada de su infancia y, movido por una antigua historia familiar, decide buscar un supuesto tesoro oculto en sus muros.

Un día, de visita en la vieja casa donde nací ahora abandonada, me puse a rebuscar en la pared, en la zona que habían dicho que había un tesoro escondido. Eso me contaron mis padres, a ellos sus abuelos pero nunca se atrevieron a creerlo. Ni unos ni otros quisieron indagar ya que tenían múltiples quehaceres entre ellos cuidar a los animales, labrar la tierra.. No había tiempo ni ganas de buscar quimeras en los viejos muros, además corría por el pueblo una leyenda; "quien perdiera el tiempo buscando lo imposible se podría encontrar con lo probable". Sus frutales dejarían de florecer, los animales enfermarían sin remedio…..

El juego de la búsqueda del tesoro al que tanto habíamos jugado en la adolescencia ahora se hace realidad, retiro las piedras más grandes, utilizo herramientas delicadas para las más pequeñas y no dañar el cofre o los objetos valiosos que a buen seguro estarán allí. Pasan varias horas ya exhausto noto un sonido metálico que me hace temblar, serán mis acufenos o varios aros de oro labrados de la época neolítica cuál maravilloso tesoro de A Golada que alberga el museo de Pontevedra. No, pero allí estaban relucientes varias sortijas envueltas en una seda de color verde y un hermoso rubí con unos tonos rojos e intensos que hicieron que me dejara llevar entre lágrimas al suelo, con alivio, agotamiento y lleno de felicidad.

No sé qué hacer, sí gritar a los cuatro vientos la llegada de la diosa fortuna, llamar a mi hermano que sin duda preguntará, ¿qué hay de lo mío? o esperar que el tiempo pase (la codicia y el egoísmo siempre están ahí). No sé qué hacer, pedir ayuda a un asesor o consultar con la almohada. El asesor puede engañarme; la almohada que lleva conmigo desde hace 5 años nunca me falla. Provisto de las reliquias al caer la noche incliné la cabeza, me tumbé en la cama con ella entre los brazos. Hay que apoyar el oído derecho, que la almohada tiene poquita voz (la oreja izquierda sólo me sirve de adorno debido a mi acusada hipoacusia). El mensaje que me transmite es en verso: 

"Eres un fiel esclavo del dinero
que atesora tu sádica impudicia;
guardar y más guardar, es tú delicia,
tener y más tener, tú fin primero"
. © Manuel García Romero

Cuando desperté la tela se había volatilizado, restos de ceniza al lado del armario, un olor extraño a azufre en la habitación. Nunca volví a ser el mismo.